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jueves, 29 de octubre de 2009

SIN PELOS EN LA LENGUA…Narración breve

ISABEL SARLI... 1962
“Desnuda en la Arena” fue la primera película erótica que vi, mejor dicho me escabullí en el teatro para verla, cuando justo entraba a la dulce etapa de la pubertad.
“Pubertad” fue una palabra que nunca busqué en el diccionario pero que inmediatamente la asocié con la maraña de vellos que aparecieron en mi pubis. Ajá, me dije, dando por sentada la asociación del hecho, las ideas y palabras.
Al ver la película, cómodamente sentado en el teatro de mi barrio de aquel entonces, gocé por brevísimos minutos del panorama de la mismísima enmarañada zona púbica, que ahora me brindaba la voluptuosa polla de doble pechuga: Isabel Sarli, y sin el permiso de Armando Bo, simplemente se armó algo aquí abajo y tuve la misma reacción de un burro.
¿Por qué? Se preguntarán. Bueno, les explico.
Primero, porque como un animal sin raciocinio, tan pronto vi la pecaminosa escena mi reacción fue inmediata. Sentí una dulce sensación que recorrió mi alma, me hizo suspirar y luego endurecer algo de mí que me hizo asociar al dios Eros y sus bacanales, de mis clases de historia universal, con la dureza que se producía allí debajo, pidiendo permiso a empellones entre el follaje de vellos y la cremallera de mi pantalón.
Y segundo, por otra razón más, que explicarlo sería pornográfico; un poco parecido al algebra ya que se refiere al miembro elevado a su máxima expresión.
“¡Los hombres son unos burros!” me dijo mi primera enamorada, la segunda también y así sucesivamente hubiera seguido hasta el infinito, si yo fuera inmortal; pero no sólo de enamoradas sino de todas las amigas con quienes pude hablar con la confianza suficiente, para que me explicaran que los hombres somos unos tontos, insensibles, egoístas, materialistas, inútiles en el mejor momento, mechacortas, choqueyfugas, meteysacas etc, etc… que sintetizaban con la palabra: “Burro”; pero que yo siempre lo asocié con el único detalle físico con que podíamos compararnos con el aventajado animal… en sueños.
“¡Lo que tuviste fue una erección, tonto!” me explicó musicalmente mi enamorada, una chica muyyy mala, aunque no usó el adjetivo, “Burro”, para calificar mi falta de vocabulario, algo en lo que ella era experta. De allí en adelante esas palabras y todas sus variaciones quedarían asociadas en mi cerebro… de “hormiga o burro”, como quieran, lo dejo a su discreción.
Ella me enseñó muchas cosas más, como dije: tenía un buen vocabulario, pero era el ejercicio de la “lengua y bocabulario” en lo que más destacaba. No me importó mucho su currículo porque en esas épocas aun no despertaba mi morboso libido a plenitud, sino era su angelical rostro lo que me atraía, pero como dije también: ella era muyyy mala!!!. Me enseñó anatomía aplicada y geografía. En donde aprendí manualmente e “in situ” sus depresiones y protuberancias con sus respectivos nombres científicos y vulgares.
Así me convertí en un Rodrigo de Triana al ver y saltar como un loco ante su enmarañado y virginal bosque, en Colón tan pronto pude pisarla y besar sus orillas, y en Magallanes cuando me escurrí por su húmedo y tormentoso estrecho… Ah, me olvidaba de Orellana, quién perdido y de casualidad navegó desde el Perú por el Amazonas hasta su desembocadura: el océano Atlántico, y así, descubriendo el Brasil (¿?)… Sí, también lo fui, sólo que yo, tan extraviado como él, humildemente llegué a Potosí.
Juro que todo esto es totalmente cierto, sucedió a mi arribo a la pubertad y debut de adolecente. “¿Adolescente?” palabra que no sé porqué la asocio con el Rock y la enfermedad. ¿Vendrá de “Adolece…?” o de mi pasajera adicción por “Rosy y sus cinco hermanas” previa a mi primera enamorada.
Bien, así fue el debut de mi quinceañera pubertad en el verano del 62. Y luego, terminadas las vacaciones escolares, regresé al colegio privado de curas Salesianos en donde estaba internado. Donde las inquisidoras miradas de los mal disimulados célibes descubrieron que yo ya no era el niño inocente que había dejado el colegio el pasado diciembre… Sino un burro hecho y derecho.
Esto se los he contado sin pelos en la mano… Oh perdón, quise decir sin pelos en la lengua… Oh shit!!!… La corrección resultó peor que el error… Bueno, mejor lo dejo como está y ya.
PS: Mi primera enamorada, como siempre sucede, me dejó por otro burro más experto tan pronto me fui al internado. Yo sufrí pero la olvidé. Hace poco tuvo el descaro de enviarme una foto suya para hacerme ver lo que me perdí… Ufff, de lo que me salvé ¿No es cierto amigos?









viernes, 23 de octubre de 2009

HISTORIA DE UNA TRAGEDIA ANUNCIADA



Una historia para reflexionar acerca de la educación de nuestros hijos y los límites de nuestras propias ambiciones y proyectos para con ellos.
El personaje de esta historia real es Jessica Dubroff, preciosa y precoz niña de sólo siete años de edad, de quien me enteré así...
Una mañana muy temprano en la comodidad de mi casa, en Long Beach California, recibí la revista “People” al cual estaba subscrito. Usualmente dejo el ejemplar sobre el coffee-table del living room para leerlo después. Pero esta vez no fue así.
El rostro de la niña y el titular de la carátula llamaron mi atención de una manera irresistible. No pude esperar, me senté en el sillón de la sala, puse los pies descalzos sobre el coffee-table, y busqué la noticia dentro de las páginas de la revista.
Pasaron sólo unos segundos antes de encontrar el sensacional reporte mientras por mi mente la pregunta de ¿Por qué murió esta niña? se repetía constantemente, hasta que lo leí.
Así me enteré que Jessica era la mayor de tres hermanos. De sólo siete años de edad gozaba de su niñez en compañía de sus padres en un típico barrio de clase media, Palo Alto, a pesar de que no pagaban la renta respectiva desde hacía varios meses debido a problemas económicos.
Desde pequeña Jessica fue muy intrépida en sus juegos, y practicó casi todos los deportes de la calle como bicicleta, skateboards, rollersblade y otros. Además, tuvo una educación muy especial sin asistir a la escuela, ver la Tv. o jugar como la mayoría de los niños hacen con sus juguetes.
Aun así, Al cumplir los seis años sus padres le obsequiaron un Pony... además de costosos aviones a escala, copia fiel de los reales. En realidad sus padres tenían un plan para ella...
Jessica había demostrado ser una niña excepcional... Era muy inteligente e intrépida para su edad, pero no por eso había perdido la típica candidez, alegría e inocencia en sus juegos. Nunca hizo planes para el futuro... Era muy niña aun... Pero sus padres sí...
Los padres de Jessica habían vivido durante años en problemas económicos, al punto que habían recurrido a la ayuda de la Seguridad Social del Estado para poder subsistir. Y peor aun, recientemente, su padre se había declarado en quiebra del pequeño negocio que tenía.
Es decir las cosas no estaban bien en la familia Dubroff desde hacía bastante tiempo. Hasta que un día vieron en la pequeña Jessica la solución de sus problemas y la manera de salir de la pobreza utilizando sus extraordinarias cualidades.
Así, a pesar de su estreches económica, se las ingeniaron para regalarle un Pony y juguetes muy caros de aviones y aeromodelismo. La pequeña Jessica estuvo muy feliz de poseer semejante mascota con la que podía, además de dar largos paseos los fines de semana, dialogar con aquel lenguaje que existe entre los niños y los animales. Por supuesto que durante los días de la semana su distracción se centró en las replicas reales de los aviones, los que entre juegos y juegos fueron germinándole en su poderosa imaginación infantil las primeras fantasías aéreas.
Es indudable que los padres tenemos que velar por la educación de nuestros hijos para que cuando sean mayores ellos mismos puedan resolver, con mejores recursos, los problemas que la vida nos plantea a todos.
Pero, lo que los Dubroff estaban haciendo no caía en ese tan delicado campo de la formación de los niños.
Los Dubroff tenían un plan muy simple, muy costoso y, mas aun, muy arriesgado para la vida de su principal protagonista.
Ellos querían que cuando la pequeña Jessica cumpliera siete años sea la “Piloto mas joven en haber cruzado los EE.UU. piloteando un avión”.
Plan que no se hace realidad con sólo las intenciones sino que es necesario mucho dinero. Y, los Dubroff que no tenían ni para pagar la renta del lugar en donde vivían, de la noche a la mañana, tuvieron 150,000 dólares para su proyecto. Con ese dinero se pagó las costosas clases de piloto, la familia costeó todos sus gastos previos al vuelo y, principalmente, se pagó el ajustado itinerario de vuelo de costa a costa del proyecto de “Cruzar los EE.UU. en avión piloteado por una niña de sólo siete años.”.
Pero si se gastaba todo ese dinero en el proyecto, entonces ¿Cuál sería la ganancia de los Dubroffs? La respuesta es muy simple y a la vez repugnante.
La hipotética hazaña de la extraordinaria Jessica sería la mina de oro que los padres explotarían con las entrevistas en la Radio, la TV., los libros narrando la odisea y, principalmente, con los derechos vendidos para una película en Hollywood.
No esta de mas decir que la reacción de la pequeña Jessica cuando la inscribieron en la “Escuela Especial para Pilotos” de avión, lo tomó como un gran regalo de sus generosos padres, ignorando que en un breve plazo de seis meses tendría que enfrentarse a la muerte.
Tampoco esta demás decir que la idea del triunfo “fácil” y a corto plazo que vende la subcultura americana era parte de la mentalidad de los padres de Jessica. Sólo así podemos entender el proceso, de como el natural celo de los padres por el futuro éxito de sus hijos se transformó en una ilusión que nubló la mente de quienes eran responsables de tomar las más importantes decisiones, que luego devinieron en hechos que desencadenaron los eventos de una tragedia anunciada.
Claro que las clases no fueron el juego que la pequeña Jessica pensó inicialmente, y sintió miedo ante la rígida disciplina de vuelo y los riesgos que conllevaban pilotear un avión. Ineludible tema de los que su entrenador profesional le advirtió. Pero su padre, inseparable compañero de aventura, se encargó de calmarla dándole ánimo y halagos para no abandonar la tarea iniciada.
Claro que estoy suponiendo muchas cosas al narrar los hechos sin ser un testigo presencial ni tener el poder de leer las mentes y sentir los recónditos sentimientos de otros. Sí, supongo muchas cosa basado en la investigación realizada, y porque me pongo en el caso de que la pequeña Jessica fuera mi hija. ¿Qué si Jessica sintió miedo? Claro que sí. Absolutamente. El miedo es una reacción natural. Más aun en una niña. Señores, el miedo es una alarma ante un peligro, real o ficticio, que nos llama a la reflexión y a actuar ante él... Sólo que ella no tenía elección...
Muchos de nosotros, adultos y profesionales, o no, hemos hecho cosas en la vida en contra de nuestra voluntad... Obligados por las circunstancias, y de las que después nos arrepentimos. Jessica tampoco tuvo esa oportunidad.
Sí. Así, como por un callejón sin salida, Jessica fue adelante, imposibilitada a decir “No!” cuando la prensa, la radio y la televisión la acorraló con halagos y preguntas que la comprometían aun más con aquel sueño postizo que nunca tuvo.
Por supuesto que Jessica aprendió a volar, y cumplió con todas sus horas de vuelo reglamentarias para ser piloto. Como dije en un principio, Jessica, era un ser extraordinario... Pero era una niña de sólo siete años que ni siquiera llegaba a los pedales del control del avión. Aun así, empujada por el entorno, voló...
Voló, voló como una profesional... Como un angelito... al cielo.
JESSICA DUBROFF, LA PRECOZ NIÑA DE SIETE AÑOS MURIÓ CUANDO SU AEROPLANO CAYÓ A TIERRA, EN MEDIO DE UNA TORMENTA, MIENTRAS INTENTABA CRUZAR LOS EE.UU. Y ASÍ LOGRAR EL TITULO DE “LA PILOTO MAS JOVEN”... HOY, ELLA TENDRÍA 18 AÑOS.
De esta trágica manera se cerraba la triste historia de un desastre anunciado... Peor aun, cuando su padre forzó la partida de Jessica, por problemas de presupuesto, en medio del mal tiempo...
Fue así como me enteré de la trágica historia de Jessica, un día de Abril de 1996, sentado en mi cómodo sillón del livingroom de mi hogar, en medio de lágrimas y reflexiones.
Con la pequeña Jessica murieron su padre y el copiloto... Y la única persona que disfrutó de la trágica fama adquirida y del asqueroso sensacionalismo de la Radio, Prensa y TV. fue su madre, quien vendió los reportajes y la historia de la Pequeña Jessica a los medios... Y que hoy aun sigue solicitando donativos y vendiendo surveniers y CD’s del mundo de Jessica...
Dije, en algún momento de la presente nota, que me involucraba con el tema ya que me ponía en el hipotético caso de que Jessica fuera mi hija, por eso puedo suponer que su padre fue un tipo abominable. Y que si hay un dicho popular que dice “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer” para descubrir a quien a pesar de sus meritos está ignorada entre bambalinas... Creo que, en este caso, lo contrario también se cumple, “Detrás de aquel padre abominable había una ç@%*&...”.
Padres, dejemos que los niños crezcan en medio de sus juegos y fantasías... Y no persiguiendo los sueños que no pudimos realizar.
HASTA SIEMPRE JESSICA DUBROFF... HASTA SIEMPRE ANGELITO.

miércoles, 21 de octubre de 2009

VETARON LA PRESENTACIÓN DE "CALLE 13"

VETARON LA PRESENTACIÓN DE "CALLE 13" EN UN PUEBLO DE COLOMBIA POR USAR UNA CAMISETA CON MENSAJE EN LOS PREMIOS MTV 2009...
¿POR QUÉ SERÁ QUE SIEMPRE LAS VERDADES DUELEN?
LO REPUDIABLE NO SON DECIRLAS SINO LA REACCIÓN DE QUIENES DICEN DEFENDER LA DEMOCRACIA PERO CENSURAN LA LIBERTAD DE EXPRESARLA. ES DE HIPÓCRITAS ¿NO?