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lunes, 26 de marzo de 2012

Tiffany 2010


Hola soy Irenne, de solo 20 años de edad y sin embargo, el ser mas desgraciado del planeta. ¿Por qué? Ok, les contaré.
Soy bella, muy bella y vanidosa, tanto que hace dos años gané un concurso de belleza, el Tiffany 2010. Sin embargo la fama y la fortuna no me han traído la felicidad, porque hasta hace unas semanas no había encontrado el verdadero amor. ¿Entonces, debería estar feliz hoy? No es así, y ese es mi problema.
Conocí a Richy, un hombre bello, fuerte y muy amable hace quince días en un Centro Comercial de los muchos que hay aquí en Los Ángeles. Él se acercó a mí cuando estaba en una tienda de ropa para damas, en la sección de lencería para ser más precisa, y de manera muy natural entablamos una conversación que al final se transformó en amistad, aunque en mi corazón ya nacía esa extraña sensación del deseo y la ternura por estar junto a él. Así, al final solo quedé momentáneamente tranquila al concertar un nuevo encuentro para el día siguiente.
Los días pasaron y no hubo ninguno de estos en que dejáramos de vernos luego del trabajo, e inclusive los fines de semanas. Así, devenimos en enamorados y yo sentía que el corazón me iba ha estallar cada vez que nos besábamos e incluso perdía el conocimiento por segundos, pero felizmente él me sujetaba fuertemente con sus brazos.
Cada día íbamos a un lugar nuevo de esta gran ciudad Angelina. Al teatro, al cine, de paseo en una góndola por una Venecia artificial, a los juegos de básquetbol, béisbol o fútbol, sino a cenar a un bonito restaurant. Los besos y caricias que nos dábamos eran muy discretos y nunca faltaron, aunque él era muy delicado y nunca fue más allá de la segunda base cuando estábamos solos.
Pero hoy, esta noche, creo que ya llegó el momento y deseo perder mi virginidad. Virginidad que he conservado hasta hoy, no por motivos morales ni religiosos, sino porque estaba esperando al hombre indicado, a quien amaría con todo mi corazón. Quizás he construido todo un mito acerca del amor y el modelo del ser amado, pero sé que Richy es mi hombre y a él se lo entregaré. Además, sé que me ama, sé que me corresponde hasta hoy… aunque desconoce algo muy importante de mi vida, y no sé cuál será su reacción cuando llegue a saberlo, a pesar de que me ha jurado su amor incondicional.
Ahora, en medio de estos atormentados pensamientos, miro y admiro mi escultural cuerpo, totalmente desnuda frente al espejo, luego del baño, lista para vestirme e ir al encuentro culminante con mi amado. Sin embargo, no puedo dejar de sufrir por aquella horrible cosa que veo colgar en mi pubis, que ni el premio a mi belleza puede calmar, y solo puedo exclamar con rabia y tristeza:
“¡Dios, porque me lo diste si soy una mujer!” 

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