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jueves, 21 de marzo de 2013

Derrame Cerebral

porsche

John era un hombre relativamente joven, de 58 años, de excelente estado físico debido a que era deportista y mantenía una actitud jovial y despreocupada, quizás por ser un exitoso empresario en el campo del Arte y Espectáculo.
Pero la imagen que reflejaba en su círculo amical y mundano, de hombre feliz y exitoso, no correspondía con la de su vida amatoria. Hacía ya varios años que había terminado muy discretamente su vida conyugal con su esposa, Brigitte, aunque vivían juntos en la misma residencia. Los hijos ya habían dejado el seno familiar y se habían alejado de sus padres debido a la agria relación que estos mantenían últimamente, además de ser absorbidos por las que ellos mismos desarrollaban en sus nuevas familias y el magnífico ambiente de cordialidad del de los de sus parejas.
No es muy difícil adivinar que para una pareja en crisis, como la de ellos, tanto John y Brigitte, mantenían respectivas relaciones extramaritales, aunque eran muy discretos. Pero, ¿Por qué no se habían divorciado? Aparentemente hubiera sido una solución a la doble vida que llevaban ambos.
“Mira, John, las acciones de la compañía las has obtenido debido al matrimonio con Brigitte. Su padre te admiraba, pero era muy precavido y antes de morir puso como condición, en su testamento, que serías el presidente del directorio, como accionista mayoritario, mientras perdurase el matrimonio y si, como afirmas, ella sabe de tu otra relación y lo tolera, entonces sigue así, es lo que más te conviene”.  Le dijo muy claramente su abogado al ser consultado acerca de la posibilidad de un divorcio.
“Brigitte, no solo soy tu abogada sino también tu mejor amiga y te advierto que un divorcio sería la peor opción de tu vida. El lio que se armaría en el proceso de división de bienes los arruinaría económicamente a ambos, y estoy segura que tu marido lo sabe. Lo que si te recomiendo es que te vayas de viaje por el mundo y disfrutes de la vida con tu amante.” Le aconsejó la abogada, amiga y confidente ante la inquietud de Brigitte.
Pero ya había pasado más de un año, desde la coincidente consulta legal, y aun seguían conviviendo en el mismo lugar. Inclusive, habían hecho un intento de reconciliación en la noche del aniversario de bodas, pero resultó un fiasco total para ambos. Hasta que una noche, Brigitte no soportó más y quiso solucionar el problema de manera radical… y espero a su marido en el lobby de la casa…con una calibre 38 en mano.
Esa noche John estacionó su Porsche deportivo de color amarillo al frente de su mansión, donde solo él podía hacerlo, entre la fuente de agua y los escalones de la casa. Al entrar a ella encontró a Brigitte parada en medio del lobby, vestida de negro y sosteniendo un arma en la mano, al lado de su muslo, sin apuntarle, aunque sin intenciones de ocultarlo. A John le subió una fuerte corriente de calor hacia la cabeza, a la vez que se figuraba lo que iba a ocurrir, porque a él mismo se le había ocurrido la misma idea hacía un tiempo atrás, aunque la había desechado como algo totalmente descabellado.
John vio como Brigitte levantó el arma y esta se detuvo apuntándole a la cara, y quedó paralizado a escasos dos metros de distancia. Pudo ver el negro agujero de la 38 y detrás el duro rostro de su mujer. Estuvo a punto de implora calma, pero el destello de una potente luz lo encegueció y cayó pesadamente al suelo.
Cuando llegó la policía y la ambulancia encontraron a John en un charco de sangre en medio del lobby. Brigitte, ya sin el arma y cubierta de una bata de dormir, lloraba desconsoladamente mientras respondía las preguntas de estos.
A John lo llevaron de emergencia al hospital y los doctores diagnosticaron que él había sufrido un derrame cerebral, aunque su caída al suelo con la consecuente hemorragia lo había liberado de la fatal presión craneana que ocasionaría tal derrame, y así, salvado su vida… pero eso no lo libraba de las fatales consecuencias que le acarrearía.
Brigitte, aunque triste y asustada por los acontecimientos, se sentía liberada de toda culpa por no haber llegado a disparar. Tristeza y susto que duró muy poco, ya que a los quince días John regresó a casa aún convaleciente y con un largo proceso, prescrito por los doctores, de una terapia para su recuperación. Si en un principio se sintió culpable del estado de John, este sentimiento se transformó en compasión, pero, semanas más tarde, en fastidio e intolerancia ante el “imbécil” que tenía delante, que babeada constantemente, arrastraba los pies y, por si esto no fuera suficiente, se cagaba y orinaba en los pantalones.  Claro está que Brigitte no atendió a su esposo en ningún momento. Simplemente contrató a una enfermera para que se encargara de todo y luego se lo llevó a Miami para internarlo en una clínica de rehabilitación y desentenderse totalmente del problema, humanitariamente, dinero había y de sobra. Luego se fue a pasear por el mundo con su adorado y juvenil amante, no sin antes dejar expresas ordenes al vicepresidente del directorio de la empresa que todo continuaba igual que antes.
“Amor mío, han sido los dos meses más terribles de mi vida. No sabes que ya se me habían acabado las babas, mierdas y orines fingiendo que no me recuperaba, pero al fin estoy libre. La muy estúpida de Brigitte ni siquiera se percató que las cámaras de vigilancia habían grabado todo lo sucedido esa noche en el lobby, y si no disparó, por lo menos hubo un intento de asesinato, y ya tengo el video a buen recaudo. Regresaré a casa y viviremos allí y si la bruja reclama algo más de lo que le voy a dar para que se divierta y no joda, la denunciaré… Llego a la media noche, en el vuelo 756, desde Miami, espérame en el aeropuerto”. Y John apagó su celular y se dispuso a transponer la puerta de abordaje del avión que lo llevaría a la tan ansiada felicidad con su nueva pareja. 

4 comentarios:

ROBERTO ANGEL Merlo dijo...

Sorprendente cuento Michelángelo.
Muy bueno.
saludos,
ROBER

MICHAELANGELO BARNEZ dijo...

Gracias Robert, encantado de que te haya sorprendido.
Saludos,

Palabras sueltas dijo...

Un placer leerte, gracias por compartir.
Saludos, Pilar

MICHAELANGELO BARNEZ dijo...

Dear pilar, encantado de que te haya gustado el cuento.
Saludos