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viernes, 12 de febrero de 2010

AYAHUASCA… UNA EXPERIENCIA PERSONAL.


Hace poco, cuando ya había publicado “Te Veré en Sueños”, tuve un momento de introspección especial acerca de lo que había escrito como una ficción y lo que yo creía. Y el resultado de aquella auto evaluación fue muy positiva ya que lo que afirmaba en la novela, mas allá de la ficción, era lo que yo verdaderamente conceptuaba.

Mi formación universitaria, en la especialidad de la Ingeniería, me dio la capacidad analítica de discernimiento entre lo real e irreal, entre lo falso y verdadero, más allá de lo puramente académico y profesional. Además, cayeron en mis manos libros extracurriculares de Carlos Marx y Federico Engels, lo que acabó de redondear mi concepción materialista de la naturaleza y por supuesto del universo. Así devine en definirme como un arrogante agnóstico y odioso escéptico... Me había liberado ya de las creencias mágico-religiosas y de las supersticiones que me habían rodeado de manera natural durante mi vida... Hasta que mi vehemencia amainó y coincidentemente llegó a mis manos un tratado de “La Teoría de la Mecánica Quántica” y mi materialismo dialéctico se volvió mas flexible y pude aceptar (o explicarme a mi mismo) la existencia de aquel mundo de lo imposible, de los “milagros”, “espíritus”... “del más allá”... y de aquel universo infinito por descubrir, que está dentro y fuera de nosotros, en donde no cabe ni lo mágico, ni divino... sino las leyes fundamentales del universo, y por consecuencia, dentro de ella, la vida.

Fue entonces que la fascinación, secreta y vergonzante, que sentía por la parasicología y los fenómenos extrasensoriales tuvo al fin un asidero científico... y de allí brotaron los pasajes de la novela “Te Veré en Sueños”, “La Puerta del Sol”  y “Danzando con Cóndores” (en plena elaboración) que cierran la trilogía esotérica que me diseñé desde un principio.

Pero además, esa evaluación me llevó al deseo de ser consecuente con lo que allí afirmaba respecto a aquel maravilloso brebaje amazónico “El Ayahuasca”. Desde muy joven, nacido y criado en el Perú, escuché y leí historias acerca de esta asombrosa droga, la mayoría de ellas exaltándola fantasiosamente o, en el extremo opuesto, maliciosamente falsas... Pero yo no la había probado.

Lo cierto es que el Ayahuasca hoy ya no es un secreto ni un tabú, sino que científicos y espiritualistas, de oriente y occidente, la reconocen como una potente droga psicotrópica capaz de borrar los límites que imponen la conciencia y sumergir a quien lo experimenta en un inimaginable viaje por el universo de la subconciencia... e inclusive aun más. Se puede afirmar que, de la misma manera como un ser atormentado sana después de varias sesiones sicoanalíticas, la gran mayoría que decidieron probar el Ayahuasca, por motivos propios, declararon que el efecto inmediato o posterior es el de una agradable sensación de limpieza espiritual.

El antiguo hombre amazónico descubrió el brebaje hace miles de años, y lo usó con motivos espirituales, para ver el futuro de su comunidad, para hablar con dios y eliminar sus demonios; e impuso la primera experiencia de la toma del Ayahuasca a los jóvenes, quienes abandonaban la pubertad para convertirse en hombres, con el objetivo de que se encuentren consigo mismo, y así fueran mejores.

Así que conocí la Ayahuasca, por rumores primero y luego por investigación para mi novela. Y en mi introspección decidí realizar el viaje por mi subconsciente ayudado por el brebaje amazónico.

Por suerte encontré un excelente Shamán Ayahuasquero... Sí. En ese entonces vi un póster pegado en un poste eléctrico por los alrededores de la Universidad de Lima, Perú, un anuncio que proponía dicha experiencia y un numero de teléfono... y guiado por mi intuición llamé, aunque con un preventivo temor...

“Aló...” escuché que respondían al otro lado de la línea. Era la suave voz de una mujer.

“Sí... Vi un anuncio acerca del Ayahuasca y quisiera saber...”

Y así empezó la historia de la primera experiencia en mi vida con alguna sustancia que me hiciera perder la conciencia de mi entorno para que, con toda lucidez, pueda “ver” el más allá de la realidad. Así conocí a Kapullana, una hermosa mujer amazónica, asistente y esposa del Shamán Pucallpeño Ronald Rivera Cachiche, con quienes ahora me une una agradable amistad.

Me gustaría contarles los detalles de mi viaje, pero sería algo extenso así que les prometo hacerlo en un próximo artículo en esta misma Pág. Aunque sí quisiera agregar, antes de dejarlos, que la experiencia, además de ser asombrosa, es sobrecogedora, en el sentido de que el Ayahuasca toca cada una de tus células, sí, realmente la experiencia es abrumadora... al límite de producirte un aumento en tu ritmo cardiaco, una taquicardia, como consecuencia de las sensaciones que estás viviendo ... Hasta pronto.

2 comentarios:

rober dijo...

Interesante tu artículo y experiencia Michelangelo. Desconocía la droga, pero pude averigüar que es un nexo de conexión entre culturas del mundo amazónico, y sus fines curativos, espirituales o de revelación personal, se suman al uso en psiquitría y psicología, y si bien es de compleja farmacología, posee escasa toxicidad.
Produce alucionaciones, visiones, distorsión de las coordenadas espacio-temporales, etc.
Me hace recordar a otra droga: la mescalina, de zonas similares y usos afines, que el escritor inglés Aldous Huxley ingirió, y luego escribió la experiencia en un libro, "Las puertas de la Percepción".

Michaelangelo Barnez dijo...

Estimado Robert... Sí, tienes mucha razón. La Ayahuasca es un alucinógeno que tiene muchas cualidades, excepto que sea placentera. Hoy, después de muchos años de investigación, ya se conoce que su identidad es la sustancia: DMT, la que produce diversos estados alterados de la mente. Sus propiedades curativas, y otras en otros campos, siguen maravillando a los investigadores.
Saludos