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sábado, 28 de noviembre de 2009

HASTA PRONTO...

Estimados amigos este mensaje no es para invitarlos a leer alguno de mis cuentos sino para comunicarles mi ausencia por dos meses (Diciembre y Enero) como acostumbro cada año. Durante ese tiempo me alejo de todo lo que es Internet y mi PC y me dedico exclusivamente a las tareas del hogar como, pintar y redecorar la casa, a declarar mis ingresos y pagar mis impuestos, levantarme muy tarde, desayunar en cama, ir a pescar, etc…
Desde ya, les deseo una Feliz Navidad y un Prospero año Nuevo.
Cuídense mucho. Y si no hay novedades estaré de regreso la primera semana de Febrero totalmente recargado de una muy buena energía y con cuentos totalmente inéditos cada semana para compartirlos con todos Uds... Hasta pronto queridos amigos
MICHAELANGELO BARNEZ

sábado, 21 de noviembre de 2009

¿ADICTO AL SEXO?


Estoy en la recamara de un hotel, de cinco estrellas porque esta noche será especial, recostado en la cama, desnudo pero cubierto discretamente, luego de haberme duchado. Tengo mis dedos entrelazados reposando entre mi húmeda nuca y la almohada, en espera de que mi pareja salga del baño y venga a recostarse conmigo, a mi lado, para hacer lo que ya teníamos propuesto hacer desde mucho antes que entráramos al hotel.
No está demás decir que yo venía preparado para la faena, no había bebido nada de alcohol ni comido más de un bocado en el preámbulo que hicimos antes de subir a la recamara, porque definitivamente pensaba fornicar toda la noche… ¿Seré adicto al sexo?
Pero ya no soy joven, y ni los ejercicios que hago a diario para mantenerme en “forma” (léase: “listo para el sexo”) dan los resultados esperados, y lo que antes era un depredador cóndor ahora es un tímido pingüinito. Así que, con antelación, fui a ver a un doctor para que me recete la bendita pastilla del Viagra. Tengo 60 años de edad, y por lo menos 45 fornicando como gallo loco, y no pude evitar que una idea cruzara mi mente… ¿Seré adicto al sexo?
Entonces apareció la deseada hembra, en el marco de la puerta, vistiendo un breve y transparente “baby doll”, a contraluz, entre la semipenumbra de la recamara y la luz del baño, posando, con un brazo en alto y la otra mano apoyada en su carnosa cadera, mirándome seductoramente, muy segura de sí misma de que muy pronto iba a conseguir su pecaminoso propósito. En mí, lo que tenía que erguirse se irguió, y agradecí el milagro a la bendita pastilla azul. Entonces me quedé absorto, mirando su espectacular figura, mientras por mi mente hacía el recuento de la docena de condones, de colores y sabores, que había traído con mucha ilusión… ¿Seré adicto al sexo?
La opulenta y voluptuosa mujer vino caminando lentamente hacia mí, moviendo sus caderas, para provocarme la libido o, ya provocada en ella misma, por el anhelo de devorar su apetecible bocado que la sabana no podía ocultar.
Yo me mantuve quieto, tranquilo, y seguí recostado en la cama, dejando que ella tome la iniciativa y despliegue todo lo que su imaginación de hembra en celo le provoque hacer. ¿Acaso soy un diablo en la cama? No, soy más que eso, soy viejo y aunque necesito Viagra la experiencia de la vida es mi aliada… ¿Seré adicto al Sexo?
Ella se detuvo a sólo un metro de la cama y empezó a bailar suavemente al ritmo de la oriental melodía que llenaba el ambiente, girando y contorsionando sus caderas y hombros, haciendo danzar su ombligo, frotando con sus manos las protuberancias y pliegues de su cuerpo, despeinándose y meneando su cabellera, e inclinándose a recoger cosas imaginarias del suelo, sólo para mostrarme la sinopsis de lo que más tarde me enseñaría al detalle, y en mi alma sentí crecer el dulce sabor de la lujuria.
Los latidos de mi corazón se acrecentaron y mi respiración se transformó en una secuencia de profundos suspiros. Ella no me miraba a los ojos para no perturbar mi gozo, pero yo creí descubrir en su dulce rostro que la danza erótica la afectaba a ella también, hasta que se quitó el “Baby doll” y totalmente desnuda vino hacia mí… ¿Seré adicto al sexo?
Debo confesar que ella no es la joven ni esbelta mujer que Uds. se imaginan. Entonces, ¿Porqué hacerle el amor?… O acaso realmente… ¿Seré adicto al sexo?
Bueno, les diré que ella ya perdió la lozanía de su piel, y los contornos de su cuerpo no son los que conocí en su juventud, ha perdido unos dientes que fueron reemplazados a la perfección, y en su rostro hay arrugas que ya son imposibles de ocultar. Aun así, ésta noche deseo hacerle el amor de una manera inolvidable… ¿Seré adicto al Sexo?
Mmm… No lo creo… O al menos, no exactamente. Pero sí creo, que lo justo sería decir que Soy Adicto a Ella. Porque llevamos 34 años de casados y 43 de enamorados, y la adoro con toda mi alma.
Sí, soy un irremediable adicto, porque sin ella no podría vivir… Y ésta noche es nuestro 35 Aniversario.
“Apaga ya la luz cariño… y ven” Me dijo, y yo muy obediente… obedecí.