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lunes, 22 de febrero de 2010

UOYOOOO… UOYO, YO, YO

DE  MICHAELANGELO BARNEZ

¡Uoyoooo!… ¡Uoyo, yo, yo! Fue el grito que erizó los poros de nuestra piel. Las luces multicolores e intermitentes parpadearon y hubo una explosión de alegría.
¡Uoyoooo!… ¡Uoyo, yo, yo!
*Gritaba un hombre en el escenario con el puño en alto, era delgado y de sonrisa fácil, y respondimos al unísono: ¡Uoyoooo!… ¡Uoyo, yo, yo! mientras saltaban de manera acompasada al ritmo de una fusión de ritmos del Reague jamaiquino, la Rumba española, el Rock pesado y sabe dios que otra más, sosteniendo una guitarra que no dejaba de rasgar, en medio de una banda musical no menos alegre y dinámica que él… Era Manu Chao y su banda, y nosotros más de 60,000 personas que comenzamos a dar saltos siguiendo el ritmo de la música… y el lugar tembló como en un terremoto. Y en medio de ese mar de gente lo hicimos nosotros también.
“Welcome to Tijuana… Tequila, sexo y mariguana…”
*Hoy hice un alto en mi vida y fui al concierto de Manu Chao, sí, Manu Chao había llegado por fin a mi país. Él se había presentado la noche anterior en un inmenso estadio de futbol, en donde se vendieron más de 60,000 entradas. ¿Ir allí? Imposible. La entrada más barata era de 10 dólares que equivalía al gasto que hacemos en casa para vivir diez días. Felizmente Manu Chao obliga a los promotores a auspiciar un concierto gratis. Por eso estábamos aquí.
“¡Yo vengo del hoyo yo yo… Hoyo yo yo… Hoyo yo yo!”
*Y yo también. Vivo a las afueras de la ciudad, en un lugar indecente, no recomendable para cualquier ser humano por insalubre y carente de todos los servicios como la luz, el agua y el desagüe. En un hoyo que un animal libre no aceptaría como guarida pero que otros millones de gente como yo, aplastados por el sistema, aceptamos.
“La suerte viene, la suerte se va por la frontera… por la carretera…
El hambre viene y el hombre se va por la carretera…”
*Soy obrero textil, casi por jubilarme. Vine a la capital, es un decir, desde las alturas de los andes hace 50 años, pero la gran Babilón no me aceptó, por eso caí en este hoyo del que no puedo salir. Mi hijo casi ingresa a la universidad de Ingeniería; que tal sueño ¿no?, ahora trabaja conmigo en la misma fábrica. Su hijo, mi nieto, tendrá su oportunidad, ya veremos…
“Solo voy con mi pena… Sola va mi condena
Correr es mi destino… Para burlar la ley
Perdido en el corazón… De la grande Babilón
Me dicen el clandestino… Por no llevar papel…”
*Trabajo de albañil, cuando puedo. Mi hermano mayor se fue al norte hace dos años y cada fin de mes nos escribe desde un lugar diferente. Allí, felizmente, trabaja y puede mandar dinero… eso nos ayuda un poco a vivir aquí. En cambio nunca podemos agradecerle porque no tiene un domicilio fijo. Dos años y ya conozco el nombre de más de veinte ciudades de la gran Babilón. ¿Mi hermano habrá visto a Manu Chao? Si estuviera aquí con nosotros estaríamos en este concierto.
“Welcome to Paradise… Welcome to paradise
Today it’s raining… Today it’s raining… in paradise
In Baghdad, it's no democracy
That’s just because, it’s a US Country
Go Maasai go Maasai be mellow,
Go Maasai go Maasai be sharp…”
*Gritábamos un grupo de universitarios en coro, a quienes no nos bastó el de anoche y hoy acompañábamos a Manu Chao en este concierto popular.
“Peruano… Clandestino
Argentino… Clandestino
Uruguasho… Clandestino
Mariguana… Ilegal…”
*Creo que cada quien tiene sus motivos para hacer o no hacer algo, lo peor es buscar excusas para lo mismo cuando debe decidir algo.
A mi edad, el doble o hasta el triple de la mayoría de jóvenes que me rodeaban, yo saltaba al borde del colapso pero con la felicidad de hacerlo sin el maldito temor. Quizás mañana, cuando una bolsa y una jeringa cuelgue desde mi futura incontinente vejiga o esté encadenado a una silla de ruedas, añoraré hacerlo pero, por lo menos, tendré la satisfacción de que en mi tiempo lo hice.
“Si yo fuera Maradona viviría como él…
La vida es una tómbola, de noche y de día…”
La fiesta terminaba pero la gente reusaba a irse.
Estábamos locos, nunca habíamos sentido tanta alegría ni brincado tanto, y gritamos por más, queríamos más, y como nunca… nos hicieron caso.
¡Uoyoooo!… ¡Uoyo, yo, yo!
Al final salimos gritando junto con él y su banda:
“!!!El Pueblo Unido… Jamás será Vencido¡¡¡”
y con el alma henchida de libertad.

viernes, 12 de febrero de 2010

AYAHUASCA… UNA EXPERIENCIA PERSONAL.


Hace poco, cuando ya había publicado “Te Veré en Sueños”, tuve un momento de introspección especial acerca de lo que había escrito como una ficción y lo que yo creía. Y el resultado de aquella auto evaluación fue muy positiva ya que lo que afirmaba en la novela, mas allá de la ficción, era lo que yo verdaderamente conceptuaba.

Mi formación universitaria, en la especialidad de la Ingeniería, me dio la capacidad analítica de discernimiento entre lo real e irreal, entre lo falso y verdadero, más allá de lo puramente académico y profesional. Además, cayeron en mis manos libros extracurriculares de Carlos Marx y Federico Engels, lo que acabó de redondear mi concepción materialista de la naturaleza y por supuesto del universo. Así devine en definirme como un arrogante agnóstico y odioso escéptico... Me había liberado ya de las creencias mágico-religiosas y de las supersticiones que me habían rodeado de manera natural durante mi vida... Hasta que mi vehemencia amainó y coincidentemente llegó a mis manos un tratado de “La Teoría de la Mecánica Quántica” y mi materialismo dialéctico se volvió mas flexible y pude aceptar (o explicarme a mi mismo) la existencia de aquel mundo de lo imposible, de los “milagros”, “espíritus”... “del más allá”... y de aquel universo infinito por descubrir, que está dentro y fuera de nosotros, en donde no cabe ni lo mágico, ni divino... sino las leyes fundamentales del universo, y por consecuencia, dentro de ella, la vida.

Fue entonces que la fascinación, secreta y vergonzante, que sentía por la parasicología y los fenómenos extrasensoriales tuvo al fin un asidero científico... y de allí brotaron los pasajes de la novela “Te Veré en Sueños”, “La Puerta del Sol”  y “Danzando con Cóndores” (en plena elaboración) que cierran la trilogía esotérica que me diseñé desde un principio.

Pero además, esa evaluación me llevó al deseo de ser consecuente con lo que allí afirmaba respecto a aquel maravilloso brebaje amazónico “El Ayahuasca”. Desde muy joven, nacido y criado en el Perú, escuché y leí historias acerca de esta asombrosa droga, la mayoría de ellas exaltándola fantasiosamente o, en el extremo opuesto, maliciosamente falsas... Pero yo no la había probado.

Lo cierto es que el Ayahuasca hoy ya no es un secreto ni un tabú, sino que científicos y espiritualistas, de oriente y occidente, la reconocen como una potente droga psicotrópica capaz de borrar los límites que imponen la conciencia y sumergir a quien lo experimenta en un inimaginable viaje por el universo de la subconciencia... e inclusive aun más. Se puede afirmar que, de la misma manera como un ser atormentado sana después de varias sesiones sicoanalíticas, la gran mayoría que decidieron probar el Ayahuasca, por motivos propios, declararon que el efecto inmediato o posterior es el de una agradable sensación de limpieza espiritual.

El antiguo hombre amazónico descubrió el brebaje hace miles de años, y lo usó con motivos espirituales, para ver el futuro de su comunidad, para hablar con dios y eliminar sus demonios; e impuso la primera experiencia de la toma del Ayahuasca a los jóvenes, quienes abandonaban la pubertad para convertirse en hombres, con el objetivo de que se encuentren consigo mismo, y así fueran mejores.

Así que conocí la Ayahuasca, por rumores primero y luego por investigación para mi novela. Y en mi introspección decidí realizar el viaje por mi subconsciente ayudado por el brebaje amazónico.

Por suerte encontré un excelente Shamán Ayahuasquero... Sí. En ese entonces vi un póster pegado en un poste eléctrico por los alrededores de la Universidad de Lima, Perú, un anuncio que proponía dicha experiencia y un numero de teléfono... y guiado por mi intuición llamé, aunque con un preventivo temor...

“Aló...” escuché que respondían al otro lado de la línea. Era la suave voz de una mujer.

“Sí... Vi un anuncio acerca del Ayahuasca y quisiera saber...”

Y así empezó la historia de la primera experiencia en mi vida con alguna sustancia que me hiciera perder la conciencia de mi entorno para que, con toda lucidez, pueda “ver” el más allá de la realidad. Así conocí a Kapullana, una hermosa mujer amazónica, asistente y esposa del Shamán Pucallpeño Ronald Rivera Cachiche, con quienes ahora me une una agradable amistad.

Me gustaría contarles los detalles de mi viaje, pero sería algo extenso así que les prometo hacerlo en un próximo artículo en esta misma Pág. Aunque sí quisiera agregar, antes de dejarlos, que la experiencia, además de ser asombrosa, es sobrecogedora, en el sentido de que el Ayahuasca toca cada una de tus células, sí, realmente la experiencia es abrumadora... al límite de producirte un aumento en tu ritmo cardiaco, una taquicardia, como consecuencia de las sensaciones que estás viviendo ... Hasta pronto.