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lunes, 3 de septiembre de 2012

LA DESPEDIDA

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John miraba el triste rostro de su esposa ante su inminente partida. Quería consolarla pero temía causarle más pena aun. Por eso solo atinó a decirle: “Joanna, eres muy bella, amor, y te recordaré cada día que esté lejos de ti.”
Joanna era una mujer de mediana edad cuyo lozano rostro había envejecido recientemente debido a la tristeza provocada.
Ella, aferrada a las manos de su marido, le dijo: “Nunca nos habíamos separado antes. No sé lo que es estar lejos de ti, y me da mucho miedo”.
“No será por mucho tiempo, querida… -repuso John, y agregó-… aunque en estas cosas todo es muy relativo”.
“¿Y si me llevas contigo… hoy?”
“Mmm ya lo hablamos querida y sabes que no es una opción… Pero no hablemos mas de eso, no tiene importancia. Lo que me preocupa es como quedan las cosas. ¿Podrás controlar todo lo que acordamos hasta el día que vengas a mi lado?”
“Sí. Puedo valerme por mi misma, pero lo que me da miedo es hacer ese viaje sola”.
“No te preocupes, yo estaré esperando tu llegada”.
John, sabiendo que la hora había llegado, besó los labios de su amada y sintió el sabor salado de las lágrimas que rodaban por la mejilla de ella. Joanna tembló, abrazó fuertemente los hombros de su marido y le correspondió el beso de despedida como queriendo entregarle su corazón.
John, esa misma noche, a los pocos minutos de haber besado a su amada, y con una dulce sonrisa en los labios, cayó en un ya previsto coma profundo del que no despertaría.

miércoles, 22 de agosto de 2012

COMANDO TERRORISTA TOMA POR ASALTO EDIFICIO FEDERAL, MDC, EN EL CENTRO DE LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.


ALERTA DE ÚLTIMO MINUTO: COMANDO TERRORISTA TOMA POR ASALTO EDIFICIO FEDERAL, MDC, EN EL CENTRO DE LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.               

“El edificio federal del Metropolitan Detention Center, MDC, de la ciudad de Los Ángeles, California, ha sido tomado por asalto por un comando terrorista esta tarde, alrededor de las 4 pm, hora de la costa oeste.”
“Un comando terrorista, aún no identificado, de por lo menos 10 hombres fuertemente armados con fusiles de largo alcance y automáticas, ingresaron a la fuerza, disparando a matar a quienes encontraban en su paso, al Centro de Detención de acusados por delitos federales, la mayoría de los casos relacionados con el narcotráfico. Aunque también están confinados allí peligrosos asaltantes de bancos, estafadores y miembros de la milicia y supremacía blanca, todos en calidad de acusados, en espera de que sus respectivos juicios sean resueltos en la corte federal.”
Estas fueron las noticias que se propalaron por la radio, la TV e Internet, esa tarde. Y de inmediato comenzaron las especulaciones. “Es un comando de sicarios terrorista del Cartel del narcotráfico que quiere rescatar a sus líderes,” decían  unos.  “Son los terroristas del Al Qaeda…” o “Son los terroristas del Ku Klux Klan…”decían otros.
Pero la realidad era aun peor que los rumores, porque la administración del gobierno federal ya estaba en una crisis, y este asalto al MDC la empeoraba.
Hacía horas, temprano en la mañana, el presidente de los Estados Unidos había recibido una llamada urgente del Primer Ministro Ruso, vía el casi obsoleto teléfono rojo, alertándole que un golpe insurreccional comunista estaba en curso y que corría el riesgo de ser derrocado; hecho que, desde ya, sin necesidad de concretarse, pondría inmediatamente en alerta la seguridad americana. Sin embargo esta mala noticia no sería lo única que tendrá que enfrentar, ya que su Sistema de Vigilancia Global Satelital le anunciaba que los ejércitos de varios países del Medio-Este, Irán entre ellos, se estaban movilizando amenazadoramente, preparando un ataque a Israel en una guerra santa total.
No está de más recordar que, luego de la caída del Muro de Berlín, los EEUU había demostrado de manera nítida e incuestionable al mundo entero, de que eran la única superpotencia, capaz de aplastar a cualquier país, grupo de países, potencia o potencias del orbe, aún si estuvieran sumidos en una de las peores crisis económicas; sí, su poder militar era y es  enormemente devastador…
Sin embargo, ahora un factor más, de carácter interno, se sumaba a la ya crisis generada: Un movimiento de la extrema derecha americana, de identidad racista y terrorista (el Ku Klux Klan entre ellas), había tomado por asalto un edificio federal en el centro de la ciudad de Los Ángeles y lanzado una proclama secesionista de guerra civil contra el Gobierno Federal y el Nuevo Orden Mundial.
La crisis en la que se ve sumida los EEUU de Norteamérica, a esas horas de la tarde, es de máxima alerta; y quienes creen que este problema es solo de ellos, los “gringos”, están equivocados, porque lo que esta superpotencia haga como respuesta para resolver su crisis, afectará a todos en este único mundo en que vivimos… desde las medida económica hasta la posibilidad de una guerra nuclear.
¿Si la guerra del Medio-Este era inminente, cómo neutralizarían a los EEUU a no intervenir? ¿Los EEUU permitirían el restablecimiento del Comunismo en Rusia, y por consecuencia a sus ex satélites de la llamada Unión Soviética, en medio de la crisis económica mundial…? ¿Las organizaciones de la derecha y extrema derecha Americana se plegarían al llamado de los Insurrectos Supremacistas del asalto al MDC?... MICHAELANGELO  BARNEZ
El Jihad: La Guerra Santa… El argumento de la novela surge de la palpitante actualidad, de las tragedias que vivimos todos los días, en la cual la frondosa imaginación del autor le da un curso novelesco. Esta no es una obra fantasiosa ni futurista, sino dramáticamente verosímil y actual; y aunque los personajes tienen nombre propio, estos son desnudados y mostrados transparentemente no sólo en acciones sino en sus motivos e intereses. La novela presenta la secuencia casi fílmica de lo que sucede actualmente, la que  termina en escenas que ojala jamás sucedan, aunque los acontecimientos actuales nos están demostrando, en luctuosos hechos de amenazas y agresiones, que todo puede suceder…

miércoles, 11 de julio de 2012

Te Veré en Sueños in Kindle Edition


Amigos… La novela “Te Veré en sueños” estará a disposición de todos y sin ningún recargo en:
TE VERÉ EN SUEÑOS IN KINDLE EDITION
TE VERÉ EN SUEÑOS es la historia de las vicisitudes de Rose, una mujer con extraordinarios poderes extrasensoriales, quien presa de extrañas experiencias de sueños y ensueños, busca al hijo extraviado en el laberinto de la vida y la muerte. TE VERÉ EN SUEÑOS, es una misteriosa historia de amor y aventura…
Si desean la versión real, de un libro…
Clic el Link:  TE VERÉ EN SUEÑOS

lunes, 7 de mayo de 2012

Reunión de Café con Michaelangelo Barnez


Esta será una reunión breve en donde el autor de: “Te Veré en Sueños”, Michaelangelo Barnez, conocerá personalmente a los Fans de la novela mencionada, departirá una breve charla con ellos y les entregará un ejemplar de una de sus novelas, debidamente autografiadas, como un obsequio por ser miembros del club de Fans.
Nota: Miembros confirmar asistencia en:
Otros, incorporarse a Fans de la novela “Te Veré en Sueños” para recibir un ejemplar autografiado de ella, en:

miércoles, 11 de abril de 2012

¿Será Posible?

John era un hombre muy metódico y disciplinado, aunque de pensar lento. Padre amoroso de dos hijas y esposo fiel, responsable al detalle del quehacer domestico familiar, debido al horario de obrero textil que tenía en el turno nocturno y su disponibilidad de tiempo durante el día. ¿Pero, cómo lo hacía? Así. Salía de la fabrica a las 6.00 am. A las 7.00 llegaba a casa y preparaba el desayuno, les servía a sus hijas y luego las llevaba a la escuela privada que su salarió entero no podría cubrir. De regreso a casa, 8:30, su esposa, María, ya se había marchado al empleo que tenía en una empresa constructora importante, así que desayunaba solo. Dormía de 10 am a 4 pm, y se levantaba para ir a recoger a sus niñas del colegio. Al regreso las ayudaba con las tareas escolares mientras preparaba la cena. A las 7pm cenaban, por lo general, los tres solos… A las 9 pm las niñas iban a la cama y él al trabajo.
Su esposa era todo lo contrario a John. María era una mujer muy inteligente, moderna, liberal y feminista, quien había asumido como mayor responsabilidad en su vida su profesión de ingeniero, además del objetivo de lograr el mayor sitial en la dividida e injusta sociedad, cuyas reglas la discriminaban por el solo hecho de ser mujer. Amaba a sus hijas pero no tenía tiempo para darles “el cariño que quisiera, hijas mías… -les decía en algún momento de los fines de semana-… porque debo trabajar mucho para poder pagar todo lo que tienen”, ya que era la única oportunidad en que las veía.
“¿Señorita Nora, podría ver a mis hijas? Mi esposa va a demorar un poco y yo tengo que ir a trabajar”, dijo John. Él tenía que recurrir por ayuda de la joven vecina del condominio en donde vivían, cuando su esposa no llegaba.
 Una noche de esas, en camino al trabajo, tuvo que desviarse de su ruta habitual y dar un extenso rodeo debido a un accidente de tránsito, y al pasar por un discreto motel vio la camioneta de María estacionado en el parqueadero de este. Un escalofrío recorrió su cuerpo ante la instantánea idea que le vino a la mente. Realmente él no supo cómo llegó manejando a las puertas de la fabrica en donde laboraba, pero se bajó como un autómata, entró al recibidor, ponchó su tarjeta de ingresó y, abrumado por sus pensamientos, fue caminando a la maquina textil que ya usaba más de 10 años, y sin responder los saludos de sus compañeros se puso a trabajar.
Esa noche perdió dos dedos, debido a que por su distracción la cortadora de tela que usaba se los cercenó. Así que su jornada de trabajo terminó en el hospital.
A los dos días, cuando le dieron de alta, estuvo sentado por horas en el sofá de la sala de su casa, solo, sin hacer nada, pensando en lo injusto que era la vida. Sus dedos perdidos y el dolor que le causaba ya no le importaban. Era su alma la que sufría, porque María se había marchado del hogar llevándose a sus hijas.
John siempre guardó ese temor oculto en el fondo de su alma. Desde el día que acabaron la secundaria y se juraron amor eterno, él sabía que María era mucha mujer para él.
“Somos muy pobres para educarnos en una profesión. Nuestros padres no podrán con los gastos, ni siquiera en una estatal”, dijo María en ese entonces al ganar su ingreso libre a una universidad debido a sus altos calificativos obtenidos, cuando solo tenía sus dulces 17 años, segura de querer seguir una carrera universitaria.
“Yo no creo que pueda ingresar, si a las justas he terminado la secundaria… -acotó John, y añadió-… y tampoco tengo intenciones de ser profesional”.
“En cambio yo quiero ser Ingeniero, quiero estudiar Ingeniería Civil”, dijo María como una plegaria, mirando al cielo.
“Mi padre se va a jubilar este verano y piensa dejarme su puesto en la empresa textil donde labora… Creo que ya tengo mi futuro definido”, dijo John mirando y admirando la belleza de María. 
María era más que un rostro bonito, porque la naturaleza le había dado, además de un cuerpo exuberante, una mente vivaz y aguda, que quienes la trataban podían comprobar. Los hombres mayores del barrio la miraban con deseos libidinosos, sin prestar atención al brillo de inteligencia que mostraban sus ojos… y John, a su lado, no existía.   
“John, te quiero, te quiero con todo mi corazón. ¿Por qué no nos casamos?” le pidió María acurrucándose en sus brazos.
“Tus padres, ni los míos lo permitirían. No tenemos un lugar propio, y ni en tu casa ni en el mío hay lugar”.
La conversación de los jóvenes amantes recién graduados continuó en la cama. María le entregó su virginidad y John se sintió haber llegado a cielo por un instante. Luego de un breve silencio, John habló… solemnemente.
“María, voy a aceptar trabajar en la fábrica y tu vas a ir a la universidad… ¡Te lo prometo!”
De los ojos de John salían gruesas lágrimas, provocados por los recuerdos de juventud, las que rodaban por sus mejillas siguiendo los surcos que la vida había marcado en su rostro. Sin embargo, guardaba silencio. Se miró las manos. Una estaba pulcramente vendada, mientras que la otra mostraba los duros callos ganados en sus batallas de 8 horas de trabajo diario, y sus uñas sucias de la grasa que usaba en la maquina, la misma que le castigó por su distracción. 
A los pocos días lo llamaron a reincorporarse al trabajo. La empresa lo quería de regreso en la fabrica para tenerlo sentado las ocho horas en el área de descanso del taller, con tal de no extenderle el permiso medico. Así que John, como no podía conducir su auto, tomó el tren, solo serían cuatro estaciones de paradas y llegaría a su trabajo. Esa noche, en su confusión, provocado por las pastillas contra el dolor y el embrollo que sentía en el alma, se bajó en la tercera estación como un sonámbulo, dejando olvidada su caja de lonchera. Al percatarse de su error ya no pudo regresar al mismo vagón, porque las puertas se habían cerrado y el tren ya se había puesto en marcha. Por lo que tuvo que esperar al siguiente vagón. En plena espera llegó a escuchar un estruendo lejano, pero no le dio importancia. Entonces subió al vagón que ya tenía en frente de él, cuyas puertas ya se abrían. No bien se puso en marcha el tren , este tuvo que detenerse por una emergencia… Una bomba había explotado y destruido la estación cuatro, hacía solo unos minutos.
John de todos modos llegó al trabajo y fue al área reservada para su sentada jornada de ocio de 8 horas, en donde vio los detalles de la noticias. Pero luego el sueño lo venció.
John fue despertado bruscamente cuando unos hombres uniformados y fuertemente armados le cayeron encima, sin miramientos a su condición de convalecencia, y lo ataron de pies y manos. Y así, encapuchado, lo llevaron a la estación de policía. A John lo acusaban de haber dejado una bomba en el vagón en que viajaba y haberse bajado en la estación anterior en compañía de una mujer… y la policía tenía los videos de las cámaras de seguridad del lugar para demostrarlo. Esto, además del perfil sicológico por el que atravesaba, lo hacía el principal sospechoso del atentado. 
John no durmió durante 24 horas, entretenido en interrogatorios, cachetadas, traslados, más interrogatorios y cachetadas, y vasos de café, hasta que fue liberado libre de culpa. El nunca admitió los cargos, pero se dudó de su cordura por las respuestas que daba acerca de la persona que lo acompañaba en los videos. Felizmente, para él, los culpables ya habían sido identificados y arrestados.
De vuelta al sofá de su sala, solo, sentado, meditaba en silencio mirando la foto del video que uno de los oficiales que lo interrogó le permitió quedarse, a manera de disculpa por el equivocado arresto e insólito caso.
“¿Será posible?” se preguntó John, compungido y confundido, mirando fijamente a la figura que aparecía a su lado en la foto.
Y no pudo más contener su llanto. “Mamá… sé que siempre me acompañas… y esa noche me salvaste la vida al sacarme del vagón. Mañana, te llevaré flores al cementerio, mamá linda”.

lunes, 26 de marzo de 2012

Tiffany 2010


Hola soy Irenne, de solo 20 años de edad y sin embargo, el ser mas desgraciado del planeta. ¿Por qué? Ok, les contaré.
Soy bella, muy bella y vanidosa, tanto que hace dos años gané un concurso de belleza, el Tiffany 2010. Sin embargo la fama y la fortuna no me han traído la felicidad, porque hasta hace unas semanas no había encontrado el verdadero amor. ¿Entonces, debería estar feliz hoy? No es así, y ese es mi problema.
Conocí a Richy, un hombre bello, fuerte y muy amable hace quince días en un Centro Comercial de los muchos que hay aquí en Los Ángeles. Él se acercó a mí cuando estaba en una tienda de ropa para damas, en la sección de lencería para ser más precisa, y de manera muy natural entablamos una conversación que al final se transformó en amistad, aunque en mi corazón ya nacía esa extraña sensación del deseo y la ternura por estar junto a él. Así, al final solo quedé momentáneamente tranquila al concertar un nuevo encuentro para el día siguiente.
Los días pasaron y no hubo ninguno de estos en que dejáramos de vernos luego del trabajo, e inclusive los fines de semanas. Así, devenimos en enamorados y yo sentía que el corazón me iba ha estallar cada vez que nos besábamos e incluso perdía el conocimiento por segundos, pero felizmente él me sujetaba fuertemente con sus brazos.
Cada día íbamos a un lugar nuevo de esta gran ciudad Angelina. Al teatro, al cine, de paseo en una góndola por una Venecia artificial, a los juegos de básquetbol, béisbol o fútbol, sino a cenar a un bonito restaurant. Los besos y caricias que nos dábamos eran muy discretos y nunca faltaron, aunque él era muy delicado y nunca fue más allá de la segunda base cuando estábamos solos.
Pero hoy, esta noche, creo que ya llegó el momento y deseo perder mi virginidad. Virginidad que he conservado hasta hoy, no por motivos morales ni religiosos, sino porque estaba esperando al hombre indicado, a quien amaría con todo mi corazón. Quizás he construido todo un mito acerca del amor y el modelo del ser amado, pero sé que Richy es mi hombre y a él se lo entregaré. Además, sé que me ama, sé que me corresponde hasta hoy… aunque desconoce algo muy importante de mi vida, y no sé cuál será su reacción cuando llegue a saberlo, a pesar de que me ha jurado su amor incondicional.
Ahora, en medio de estos atormentados pensamientos, miro y admiro mi escultural cuerpo, totalmente desnuda frente al espejo, luego del baño, lista para vestirme e ir al encuentro culminante con mi amado. Sin embargo, no puedo dejar de sufrir por aquella horrible cosa que veo colgar en mi pubis, que ni el premio a mi belleza puede calmar, y solo puedo exclamar con rabia y tristeza:
“¡Dios, porque me lo diste si soy una mujer!” 

sábado, 17 de marzo de 2012

XXX

Estábamos Rachael y yo parados muy cerca de la cama, totalmente desnudos y apretando mutuamente nuestros cuerpos. Nuestros besos eran apasionados e intensos, en donde nuestros labios se buscaban afanosamente sin encontrar una perfecta posición que perdurase más de dos segundo, siendo interrumpidos por el incesante jugueteo de nuestras lenguas y el movimiento de nuestros rostros, a tal punto que parecía que ambos queríamos devorarnos el uno al otro. Hasta que el besarnos no nos bastó.
Entonces fue que bajé a su cuello anegado del sudor que compartíamos. Ella gimió, mientras yo sentía el salado de su piel, y desde ese momento no se detuvo, sino que la intensidad de estos aumentó según iba mordisqueándola suavemente. No me entretuve demasiado allí porque no tenía mucho tiempo, y bajé a sus redondeados hombros y luego a sus senos. Sus gemidos aumentaron y su cuerpo se contorneo cuando quise casi deglutir uno de sus senos. No sé si fui muy delicado con ella, porque mis mordiscos siendo suaves provocaban en ella alaridos de placer, pero ningún gesto de rechazo a que me detuviera.
Ella tiró su cabeza hacia atrás y comenzó a menear su blonda cabellera, mientras se abandonaba totalmente a mis caricias.
Yo la sostenía con mis brazos cruzados alrededor de su fina cintura y la besé hasta que me fue imposible ir más lejos de donde ya había llegado. Fue cuando Rachael enderezó su cuerpo y con ambas manos me guió a besar sus anegados labios, por lo que la solté sin más dilación y tuve que arrodillarme, a la vez que ella levantaba una de sus piernas para ponerlas sobre uno de mis hombros y sujetarme fuertemente… fue así que me hundí en la anegada espesura que me ofrecía Rachael.
“Corten!… -Dijo el director de la película que filmábamos, y agregó-… Demonios!!! Han demorado demasiado… Continuaremos después del almuerzo”.
“Te lo dije, John… -Me dijo Rachael sonriendo debido a mi inexperiencia, y añadió-… esta no es una escena de amor sino de puro sexo explicito, esta es una película xxx, pero ya aprenderás”.
Creo que Rachael, una estrella del cine porno con quien hice lo que nunca creí posible hacer con una mujer, debido a que yo era un actor joven, inexperto y desempleado, tenía razón. Pero mi problema personal era que mi esposa hacia lo mismo en casa cuando yo no estaba.

viernes, 9 de marzo de 2012

Una Segunda Oportunidad

Mi alegría fue creciendo al límite del paroxismo cuando vi aparecer, en la pantalla de mi televisor, uno a uno los números ganadores del Super Lotto de la lotería de California del ticket que tenía en la mano. La sala de mi casa se volvió un loquerío por los gritos y abrazos de mi familia. Sí, allí estábamos mi esposa, mis tres hijas y yo… ah, y mi perro también, el que no dejaba de correr y saltar por los sofás. No exagero si digo que faltó poco para que, por la emoción y el forcejeo de los abrazos que nos dimos, rompiéramos el bendito ticket ganador. Realmente estábamos fuera de sí, o al menos yo, porque por un poco pierdo el conocimiento ya que no podía respirar bien. Felizmente me recuperé y no alarmé a nadie, aunque cuando nos retiramos a descansar no pude dormir hasta muy entrada la madrugada.
Al día siguiente, tan pronto desperté, mi esposa me esperaba con el suculento Brunch dominical (comida muy tarde para ser un Breakfast y muy temprano para ser un Lunch). Antes de sentarme en la mesa para dar curso a lo que mi esposa pondría delante mío, quise librarme de la preocupación que me perseguía desde que puse un pie fuera de la cama, y este era el confirmar los números ganadores de la lotería, así que abrí la puerta principal de la casa, recogí el diario y de vuelta a la mesa del comedor busqué la noticia. Aun así no estuve conforme y lo busqué nuevamente en internet. Sí, no había dudas, habíamos ganado el premio mayor de la lotería de California… Entonces dije por primera vez:
“TENEMOS UNOS JODIDOS CIENTO VEINTE MILLONES DE DÓLARES EN EL BOLCILLO, MALDITA SEA!!!”
Y por primera vez mi esposa no se enojó por haber maldecido en casa y, peor aún, en la mesa. Sólo atinó a decirme con tranquilidad:
“No nos van a dar esa suma, cariño. ¡No olvides que el tío Sam es el primero en cobrar!”
“Oh sí. Creo que los gobiernos Federal y del Estado se llevarán un poco más de treinta millones juntos… aún así, noventa millones es mucho dinero”, dije.
“Tampoco nos lo darán todo de una sola vez, cariño, sino en veinte años, creo…” replicó mi esposa, mientras me acercaba las tortillas de maíz calientitas para iniciar a comer el Brunch mexicoamericano que había preparado.
“Sí, sí, tienes razón… Serán unos cuarenta los que depositarán a nuestra cuenta. De todos modos, mañana ni nunca más vuelvo a trabajar.” Dije tomando una bocanada de aire porque volví a sentir la sofocante emoción de haber ganado el premio.
Lo que nos sucedió ese año fue abrumador. Compramos casas… en la playa de Malibú y en la montaña del Big Bear, en California, a orillas del lago. Compramos TV digitales con pantallas gigantes con su respectivo sistema de audio estéreo, y otras de tamaño normales para cada cuarto. Compramos refrigeradoras, congeladoras, lavadoras, secadoras, aire acondicionado y ya no sé que más, porque nos llenamos de cosas que no necesitábamos pero salían en los anuncios por la TV, que fueron almacenados sin uso en el garaje; aunque los viejos artefactos que teníamos antes se quedaron arrumados en la casa vieja. Compramos autos, vans, camionetas 4x4, un yate y un inmenso camper… Sí, el verbo “Comprar” era el que más se conjugaba por todos en casa, sin la preocupación del mañana o de una posible escases. No. ¿Por qué preocuparse, si teníamos cuarenta millones inacabables? Y si se agotaban tendríamos dos más a fin de año, al siguiente y al otro… y así, por veinte años más.
La familia entera hicimos una lista de familiares y amigos cercanos, que llegó a la cantidad de mil integrantes, con mucho esfuerzo, a los que les enviamos mil dólares a cada uno, sí, un millón de dólares en total. Y otro tanto a las instituciones de niños con cáncer y a los abandonados… Luego nos largamos sin fecha de regreso a recorrer América en nuestro Camper, como un escape de un lugar que ya nos asfixiaba por la cantidad de gente que, sin conocernos, hacía una fila y tocaba nuestra puerta, pidiendo dinero o queriendo vendernos algo.
Así, partimos con dirección al Gran Cañón del Colorado y otros tantos lugares de los cientos que ya habíamos seleccionado en nuestra Guía-Mapa.
Pero, al único lugar que no habíamos planeado ir, en nuestra euforia… fue a un profundo barranco, al que caímos por haberme quedado dormido mientras manejaba en la penumbra de la noche.
Aunque malherido fui el único que sobrevivió a la fatal caída, para mi mala suerte, porque tuve que ver y constatar que mi esposa y mis hijas estaban muertas… y el dolor que embargó mi alma fue mayor que el de mis heridas. En esos momentos sentí que iba a enloquecer, porque no me resignaba a tal perdida, y maldije mi suerte. Entonces, así como un día pedí que mi vida cambiara, pedí ahora:
“Por favor, dame una segunda oportunidad, por favor”.
Entonces desperté abruptamente. Allí, tendido en mi cama, a lado de mi esposa, quien dormía profundamente porque aun no amanecía. Me levanté presuroso y miré por la ventana. Allí estaba mi auto y la camioneta pick-up de trabajo, parqueados frente al porche de la casa. Sí, mi linda casa viejita. Entonces salí de mi dormitorio y caminé por el hall para ir al de los de mis hijas. Ellas estaban allí, dormidas plácidamente. Luego fui al comedor y, por la puerta pequeña de la puerta grande que daba al jardín, apareció mi perro, más feliz que nunca, moviendo la cola y gimiendo por vernos de regreso. 

jueves, 16 de febrero de 2012

La frontera

Estaba al frente de un gran alambrado, abarrotado de gente que buscaba la forma de ver y encontrar a sus familiares, amigos o conocidos del otro lado de esta, sin poder hacer nada por trasponer dicha inmensa barrera. Y yo no era la excepción de esa preocupación en ese mar de gente de identidad étnica multicultural. Sí, allí estaban gentes de todas las edades y géneros, procedentes de todas las culturas que yo conocía en ellos, o adivinaba reconocer, por sus vestimentas, apariencias raciales e idiomas, todos con un solo denominador común dibujado en sus rostros: La desesperación por transponer la barrera o comunicarse con los suyos.
Era tanto el tumulto y el frenesí de la gente que me era imposible acercarme al alambrado, así que decidí alejarme un poco para así buscar algún claro, por donde poder escurrirme y acercarme hasta aquella muralla de alambre.
Cuando me alejé un poco más de veinte metros de distancia del gentío pude ver mejor el panorama… y lo que vi, me asombró. En realidad, las características ya descritas no cambiaban, solo que fui más consciente de su magnitud. A mi izquierda y derecha, el mar de gente agolpada contra la cerca no tenía fin. Y cuando levanté mi rostro para ver la altura de la valla, esperé encontrar alambres enrollados con púas en su tope, pero no fue así. En realidad, no pude ver la parte más alta porque esta se perdía en un cielo nublado, que supuse que era una mezcla de la neblina del campo y el denso humor de la gente en este cálido día.
Entonces me alejé un poco más y más… y caí sentado sobre el engramado de ese inmenso campo. No sé, creo que mi mirada abarcaba la distancia de varios kilómetros en ambos lados a pesar de sus ondulaciones, y lo que vi me golpeó el corazón: en realidad… era lo mismo que ya había visto, pero en otra magnitud. Había allí… ¿millones de personas? Sí, porque la fila de gente se perdía a la distancia de aquella sinuosa pradera.
También vi que había mucha gente que se alejaba; cabizbajos muchos, aunque otros demostraban tranquilidad o alegría al alejarse. Pero la multitud no disminuía ya que otro tanto continuaba llegando.
“¿Señor, pudo acercarse al alambrado?” Pregunté inocentemente a quien se retiraba y pasaba por mi lado.
“Sí… Vi a mi familia y pude decirle adiós. Ahora estoy tranquilo, ya puedo irme, no hay forma de cruzar esta frontera.”
“¿Pero, no lo va intentar?” le pregunté con el ánimo de incluirme en la aventura.
“Ya lo hice, señor. Estoy aquí más de un año. Se ve que Ud. Recién llega”.
“Sí, y ni siquiera me he podido acercar al alambrado. ¿Es posible ver a los familiares?”
“Si te apuras, sí, porque ellos también se alejan… a vivir sus vidas.”
Entonces el hombre se marchó.
“Tengo que lograr acercarme”, me dije a mi mismo tomando una resolución, al momento que me ponía de pie, y me dirigí resueltamente al gentío que se apretujaba contra la malla metálica.
No sé como lo logré, después de abrirme paso entre el asfixiante tumulto de desesperados, pero lo logré.
“¿Wow, que es esto?” me pregunté extrañado cuando estuve pegado al alambrado. Realmente no sé cómo explicarlo, pero la malla era aparentemente metálica, solida. Sin embargo no lo podía tocar ya que se desvanecía ante mi intento, aunque si lograba retenerme al intentar querer cruzarlo. Lo máximo que pude hacer allí fue estirar los brazos, e inclusive las piernas, a través del alambrado ya que no me lo impedía, pero dar un paso adelante me fue imposible… Aun así, hice innumerable intentos hasta que me di cuenta que era en vano continuar con el esfuerzo.
“¿Estarán usando barreras de campos electromagnéticos? Mmm… No sabía que la tecnología ya la había hecho realidad”. Me dije dándome una explicación.
Miré a mis costados y en ambos casos vi como la gente alargaba sus manos por tocar a los suyos, entre sollozos, para luego irse. Aunque otros se quedaban y continuaban con la tortura de verlos sin poder hacer más.
Luego miré hacia adelante, en busca de los míos… y no vi a nadie que pudiera reconocer en medio de un gentío que se acercaba y alejaba para luego desaparecer en la bruma ya que la visión era muy borrosa por la neblina circundante.
Allí me quedé un día, el otro y el siguiente, y así perdí la cuenta del tiempo. Hasta que, un día, una ráfaga de viento aclaró la visión y pude ver a un niño muy pequeño, de poco más de un año, caminando cerca de la malla metálica:
“Mi nieto!” exclamé, y él me miró.
En su rostro pude ver sus ojos de alegría porque me reconoció, pero solo atinó a balbucear algunas palabras ininteligible.
Fue cuando su padre, es decir mi hijo, se acercó, lo cargó y se lo llevó, mientras le decía: “Es hora de almorzar, hijo”.
Increíblemente fue suficiente lo que vi y oí para sentirme reconfortado de mi desgracia de no poder estar allí, con ellos, y recién me di cuenta del límite del limbo en que me encontraba. Y con la esperanza de esperarlos allí el día cuando alguno de ellos cruce la frontera, me alejé a hacer mi propia vida.