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jueves, 10 de diciembre de 2009

PEDRO NADIE

Hola, mi nombre es Pedro y me acuñaron el alias de “Nadie” por dos motivos. Uno, porque a los siete años de edad me arrojaron a la calle, cuando murió mi madre, y el proxeneta que fungía como mi padre necesitaba el cuarto en que vivíamos para seguir con sus negocios. Y segundo, porque justamente ese año la canción “Pedro Nadie” de un tal Piero estaba de moda. Sí, a esa tierna edad era un hijo de nadie… Pedro Nadie.
“Crecí en la calle” es un decir, una expresión que no significa nada para quienes no saben lo que realmente es ser un niño absolutamente desamparado, que por años deambuló y durmió en la intemperie hasta que… ¿alguien apareció y me recogió? No, hasta que me hice adulto.
Mis únicos “amigos” fueron otros niños de mi misma condición, con quienes formamos nuestra pandilla para poder sobrevivir, es decir robar a diario el pan de cada día. Como podrán imaginarse, no podíamos hacerlo contra gente más fuerte que nosotros, así que me eduqué y me desarrollé dentro del código de conducta callejera, y lo primero que asimilé fue que sólo debíamos atacar a los más débiles. Atacar y robarles a las viejitas y viejitos, mujeres embarazadas o con niños en los brazos, ciegos o lisiados mendigos, u otros niños ricos; fue la manera como aprendí a cuidar de mí.
No está demás decirles que esto no fue una divertida aventura, ni mucho menos, sino una terrible tragedia que me marcó para siempre, porque apenas llegué al grupo, en la noche, los mayores me violaron, y lo repitieron cuantas veces quisieron hasta que aprendí el uso de la navaja, corté a uno y me hice respetar.
La piel se me curtió no sólo del frío y el calor de la intemperie de mi vida callejera, sino de las palizas que soporté en mis peleas con mis propios amigos, otras en contra de bandas enemigas, o cuando caía atrapado por mis victimas o la policía. Desde esa temprana edad aprendí que si alguien se acercaba a mí y levantaba la mano era para atacarme o manosearme; como el cura del catequismo quiso hacerlo a cambio de un plato de comida y un techo en donde dormir, sin imaginarse que mi instinto ya estaba formado y a la primera manoseada le “tajé” la cara con mi inseparable y fiel amiga, mi navaja.
Más tarde, cuando mis necesidades crecieron, es decir drogarme, empezamos a robar a mayores porque necesitábamos más dinero. Fue cuando comencé a destacarme en el grupo por mi crueldad. Atacaba sin miramientos a quien sea, sin importarme las desventajas por su tamaño o corpulencia. Con la única ventaja que me daba acuchillarlos primero, y luego, cuando gritaban al ver su propia sangre, mi banda lo asaltaba.
Así fue como me convertí en el líder de la banda, claro que primero tuve que “bajarme” al jefe en una pelea limpia, rodeado por todos y a la luz de la luna. Pelea en donde después de recibir varios cortes en los brazos, el hijo de puta cayó en mi trampa de hacerme el más débil, y se confió en el código callejero, cuando fingí caer al suelo. El creyó que era el momento para terminar conmigo, y al levantar su brazo para asestarme la puñalada final, le acerté un certero tajo en los cojones… ¿Murió? No sé, ni nos importaba, porque con el grupo nos fuimos a la playa a celebrar con una bolsa llena de pegamento que inhalábamos para sentirnos felices y vencer el frío, y ni más supimos de él. Ah, no está demás tampoco puntualizar que fue él quien había liderado a quienes me violaron cuando llegué al grupo.
A los 12 años de edad ya tenía mi propia banda, la que nadie me regaló sino gané por mi destreza con la cuchilla y mi crueldad.
Pero a esa edad y de pronto algo empezó a cambiar en mí, algo que yo no podía explicar, y lamentablemente no tenía a nadie a quien preguntar. Mi voz cambiaba, mi pubis se cubrió de vellos y empecé a soñar. Fue justo cuando llegó una niña y su pequeño hermano al grupo, y en la noche quisieron violarla. El ultraje era lo natural para todos nosotros, para nuestro código, sea niño o niña, no había diferencia, todos habíamos pasado por eso como un bautizo… Pero no para mí.
“Nadie la toca carajo!!!… -rugí, y saqué a relucir mi navaja-… y al primero que se le acerque lo descojono!!!”
“Ta bien Pedro Nadie… Ta bien cumpa… si la quieres pa ti solito ta bien” dijo el que fungía de segundo en la banda a pesar de ser mayor que yo.
“No carajo… Desde ésta noche no mas bautizos en mi banda”
Esa noche me fui a dormir apartado del grupo, y oculto entre las sombras lloré. Y en la frialdad de mi lecho de cartones y trapos me acordé de mi madre y de la última profesora que tuve en la escuela. Recordé que vivíamos en una pocilga de mierda de un cuarto de hotel, pero era mi casa, mi hogar, en donde mi madre me quería, me daba de comer, y al acostarme me decía al abrigarme “Pedrito, hijito mío, sueña con los angelitos”… entonces lloré, lloré como nunca lo había hecho todos estos años, y entre lagrimas recordé a mis amigos de la escuela y mis juegos… Y los extrañé a todos.
Afortunadamente había aprendido a leer en la escuela, y desde que viví en la calle y dormía en los basurales leía cuanto periódico o cuento para niños caían en mis manos. Por eso, al día siguiente de prohibir las violaciones empecé a enseñarles a leer a mis amigos, claro está que después de los asaltos. ¿Que creían o esperaban de un niño delincuente como yo? ¿Acaso espero comida y techo gratis? No, aprendí que todo cuesta en la vida y que tengo que ganármelo de la única manera que la sociedad me instruyó. Y al que se acerque con la mano levantada, para golpearme o acariciarme, recibirá un tajo en la cara… o más.
“Si vas a hablarme… hazlo de lejos, cabrón!!!… si no, te parto la madre!!!”
¿Continuará…?
Nota del Autor: "Tú puedes hacer que esto cambie. Pedro no nació como un niño malo, ningún niño lo es ni se convertirá si tiene lo minimo necesario para una vida humana"
Colaboremos con alguna ONG que ayuda alos niños desamparados como: http://www.globalhumanitaria.org/