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viernes, 22 de julio de 2011

EL PLANETA IOK-1

La cabina de mando era espaciosa, contaba con tres únicos asientos ubicados frente a tres pantallas grandes que permitía ver el espacio sideral en la medida y cercanía que escogieran los que controlaban la nave. En ella estaban el comandante de vuelo y sus dos asistentes sentados a ambos lados de él. Además, a su alrededor, habían otras cinco personas que ejecutaban las órdenes impartidas por quienes guiaban la nave intergaláctica, además de prever lo concerniente a la seguridad y control efectivo de todos los mecanismos digitales de ella; el resto, lo controlaba las sofisticadas computadoras bio-robóticas
Hacía solo unos instantes que la nave había sido tele-transportada, desde un remoto planeta del sistema de la estrella: δ Orionis (Mintaka), de la constelación de Orión, ubicado a 915 años luz, hasta las proximidades del borde del sistema solar de la Tierra, en la brevedad de un segundo.
“Mira, allí está…” dijo Zeus, comandante en jefe de la nave, a sus asistentes, Poseidón y Hermes, apuntando a un planeta azul, el tercero en una fila de otros de diversos tamaños próximos a alinearse perfectamente.
“Que bella es…” exclamó Poseidón, verdaderamente emocionado.
“Tenía muchas ganas de verla nuevamente. Felizmente terminamos de preparar el proyecto Nuevo Génesis en el nuevo planeta de la más antigua galaxia del universo: IOK-1.” Dijo Hermes.
“Estamos en el borde del sistema solar, ahora viajando a la velocidad de la luz… -Les interrumpió Zeus, y agregó-… cuando entremos al extremo de la órbita terrestre reduciremos nuevamente nuestra velocidad… y desde allí nos tomará menos de un minuto en llegar y entrar a la atmosfera terrestre”.
Los asistentes pasaron las palmas de sus manos a escasos centímetros de una consola, respectivamente, y los ajustes del viaje quedaron programados.
“Llegaremos exactamente en el momento proyectado. La alineación del sistema solar con el centro de la Vía Láctea está por ocurrir”, anunció Poseidón.
“¿Habrán algunos cambios o eventos cósmicos de último momento debido al fenómeno galáctico?” Preguntó Zeus.
“Lo que ocurra será muy leve y breve, solo afectará al clima y a la prolongación de las auroras boreales del norte hasta el ecuador. En realidad, el evento de la alineación lo hemos tomado solo como una referencia en el tiempo”, respondió Hermes.
“¿Seguirán siendo tan destructivos la especie superior en la tierra?” comentó Zeus.
“Creo que sí. Su tecnología aunque rudimentaria es muy destructiva, pero lo sabremos definitivamente dentro de poco, cuando escaneemos el planeta… -y cambiando de tema, Poseidón anunció-… Estaremos entrando a la órbita terrestre con el solsticio de invierno, no creo que nos detecten sus radares… Vamos a reducir la velocidad… ahora”.
“Hace poco sacrificaron a un emisario nuestro, creo que lo crucificaron…” comentó Zeus mientras miraba los controles de mando.
“Tres segundos para entrar a la atmosfera de la tierra…” Dijo Hermes a la vez que accionaba a la distancia un controlador del movimiento para evitar el cambio que se produciría por la entrada de la nave a la densa atmosfera a velocidad supersónica.
En el cielo se vio una gran explosión, como un relámpago y, a pesar que era de día, los continentes de Europa, áfrica y América se iluminaron aun más, escuchándose luego una gran explosión. La nave espacial había entrado a la atmósfera y había provocado tal evento, y esta siguió viajando como una bola luminosa alrededor de la tierra, de tal manera que todos sus habitantes pudieron verla.
Millones de personas de todas las razas, países y continentes se postraron de rodillas y pidieron perdón por sus pecados convencido de que el anunciado y tan esperado momento del fin del mundo había llegado.
“Allí, allí viene el ángel justiciero a separar a los justos de los pecadores…” Gritaban millones de asustados y fervorosos creyentes al mirar la radiante bola luminosa cruzar el cielo y provocar eventos catastróficos como terremotos, inundaciones y tsunamis, según el caso, a su paso.
“¡Oh, dios mío, sálvame, lleva mi alma contigo…!” gritaban millones de fieles al borde de la muerte, creyendo ver a los jinetes del apocalipsis en el cielo.
“Suficiente, eso es todo. Tenemos suficiente aura para el Proyecto Nuevo Génesis” anunció Zeus.
“Nos vamos, pero regresaremos en un nuevo alineamiento planetario” dijo Hermes.
“¿Seguirán creyendo que somos dioses?” preguntó con curiosidad Poseidón.
 “No lo creo, porque han mejorado su tecnología y fuimos detectado por sus radares” sentenció Zeus.
Y así, tal como apareció la nave espacial, desapareció del cielo con un gran estruendo acompañado de destellos luminoso de todos los colores.
“Los extraños fenómenos y catástrofes sufridos por el alineamiento planetario, anunciados para el 22 de diciembre de 2012, han terminado…” anunciaron los científicos de las naciones más desarrolladas, a sabiendas que había sido un OVNI el que lo provocó. Y esta noticia, una vez pasada la alteración de la sobrecarga magnética, fue repetida para todo el mundo por la TV, radio y diarios.
“Dios nos ha perdonado y concedido una nueva oportunidad para mejorar…” Anunciaba el santo padre frente la presencia de miles de fieles congregados en la plaza, a pesar de no haber recibido ninguna comunicación de los visitantes.
Solo los “locos o chiflados” de siempre dijeron que el fenómeno experimentado había sido provocado por la visita de los extraterrestres en sus OVNI y que tenían pruebas, aunque desconocían los motivos de su visita… pero fueron muy pocos los que les creyeron.
Así, empezó la etapa del éxodo del hombre a su nuevo hogar: el planeta IOK-1, en la galaxia más remota del universo.
A la tierra solo le quedaban 50 años de existencia antes de su destrucción, no por una catástrofe natural ni castigo de dios sino por la misma mano del hombre… Pero los mismos seres que la cultivaron antes, hoy empezaban a mudarla, no los cuerpos sino las almas.

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