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domingo, 24 de abril de 2011

LOS EXTRATERRESTRES Y SUS OVNIs


                                                       POR:  MICHAELANGELO  BARNEZ
“Somos polvo de estrellas que piensa acerca de las estrellas”… Carl Sagan.

La palabra “OVNI” es una sigla que significa: Objeto Volador No Identificado, y cuyo par en el idioma inglés es “UFO”, la que corresponde a Unidentified Flying Object.  Ambas siglas de reciente creación en el siglo XX debido a los continuos avistamientos de luces u objetos luminosos no identificados en el cielo, las que describían trayectorias inverosímiles comparadas con los aparatos voladores que nuestra tecnología ha creado. Pero no limitadas a ese siglo pasado sino que datan desde hace mucho tiempo… realmente desde que el hombre pudo graficar algo y representarlos en piedras o suelos.
Hasta la actualidad se han reportado cientos de miles de casos de avistamientos de OVNIs, de los cuales casi el 99% de ellos ha resultado finalmente siendo un fraude, o una mera ilusión óptica.
Pero allí quedan, incólumes, ese pequeño porcentaje del 1% de fenómenos que, si bien son inexplicables aun, son verdaderos. Diálogos en vivo y en directo, de diversas fuentes y en simultáneo, de un mismo evento hacen de esos fenómenos hechos completamente reales de avistamientos a OVNIs. Informes orales de pilotos profesionales de la aviación civil, comercial y militares, han quedado gravadas en las cajas negras de los aviones y en las torres de control aéreo, haciendo que se confirmen la probabilidad matemática de la existencia de extraterrestres no solo en el universo, sino, y más aun, su visita. Aunque luego, cuando las autoridades enfrentan los hechos, sus excusas para negar tales eventos son tan ridículas como los otros casos de avistamientos fraudulentos.
Quien escribe este artículo siente una entrañable atracción por el tema, así como también con lo relacionado a los fenómenos paranormales.
Sin embargo, ésta atracción no nubla ni contamina mi opinión, ni me convierte en un ser proclive a creer historias inverosímiles que no tienen ningún sentido lógico, las que se derrumban ante un sencillo análisis, usando simplemente el sentido común. Además, que como una persona común y corriente, en su sano juicio, sabe diferenciar entre la ficción y lo real, entre la farsa y lo inusualmente asombroso, y deja, como corresponde, un espacio a la duda. Lo que me ubica en el campo del escepticismo.
Se ha dicho y escrito mucho acerca de este tema. Se han presentado videos y testigos que juran haber visto y contactado a seres extraterrestres. Otros afirman haber sido abductados (de la palabra abducción-ufología, que podría interpretarse como secuestrado), estudiados y luego devueltos a este mundo cruel. Otros han ido más lejos, y afirman que ya han iniciado toda una relación con ellos, y han creando cultos y asociaciones, enviando boletines con los mensajes de los alienígenas. Todo esto puede ser muy bien catalogado como una colección de cuentos, sino puras mentiras, creadas con la malsana y morbosa idea de engañar y ser parte de ese engaño. A esto se suman algunos escritores de ciencia ficción que inescrupulosamente afirman como verdaderas las historias que predeterminadamente crean. 
Aun así, en medio de toda esa desinformación de fabulas y mentiras, existen casos verdaderos de avistamientos que nos asombran y nos llaman a la reflexión y, por supuesto, a la búsqueda de la verdad. Y en este rincón quedan sólo algunos investigadores, UFOlogos serios, que tratan el tema con el verdadero espíritu de conocer la verdad, descartando los fraudes y mentiras colectivas de los otros casos, y a quienes las instituciones estatales les ponen toda clase de barreras, obstaculizando su trabajo de investigación.
A estas alturas del siglo XXI ya no podemos usar la obsoleta y absurda vía de conocimiento resumida en: “ver para creer”, acerca de los OVNIs, sino, como siempre, debemos usar nuestros conocimientos, la lógica y el sentido común para analizar estos fenómenos, y no ser presa fácil de la prensa amarilla y de “investigadores” inescrupulosos que lucran con sus historias ficticias, además del sensacionalismo, en un tema que mueve un mercado de millones de dólares al año, sólo en lo que son las publicaciones, surveniers y el turismo a ciudades benditas por la ‘visita de los alienígenas’ y sus naves espaciales.
Realmente el tema de los extraterrestres y sus platillos voladores está muy manoseado, además de viciado con historias falsas, pero eso no daña nuestro espíritu por encontrar respuestas, respuesta verdaderas basadas en la confrontación con la realidad y no en episodios anecdóticos. Entonces, de allí surge nuestra primera gran pregunta.
¿EXISTEN LOS SERES EXTRATERRESTRES?
La respuesta es muy simple: Claro que sí. Por supuesto que existen. Absolutamente cierto. No me cabe la menor duda de su existencia. Es mi opinión basada en el simple cálculo de probabilidades en un campo infinito, como la ciencia afirma, acerca del Universo. Y quizás, o muy probablemente, nosotros mismos somos los descendientes de ellos. Me explico.
De la misma manera como la vida se hizo posible en nuestro sistema solar, al encontrar en el planeta tierra con las condiciones mínimas necesarias y especificas para que la vida, tal como la conocemos, se desarrolle, sucedió el salto cualitativo del conglomerado químico y energético y apareció el primer ser vivo: La célula. Aquel ser de casi 500 genes y con un código de ADN, que superaba a los virus y bacterias existentes. Aquel ser mínimo pero grandioso, que poseía un núcleo y podía auto copiarse y dividirse, e interactuar con su medio ambiente y con la extraordinaria capacidad de cambiar con tal de sobrevivir. Célula que fue y es capaz de acumular y procesar información para agruparse y formar otros seres vivos mas complejos.
Y de la misma manera como se dio en la tierra, pudo haberse generado en cualquier otro lugar del universo o de nuestro sistema, con aquellas mínimas condiciones, y haber llegado a la tierra en un cometa o meteorito que colisionara con la nuestra. Posibilidades, simples y meras posibilidades, de un hecho real y concreto: la de nuestra existencia en la Tierra.
Nuestra galaxia, La Vía Láctea, contiene a millones de millones de estrellas, diferentes y parecidas a la nuestra: El Sol.
El universo, hasta donde se conoce, contiene a millones de millones de galaxias, diferentes y parecida a la Vía Láctea. En donde existen millones de sistemas solares idénticos al nuestro.
Entonces no sería una fantasía o utópico pensar que existen otros seres vivos, parecidos o diferentes, pero inteligentes, más o menos, como nosotros en algún lugar muy lejano de nuestro sistema solar.
Pero… ¿Qué tan lejos?
Bien, a decir verdad, pensar en el tamaño del Cosmos me produce jaqueca. Les diré el porqué.
Se calcula que el Big Bang, o la Gran Explosión, que dio origen al Cosmos como lo conocemos ahora fue aproximadamente hace 15 mil millones de años. Calculo basado en el estudio hecho a las estrellas, su brillo y la constante separación de estas. Lo que ha dado origen a una unidad de medida: El Año Luz. Por favor, no me pregunten que hubo ante del Big Bang, porque me produce otra jaqueca. Ahorremos neuronas cerebrales para los cálculos que tendremos que hacer en unos segundos.
Bien, entonces el Big Bang expandió a los elementos que hoy forman lo que vemos en el firmamento con nuestros ojos y con ayuda de los telescopios, y en los que estamos parados, sentados o echados, en estos momentos. Hasta hoy, y por muchos millones de años mas, nuestro sistema solar se ira alejado mas y mas de un relativo epicentro de la explosión. Los científicos afirman que el universo visible (a nuestra tecnología) tiene una dimensión de 46 mil millones de años luz.  Siendo muchísimo mayor lo que aun no podemos observar. Es decir, las estrellas mas extremas en el imaginario diámetro del cosmos están a la distancia de 46 mil millones de años luz.
Y si la velocidad de la luz es de 300 mil kms por segundo, imagínense lo que recorre en un año (Año Luz), y luego en 15 mil millones de estos (desde que ocurrió la gran explosión)… El resultado de ese cálculo es monstruoso: aproximadamente 56… seguido de 12 ceros en kilómetros. Les doy un ejemplo muy grafico:
El Sol está a 150 millones de Kms. de la tierra, y el primer rayo solar (es un decir) demora 8 minutos en llegar a ésta. Si tuviéramos una nave capaz de volar a esa velocidad (es otro decir) entonces podríamos salir de nuestro sistema solar en sólo varias horas. Muy veloz ¿No?  No, realmente no es así. Nuestra Vía Láctea tiene un diámetro de 100 mil años luz, que con nuestra nave espacial imaginaria nos sería absolutamente imposible cruzarla, y eso que sólo estamos hablando de nuestro distrito sideral del barrio en donde vivimos y en donde está nuestra “casa cósmica”. Cálculos y números que nos llaman al ocio mental, pero que sin ellos seríamos presa fácil de los vendedores de aceite de culebra sideral que pululan por doquier. Y por supuesto, los cuentos inventados por los ufólogos son más interesantes.
Bien, entonces después de haber uniformizado nuestros mínimos y necesarios conocimientos acerca del universo y la tierra podremos especular acerca de las posibilidades que abren los avistamientos de OVNIs, de los reales, de aquellos que no han podido ser objetados por nadie, ni ciencia, ni científicos. Y lo haremos siempre desde el sano y preventivo campo del escepticismo.
Si los avistamientos a los OVNIs son reales, entonces surgen varias preguntas:
1.- ¿Quienes son?
2.- ¿De dónde vienen?
3.- ¿Qué buscan, qué quieren?
4.- ¿Se ha contactado ya con nosotros?
Por supuesto que al querer responder a estas preguntas corremos el riesgo de que nos lleve inmediatamente al terreno de la ficción, y como ese es un terreno vedado para quienes buscan la verdad nos mantendremos alejado de toda teoría exótica, si es que realmente queremos analizar el tema con seriedad. Entonces no aceptaremos las revelaciones de mi abuelita, las de la Virgen María o ni las del flaco De La Cruz. Así, con un campo más reducido, y luego de aceptar que los extraterrestres existen, la pregunta surge espontáneamente.
¿QUIENES SON?
Los extraterrestres, tripulantes de los OVNIs o residentes de un planeta de cualquier lugar del universo, los ETs en una palabra popularizada por la película de Steven Spielberg, y pronunciada como “ITI”, aunque no tiene nada que ver con la conocida expresión: “iticonchasum…”; así, estos seres tienen que ser muy semejantes a nosotros… ¿Por qué? Porque todo el universo está relacionado y formado de los mismos elementos, los mismo que constituyen a los entes vivos. Por supuesto que su aspecto físico diferirá del nuestro, en la medida de, qué tan diferente sean las condiciones en donde se desarrollaron y estas lo hayan moldeado en su evolución. Sí, evolución, porque nada en el cosmos escapa a las leyes naturales que las rigen. Y para no elucubrar mas allá de la realidad veamos nuestro caso como uno más del universo.
La Célula primaria, en la Tierra, dio paso a todo un universo de seres que se adaptaron a las condiciones reinantes de ésta, y que luego tuvieron que cambiar en la medida que ésta cambiaba. En la tierra han existido millones de especies que han desaparecido de manera definitiva, y otros millones que dieron origen otras con tal de sobrevivir. El ejemplo clásico de los dinosaurios nos viene a la mente inmediatamente, y si la mayor parte de estos murieron por los efectos de la terrible colisión y la catástrofe ecológica provocada por el choque de uno o más asteroides con la tierra, otros sobrevivieron y cambiaron. Aunque nosotros no existíamos aun ni como un primate erecto.
Hoy tenemos a millones de especies que nos acompañan en la tierra, muchas de ellas ni siquiera las conocemos, y, peor aun, estamos aniquilando a millones de estas con el daño que hacemos a nuestro ecosistema todos los días. Pero, de las millones de especies que si conocemos en nuestra flora y fauna, podemos ver como nuestras propias condiciones de presión, temperatura y composición del aire, por decir lo más obvio, nos muestra el abanico de posibilidades formado desde una sola, o paquete, de células originales. Tenemos a millones de especies que viven y respiran en el agua, a millones que vuelan y respiran el aire de la atmósfera, y además a millones que viven pegados a la tierra como nosotros, salvo esporádicos “saltos de pulga” que damos en aparatos llamados aviones o cohetes y otros. Y así podríamos seguir contando y describiendo la variedad. Los tenemos de sin pies a cien pies, de sin ojos a mil ojos, de los que nacen vivos o en huevos, de los que viven sólo minutos a los que pasan los cien años. De los que copulan para reproducirse o los que se auto reproducen, de los sin huesos a los con huesos. Y aun así, existen millones que hacen de estas condiciones simplemente ambiguas en su existencia. Pero con todas ellas, las especies, estamos íntimamente ligados por nuestro origen celular, y compartimos nuestra identidad: el ADN; El que nos identifica como seres de este planeta y no de otro… pero de este único universo hasta donde conocemos. Sí, los extraterrestres existen, y son como nosotros en nuestra inmensa variedad en la que nos tocó evolucionar.
¿DE DÓNDE VIENEN?
Si afirmamos que los extraterrestres ya nos han visitado, suponemos que tienen que vivir en algún lugar del universo y provenir de ese lugar, planeta, galaxia, como sea, colosalmente lejos.
En la actualidad existen programas científicos de observadores del cosmos. SETI, es uno de ellos (creado por el gran Carl Sagan) cuya sigla viene del inglés "Search for ExtraTerrestrial Inteligence", que analizan lo poco que podemos ver u oír proveniente del espacio exterior con la tecnología que contamos, escudriñando a diario las estrellas. Los telescopios son muy limitados, incluido el Hubble, pero no excluido para dicha tarea. Los observadores han escaneado parcialmente nuestro cielo en búsqueda de una señal de Radio, ya que no hay otra forma de llegar a tan remotos lugares. Ellos buscan un conjunto de sonidos que formen un sistema o patrón que demuestre la procedencia de una fuente inteligente. Pero hasta el día de hoy, lamentablemente, no han logrado nada. De otro lado, la actitud de ellos no ha sido pasiva, ya que se han estado enviando señales en espera de una respuesta que originen un contacto. Como sea, todos estos intentos de contactar a los extraterrestres han abarcado un radio de acción de 80 años luz con resultados totalmente negativos. Lo que nos llama a concluir que dentro de esa distancia, 80 Años Luz a la redonda, no hay vida inteligente capaz de crear un aparato de radio que emita señales electromagnéticas en sus comunicaciones, menos aun de construir naves espaciales para visitarnos, llámense OVNIs, en los que viajen en segundos lo que tarda la luz en mil años, para ser recién ser vistos aquí en la tierra por mentes afiebradas.
Así, podremos concluir que si los extraterrestres vienen a visitarnos, tiene que ser desde estrellas o galaxias mucho más lejanas a los 80 años luz… y que han tenido la decidía de no solo no querer saludarnos, sino ocultar sus señales de radio… Pero, a pesar de esa lamentable realidad y de nuestro escepticismo, aun late la posibilidad. Y esta esperanza a su vez nos lleva a la conclusión de que ellos cuentan con una tecnología tan avanzadísima que, lógicamente, refleja el nivel de inteligencia al que han llegado.
Veamos ahora cuales son los problemas que ellos han tenido que superar para visitarnos y, a la vez, jugar a las escondidas.
Habíamos afirmado que los ETs eran individuos muy similares a nosotros, seres de la tierra en su inmensa variedad, que desarrollaron su cerebro y un extraordinario nivel de conciencia capaz de crear tal tecnología que les permita vencer una serie de leyes del universo. ¿De acuerdo? Lo contrario, es hacer fabulas de ficción, que no es nuestra intención.
Volvamos a nosotros, volvamos a la tierra. Aquí todos los seres del planeta están sujetos a las leyes de la naturaleza que durante millones de años nos han formado. Únicamente el hombre por su desarrollo cerebral y de inteligencia es capaz de maniobrar y vencer con muchas limitaciones algunas condiciones naturales. Pero ahora hablemos de los problemas. Por ejemplo, dos muy importantes:
1.- La acción de la gravedad en nuestra vida.
2.- Nuestras condiciones vitales y el medio ambiente.
Los estudios más avanzados y radicales acerca de nuestro cuerpo y la vida fuera de la tierra han llevado a los científicos a estrellarse ante muros que hasta hoy son absolutamente insalvables. Por ejemplo, la velocidad. Está demostrado que nuestro cuerpo no tolerará, al límite de morir debido a la aceleración para conseguirla, velocidades mayores a las de 12 Mach, es decir 12 veces la velocidad del sonido, que expresados en términos de la aceleración sería el equivalente a 10G’s (diez veces la acción de la gravedad de la tierra) debido al empuje que tendría que soportar para llegar a esa velocidad. Y como ejemplo ilustrativo les diré que si pesan 80kgs, en condiciones normales, entonces la acción de 10G’s los transformaría a 800kgs que es casi lo que soporta un astronauta al salir al cosmos o los pilotos de prueba.
La velocidad del sonido en el aire es de 340 m/seg. y la de la luz de 300,000 Kms/seg Descomunal diferencia, ¿No? Entonces, volar a 12 Mach, ó 10G’s de aceleración, para un piloto debidamente protegido con lo último de la tecnología aerodinámica, sería como una tortuga corriendo en cámara lenta en el espacio, y con el peligro de morir si aumenta su velocidad. Así, la idea de llegar al planeta Marte dentro de unos años, que es un proyecto de la NASA, que tomará casi dos años de la vida de los astronautas en sólo ir y venir del planeta rojo, aun cuando quedan problemas biológicos por resolver. Pero viajarían en la ingravidez, reclamaran algunos pensando en la relación velocidad-gravedad.
Sí, a lo anterior hay que agregar el problema de la vida prolongada en estado de ingravidez. La masa muscular, la estructura ósea, entre otros elementos del ser humano, se deterioran terriblemente cuando estamos fuera del campo gravitacional ya que muchas funciones biológicas se interrumpen.
Podemos seguir enumerando nuestros problemas de ser terrenales para un viaje espacial, pero no olvidemos de relacionarlo con nuestro tema, y que, por mas grande que sean, suponemos que los extraterrestres que nos visitan ya lo han superado.
Entonces, tendremos que remarcar que si los ETs vienen de distancias mayores a los 80 Años Luz tendrán que hacerlo en viajes que sólo tarden minutos, días o a lo mucho unos meses, a una velocidad mucho mayor que la de la luz, por decir lo menos, sin producir ninguna alteración al medio por donde viajan para no ser detectados por ninguno de nuestros rudimentarios aparatos y sensores que los están buscando durante años por un amistoso encuentro. Viaje de extraterrestres que realmente dudo que sean de esa manera. ¿Pero, de dónde viene mi escepticismo?
Debemos de saber que la velocidad de la luz no sólo es la rapidez con que viaja ésta, sino además implica todo un cambio en el objeto que viaja a dicha velocidad debido a la relación que tiene la velocidad, la materia y la energía. En el campo de la teoría, los científicos actuales y del siglo XX pasado, afirman que la masa cambia y el plano espacio-tiempo se curva. El objeto volador pasaría a un estado dual, como la luz, de materia-energía, y que, como partícula cósmica, la Ley de la Incertidumbre lo pondría en un estado de “Ser y No Ser”, en algún lugar indefinido del universo. A esa velocidad, nosotros, simplemente no existiríamos. ¿Y de allí viene mi escepticismo? No, porque eso sólo nos involucra a nosotros y a nuestro nivel tecnológico y no a los supuesto ETs.
Más bien, mi escepticismo me hace pensar y abrir dos posibilidades acerca de los ETs, pero antes tengo que suponer que para los viajes espaciales, serios y no de ciencia ficción, viajar a la velocidad de la luz es como ir en bicicleta al planeta Marte. Sí, la velocidad de la luz es una velocidad ridícula para tan grandes viajes. Ahora si, las posibilidades son:
1.- Que los ETs están más allá de nuestro límite de poder detectarlos, pero muy cerca, de la frontera de los 80 Años Luz, y que con la tecnología que poseen no han querido comunicarse con nosotros, bloqueando todos los radares que denuncien su presencia, sin embargo aquí en la tierra ya los hemos ‘ampayado’ (verlos desprevenidos) con ‘fotos’ y ‘videos’. Sin embargo su fabulosa tecnología de naves espaciales que pudo permitirles visitarnos hace más de cinco mil años, hoy es ya obsoleto y están en un incipiente progreso de la Tele-transportación, o viaje instantáneo, y sus viajes son a través de los agujeros negros.  Teletransportación, medio de transporte de un extremo del universo a otro en segundos, tecnología la cual nosotros también nos hemos iniciado dando nuestro primer paso, en la investigación y práctica en el laboratorio, en una escalera de un millón de peldaños.
2.- Que los ETs están al otro lado del Cosmos, poseen la tecnología para viajar por el cosmos en pocos segundo, dominando la distorsión del espacio y el tiempo, y la teletransportación a través de los ‘agujeros negros’ y ‘agujeros de gusanos’, dominando todas las leyes del universo, pero que aún no les sale de los cojones el comunicarse oficialmente con nosotros. Entonces…
¿QUÉ BUSCAN, QUE QUIEREN?
Los viajes espaciales, como cualquier otros, tiene que tener sus motivos. Marco Polo no fue al Asia sólo a buscar chinitas bonitas y vestirse de seda, ni Cristóbal Colón vino a América a vivir la vida loca con nuestras amazonas calatas y la Coca. No. Los exploradores de esos tiempos tenían objetivos claros, en medio de sueños y fantasías, de lo que buscaban, y si no ellos, entonces los que financiaban sus viajes. Además, algo muy importante, sus aventuras exploratorias reflejaban el modo de pensar de esos tiempos. El racismo, la autoridad divina, el derecho a la conquista eran algunas de las incuestionables premisas del pensamiento colonialista en los nobles y la iglesia que gobernaban, seguidos fielmente por los acólitos de las clases menores.  
Los extraterrestres son los exploradores cósmicos de nuestros tiempos, y preguntarnos ¿Qué buscan y que quieren? No es una ficción, menos aun debe ser nuestra respuesta.
Habíamos afirmado, en un principio, que los ETs eran como nosotros, de la misma universalidad de formas desde donde hemos evolucionado. Bien, ahora, sin importarnos su apariencia física, continuemos con nuestra lógica suposición y demos por seguro de que sus cuerpos tienen un sistema nervioso y, el la cúspide de este, un cerebro que les ha permitido evolucionar en el pensamiento hasta llegar a construir la tecnología que poseen. Esto lo creo incuestionable, sino, dejo de escribir y me voy a ver la película: “Alien, el 8vo pasajero” por enésima vez o una porno en donde exhiben muchos agujeros negros. Entonces, no nos equivocaremos al afirmar que los ETs poseen órganos que les permite absorber la energía que luego utilizan, como nosotros con los alimentos, y además, órganos de percepción del mundo exterior que les permita interactuar con él, efectivamente, tal como nosotros. Y así, poseer un centro de control y procesamiento de toda la información recibida, que además sea capaz de originar ideas y soluciones a los problemas encontrados, es decir: Un Cerebro.
Pero, si viajan por el universo como nosotros por el mundo, entonces concluiremos que su tecnología demostraría el grado de conciencia al que han llegado.
Sería totalmente absurdo afirmar que vienen en plan de conquista, robo o/y de exterminio de nuestra especie y recursos naturales, como lo hicieron los nuestros al colonizar África y ‘descubrir’ América. Asumo que, habiendo superado todos los problemas que implica los viajes cósmicos y alcanzado un gran avance tecnológico, es su desarrollo han tenido que lidiar con problemas similares por los que hemos trascurrido en nuestra historia y de los que aun no solucionamos.
Desde esa perspectiva creo que las visitas de los ETs, de estar produciéndose, es la de observación. Y creo que deben estar horrorizados con lo que ven al punto de no querer contactarse con nosotros, como cuando los exploradores y camarógrafos de National Geographic filman el ataque de una fiera a una pobre gacela sin intervenir en el curso natural del depredador y su presa; con la diferencia que en nuestro caso, en la especie humana, existe un grupo de personas que tienen la avaricia de querer apoderarse de todos los recursos naturales sin importarles la vida de sus semejante. Los mismos que originan guerras para invadir y aniquilar poblaciones enteras. De aquellos que crean armas de destrucción masiva al extremo de poner en riesgo la existencia de su propia especie y habita. De aquellos que en su avaricia industrial destruyen el único ecosistema que le permite la vida. Los mismos que controlan el mundo… Sí señores, sólo nos observan, no tiene otra opción. Pero, queda una última pregunta:
¿SE HAN CONTACTADO YA CON NOSOTROS?
Si resulta verdadero todo lo que hasta aquí suponemos, usando la lógica de nuestro pensamiento, entonces tenemos que afirmar que sí lo han hecho, de manera muy limitada pero lo han hecho. Existen casos de contactos y aducciones, como los avistamientos, que han pasado la prueba de ser alucinaciones, farsas o ser puras mentiras. Pruebas hipnóticas y con sustancias químicas para hurgar la mente de algunos testigos que han demostrado que sus experiencias con los ETs han sido verdaderas. ¿Pero, por qué no un contacto con los lideres de nuestras naciones o con el presidente de la mayor potencia del mundo, los EE.UU.?
Seré sincero. Si yo fuera, siempre en el terreno de la suposición y del escepticismo, un alienígena y viera los horrores de las guerras mundiales, el holocausto judío perpetrado por Hitler, la destrucción de las ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, por las bombas atómicas lanzadas por los EE.UU. y las continuas guerras en las que está nación está como protagonista en nombre de Dios, la libertad y la democracia, hasta la actual crisis en el Medio Este… Entonces, me subiría a mi OVNI y no regresaría en mil años luz… Quizás ellos ya lo hicieron hace dos mil años y vieron a Jesús morir en la cruz por hablar de amor, y se fueron… hasta estos días.
Nuestro mundo tiene demasiados problemas, y nuestra raza, la humana, aun no se libera de las lacras en su pensamiento que hacen mísera la vida de nuestros semejantes en esta única casa sideral que tenemos que vivir por lo menos un milenio más. Los extraterrestres existen, pero aun nosotros somos muy primitivos. Lo mejor de nosotros está en el Arte que hemos logrado desarrollar y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmado por los pueblos del mundo… Pero aun está allí, estorbando, aquel poder que controla el mundo y nos lleva a la autodestrucción.
Creo que cuando solucionemos nuestros problemas, entonces estaremos listos para estirar nuestro brazo para estrechar la mano de nuestros hermanos extraterrestres, y ellos, a recibir el saludo de buena voluntad.

viernes, 22 de abril de 2011

LOS VIAJES ASTRALES… ¿FICCIÓN O REALIDAD?

Para empezar diré que los Viajes Astrales son experiencias extraordinarias en donde el espíritu, alma, ánima, conciencia, o como quiera llamar, deja el cuerpo físico de una persona para migrar a otros lugares y tiempos, a la condición de volver al cuerpo y lugar de origen en espacio y tiempo.
Hace poco estuve haciendo una somera investigación acerca del estos llamados “Viajes Astrales” porque el tema me fascina. Y lo que encontré fue una variedad de páginas virtuales que ofrecían información de cómo realizar los mentados viajes. Allí descubrí que la mayoría, sino todos, partían de la premisa de que estos eran experiencias posibles para cualquiera, siempre y cuando siguieran las pautas que luego describían. Otra cosa común que encontré en estos lugares fue que todos tenían como base teórica, o de fe, a la ideología, es un decir, Tibetana, budista o yoga, y algunas otras hasta entremezcladas con supersticiones.
A decir verdad y por lo general dudo mucho ante lo inexplicable, esta es una actitud escéptica espontánea mía, principalmente cuando se nos quiere revelar algo y para conseguirlo empiezan a dar todo un marco teórico de conceptos y definiciones que luego utilizaran para demostrar que todos sus planteamientos son verdaderos.
Y este preciso caso, el de los Viaje Astrales, no escapaba a dicho esquema en los lugares que visité. Primero, nos plantean la existencia de un universo o plano astral. Luego, el de un cuerpo astral o sutil, que para quienes hemos sido educados en la cultura Occidental y cristiana sería el Alma o Espíritu. Pero, para quienes no creen en la dualidad de la existencia, Alma-Cuerpo, como yo, esta sería nuestra misma indivisible unidad energía-cuerpo. Además, nos plantean la existencia de toda una diversidad de viajes, como en una aerolínea, de vuelos en grupos, inconciente, conciente o bajo hipnosis. También nos ofrecen el procedimiento de toda una técnica para lograr el Viaje Astral, es decir el Desdoblamiento o Salida de nuestra alma del cuerpo, sin la necesidad de morir, para lograr esta experiencia por supuesto, sino a través de la meditación, ya que una vez desdoblados seguimos unidos, alma y cuerpo por separados, por una cuerda de plata, sostienen. Claro está, que a estas alturas de mi somera investigación el tema ya perdía credibilidad por la manera como lo planteaban. Pero, con el marco teórico previo, si se daba por aceptado, podía justificarse todo.
Luego, como corolario, encontré que narraban las experiencias logradas en los Viajes Astrales por diversas personas, como para probar el hecho en sí, que para mí opinión y entender eran simples sueños que se logran recordar. ¿Por qué afirmo esto? Simplemente porque no se proporcionan pruebas concretas. Los “Yo estuve…” “Conozco a alguien que…” “Mi maestro afirma que…” pueden ser testimonios verdaderos y de buena fe, pero suficientemente como para probar que tales experiencias, en su mayoría, son sueños enmarcados en el límite del subconsciente.
En definitiva, nos dice que los viajes astrales son aquellos viajes que hace nuestro cuerpo sutil o astral a otros lugares (del plano astral) en el tiempo y el espacio para luego regresar, felizmente, al mismísimo mísero cuerpo y valle de lágrimas desde donde partieron; viajes que vienen dándose desde hace miles de años, a capricho y voluntad, por quienes dominan dicha técnica de desdoblarse.
Pero ¿Realmente será cierto? Me pregunto muchas veces porque soy un escéptico que deja una puerta abierta al raciocinio los fenómenos extrasensoriales. ¿Será posible ir y venir, a nuestra discreción y libre albedrío, por el universo? Aunque no solamente eso, sino: ¿Será posible que a través de dichos viajes astrales podamos, además, viajar alterando el tiempo? Es decir, que podamos ir al Sol, a Marte o Júpiter; que podamos salir de nuestra galaxia, la Vía Láctea, e ir por el universo cuya dimensión es infinita y solo puede medirse parte de él en millones de Años Luz y llegar a otras que nos sería abrumadoramente imposible lograrlo con la tecnología actual? ¿Serán posibles aquellos viajes cuando en la actualidad sólo hemos llegado a tocar, con mucho riesgo y esfuerzo, la punta de nuestra nariz al llegar a nuestro satélite: La Luna; y los únicos viajes que hacemos en el tiempo son las elucubraciones de nuestros recuerdos o la caprichosa imaginación que hagamos, cuando nos venga en gana, del futuro?
Realmente no lo creo. No creo que sea posible planteado de esa manera. La lógica me dice que seríamos totalmente diferentes si esos viajes fueran posibles, múltiples y a muestra propia discreción.
Pero, para mí, lo más importante es que mas allá de los anecdóticos “viajes astrales” de quienes lo hacen a diario y, repito, al libre albedrío, y que luego llenan las Págs. de aquellas Webs por doquier con sueños comunes y corrientes, existen muchas evidencias reales de que el hombre ha viajado por el Universo y el Tiempo rompiendo las barreras que lo limitan a la Tierra y al momento vivido. Eso es lo que me hace creer que la posibilidad sea real.
En la historia existen algunos ejemplos de personajes que han dejado plasmado sus experiencias ya sea como predicciones o ficciones literarias, o quizás ambas. Y entre muchos sólo quisiera mencionar a Miguel de Notradamus (“Las verdaderas centurias astrológicas y profecías, 1555”), Julio Verne (“Viaje de la Tierra a la Luna, 1865”) y Helbert George Wells (“La máquina del tiempo, 1895”).
Quienes hayan leído las predicciones de Nostradamus, las novelas de Julio Verne y H. G. Wells pueden imaginarse lo impresionante que resulta la relación que existe entre sus líneas literarias y la historia que acabamos de vivir, o estamos viviendo, habiendo sido escritas muchísimos años antes que sucedieran en la realidad, y de la cual somos testigos de excepción. Claro que hay otras evidencias más de un posible viaje astral del hombre, por así llamarlo, debido a que no existe otra posibilidad tecnológica de viajar a través del tiempo y el espacio, y no menos maravillosas, dependiendo de nuestro limite de credibilidad, sino, ¿Cómo explicamos los “Códigos Secretos de la Biblia”, “Las predicciones de las Pirámides de Egipto”, “Las Predicciones de los Mayas” entre otras más?  Pero como dije, dependerá mucho del límite que tengamos de dar crédito a un sin fin de teorías que van desde la más extravagantes a las más asombrosas por su posibilidad concreta.
Pero, dejemos de lado lo que podamos creer, a final de cuentas, como voluntad de un acto de fe, místico o mágico, y veamos su posibilidad real por las evidencias reales.
Y las evidencias reales nos muestran que han existido personas que han logrado vencer las sobrehumanas ataduras de las distancias galácticas y las barreras del tiempo, experiencias increíbles aun debido a la falta de una explicación científica.
Lo real y concreto es que dichos personajes tenían una increíble imaginación, poder de concentración y, según contaron ellos mismos, lograron sus visiones, o inspiraciones, a través del sueño o ensueño.
En mi humilde criterio un Viaje Astral no difiere en nada al “sueño” que podamos tener, a condición de poder dirigirlo y recordarlo. ¿Pero cual sería la diferencia con un evento extrasensorial? Ah, allí está el detalle.
Lo extrasensorial sería la capacidad de una persona de penetrar en lo más profundo de su propio ser y lograr llegar a aquel lugar, en la mente, en donde se une la espiritualidad con el universo cuántico que nos rodea. Aquel recóndito lugar en nuestro cerebro, o mente, desde donde fluye como un manantial nuestra conciencia y por lo tanto nuestras ideas y emociones. En aquellos espacios intercelulares de nuestro cerebro, en donde las ideas y emociones se manifiestan como pulsos eléctricos de nuestro neurosistema y/o de combinaciones químicas que producen nuestras hormonas como la Serotonina y otros. Justo en el lugar en donde se produce la “chispa” o salto quántico que incendiará la pradera de neuronas del cerebro para dar paso al universo de la conciencia, de las ideas y su interacción mutua.
Los Viajes Astrales, o como se les llamen, son toda una experiencia extrasensorial posible, de viajes a través del sueño, la concentración y la guía conciente.
Al principio dije que había hecho una somera investigación acerca del tema, por lo tanto creo que por la superficialidad que esas páginas mostraban no nos da una real comprensión de tales experiencias. Como comprenderán, el tema es mucho más complejo y trascendental, y carece absolutamente de algún carácter místico o religioso, que va desde los excepcionales poderes de la mente a la conjunción del conocimiento milenario con la llamada ciencia actual. Si soy escéptico a la mayoría de casos anecdóticos, eso no me limita a sentir admiración por quienes, muy pocos, logran dicha experiencia siguiendo las enseñanzas de los maestros Tibetanos, o quizás hasta podría incluir, la experiencia onírica que tuve ayudado por un brebaje de la milenaria cultura amazónica: El Ayahuasca. El mismo que narro bajo el titulo de: “Ayahuasca, Un Viaje al Infinito” en una serie de notas… (Buscar en Google).
Para terminar este tema, que quedará meciéndose por mucho tiempo aun en el columpio, “Cierto-No Cierto”, del pensamiento del común de la gente, diré, desde mi óptica de escritor de ficciones, que las experiencias de los Viajes Astrales son una rica fuente de inspiración.

viernes, 8 de abril de 2011

¿Clase Sociales?... algo obsoleto.


Hola… Soy ciudadano originario de una República Bananera, también conocida, por merito propio, como “Republiqueta”. Ubicado en el patio trasero del Imperio, o mejor dicho: en el trasero del mismo. Al Este de la injusticia, al Oeste de la miseria y en el mismísimo Centro de la corrupción. Esa es mi tierra, entre los polos Norte y Sur de este lotizado y repartido mundo global. Aunque luego inmigré y viví, como dijera Martí, en la mismísimas “entrañas del monstruo”.
Hoy, de vuelta a este hermoso país del sur, que no tiene la culpa de ser tratada como la prostituta de la burguesía en el poder porque la usa, explota, vende o regala a doquier; aun así, es mi patria original, a la que defendería hasta con la vida de mi… gato… por lo de las siete vidas. Aquí vivo, cuando vengo del norte, en un lindo vecindario de clase media alta y mas alta, en donde la mayoría de mis vecinos son honestos médicos, abogados, ingenieros, empresarios y también algunos ladrones muy bien camuflados “de cuello duro y corbata”, asalariados de la política; aunque además, por allí haya un burócrata infiltrado, de mísero salario pero tan corrupto como el agua cloacal o baba de dragón de Komodo, porque sólo de esa manera pudo comprar el terreno y construir su casa en este exclusivo lugar, y así, vivir con los que, dice él, son de su misma clase o condición. Mmm… quizás tenga mucha razón aunque no se dé cuenta del por qué.
“¿Y… un profesor puede vivir allí?” me pregunta alguien disfrazado de periodista, con un tonito de voz y cara de simular inocencia porque sospecha mi devoción.  
“¡No jodas pe, estoy hablando en serio!”  Le contesto, ya que adivino sus intenciones de hacer justamente eso, joder.
Pero, justamente en este barrio de la abundancia, lo paradójico de todo esto es que ninguno de mis vecinos reconoce que existan clases sociales. Y mucho menos que existan ricos y pobres, sino hombres muy inteligentes y trabajadores, como ellos, y los brutos y ociosos de siempre, como los de los barrios marginales. Con los que no confraternizan, sino en la exclusiva relación: Empleado-Patrón. 
Como serán de inteligentes y optimistas mis vecinos que creen que todos tenemos Calefacción, Aire acondicionado, Cable TV, Teléfono e Internet en casa propia y que vivimos en el paraíso porque la crisis es un cuento; y el que no lo tiene, es porque no quiere, y lo justifican diciendo que están en su derecho: “Para eso vivimos en libertad y democracia, la que renovamos cada cinco años”, comentan.
¿Y los servicios del agua, gas y luz eléctrica?
“¡Por dios, eso lo tenemos todos desde el siglo pasado!” creen los benditos.
Pero no todo es desacierto en mis vecinos, de todas maneras tienen algún tino, ¿y si no, cómo hicieron su dinero? Por ejemplo, todos construyeron sus casas en la ciudad y en la playa, con garajes grandes en ambas para parquear los autos del señor, la señora y el “niño o la niña”. Sí, el “niño o la niña”, entre comillas, porque ya fuman, beben, tiene carros, licencia de conducir; y si el “niño” no ha embarazado a aun a la empleada, la “niña” ya podó el tronquito del hijo del jardinero.
No cómo los vecinos de mi antiguo barrio, de clase media a secas, que la crisis de los 80s los mandó a la mierda y a mí a gringolandia, quienes se matan trabajando y sí creen en las clases sociales, pero con la particularidad de creer que no pertenecer a ninguna. Aunque confían que pronto llegará el día de su suerte, en que las cosas cambien, y se contagien de amnesia y pasen a vivir a este barrio de mis vecinos, los que no creen que las clases existan. Claro que no quieren esperar mucho, por lo pronto la mayoría de sus casas tienen garaje, aunque sin ningún carro para estacionar. ¿Y el “niño” de la casa? Ah, él estudia en escuela privada para no mezclarse con la chusma del colegio estatal; pero “elhijodepu#@” no tiene reparo en besar a la hermosa hija de la empleada del hogar a escondidas, a la vez que le niega el saludo cuando la ve pasar y él está con sus amigos.
“Estudia hijo y hazte profesional. ¿Ya ves lo que hizo el hijo del vecino? Ese que estudio internado en un colegio de curas, se hizo ingeniero, se fue a los Estados unidos y ahora que ha regresado vive allá, en el barrio de los ricos”. Le escuché decir a mi antiguo ex vecino a su “niño”, otro vago de 22 años, rey del taco, la tiza y la minga, cuando lo fui a visitar.
“Mi mamá dice que ese, tu amigo, no cree en Dios y es comunista!!!” le respondió llorando el malcriado mientras recibía la propina, y se iba tirando la puerta al salir a la calle, a jugar… ¿billar?.
No puedo negar que mis vecinos son muy educados y corteses, por lo general me invitan a sus fiestas, a las que no suelo ir sino en muy raras ocasiones, por sentirme como bicho raro entre ellos, aunque me malinterpretan y me crean gringo y soberbio, no obstante, ellos sí lo son… para los del otro barrio.
Vivir tanto tiempo fuera de la patria tiene sus inconvenientes porque lo convierte a uno en un desarraigado y casi sin amigos. ¿Qué puedo hacer?
Sí, a decir verdad creo que yo soy el problema. Porque desde hace mucho tiempo, desde que tuve uso de razón, admiro a Fidel y al Che Guevara. Y hoy a Correa, Chávez, Morales y Lula.
“¡Ajá!… ¡Entonces eres un maldito comunista!” me dice el mismo sonso de hace un rato, como lanzándome una piedra a la cara.
Mmm… No lo creo, pienso, porque honestamente me conozco mejor que nadie y sé que nunca he sido tan bueno. Pero sí creo que las Clases sociales existen y en su pleito inacabable como motor de la historia.
“¡Entonces eres Marxista!” insistirán otros más educados, frunciendo las cejas.
“Es decir, un terrorista!!!” añade un lumpen de la ultra derecha.
Claro, ¿También soy Newtoniano porque creo en la Ley de la Gravedad? O ¿Darwiniano por creer en la Evolución de las Especies? O ¿Einsteniano por la Teoría de la Relatividad?... ¿y así hasta el infinito, por algo tan natural?
“¡Pero no crees en Dios!” insisten los cucufatos y “quemavelas”, no sé si por joder o a manera de decirme el peor de los insultos.
“¡Creo en Dios tanto como lo cree el Papa!” les contesto de todo corazón y sin dudar ni pestañar.
Y se calman, yéndose tranquilos de que mi pensamiento tenga temor y dueño, justo cuando empiezo a reírme a carcajadas con la purísima verdad que les dije.
Pero no me malinterpreten, a veces yo mismo me pregunto: “¿Existirán las Clases sociales?” y me quedo pensativo, sentado en mi silla reclinable y bajo la sombrilla, al lado de la piscina de mi nada humilde casa de playa bebiéndome un peruanísimo Pisco sour que el barman me trajo, admirando el hermoso atardecer en la playa de Asia, al sur de Lima, y con mi laptop en mis rodillas, terminando de escribir este fastidioso tema: “¿Existirán las Clase Sociales?”.
“Hey, Julio… -Llamo al barman estirando la mano con la copa vacía-… Tráeme otro… y tú tómate uno también”.
Es muy probable que Julio lo haga, pero él no osará sentarse a mi lado ni brindarme su amistad.
“Gracias señor!”. Me responde respetuosamente julio al alcanzarme la copa. Él vive muy cerca a este vecindario, cruzando la carretera asfaltada de la Panamericana y la invisible valla de la infranqueable frontera económica de nuestra división social, en un barrio que no reúne las mínimas condiciones para una vida con dignidad.
“¡Ajá… Ahora sí te atrapé: Eres un comunista de mierda!” me grita ya Uds. saben quién.
No, no lo soy. Pero recuerdo que hace treinta años, cuando recién llegué a gringolandia, al terminar de excavar una pequeña zanja a mano, pico y pala, porque el tractor no alcazaba entrar a esa esquina cuando construíamos unos condominios en California, mi patrón se acercó y me dijo: “Tenemos una barbacoa mañana en casa, te espero a ti y tu familia.” Y cinco años después me gradué, saqué licencia de constructor y fuimos socios de la misma empresa. Cinco años más tarde establecí la mía. Veinte años después… quebré… Y hoy, plácidamente retirado, escribo cuentos como este en esta playa del sur de Lima.
¡¡¡Salud!!!
“¿Entonces, en qué quedamos?… ¿Existen clases sociales o no?... Puta madre, este comunista de mierda me ha confundido”.