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domingo, 16 de enero de 2022

EL OMNIBUS



Iba un ómnibus, nuevo y de color azul cielo, por la carretera que unía una ciudad de los suburbios con otra muy grande: Los Ángeles.
El ómnibus estaba casi lleno, sólo dos de sus asientos aún estaban libres.
El chofer, un hombre de rostro delgado, pálido y muy serio, con la vista fija en la carretera, no prestaba atención a la amena conversación de sus pasajeros ni al jolgorio de los de más atrás, y sin apuro, conducía el vehículo a mediana velocidad.
De pronto, al voltear por un recodo de la carretera, vio no muy lejos un tumulto de carros y gente en el camino. El chofer, inmediatamente, se puso en guardia y comenzó a disminuir la velocidad. Sí, había ocurrido un accidente.  
Cuando estuvieron muy cerca del fatídico lugar escucharon los lamentos de la gente, y todos en el ómnibus, muy curiosos, prestaron oídos y miraron por las ventanas.
“Pobres criaturas…!”
“Fue por proteger a su mascota…!”
“Juro que no pude hacer nada, se metieron a la carretera de improviso, yo frené pero no pude evitarlos…!”
Fue lo que oyeron, porque carros y gente ocultaban a las víctimas que yacían sobre el asfalto de la carretera.
El chofer del ómnibus, conduciendo muy despacio, hizo un giro muy lento para evitar el tumulto, hecho que satisfizo la morbosa curiosidad de sus pasajeros por mirar. Así, avanzó unos metros más y se detuvo en una zona despejada, al borde de la carretera, entonces presionó un botón ubicado en el tablero de control, entre el encendedor y la radio, y la puerta hidráulica del ómnibus se abrió.
Allí, al lado de la carretera y frente a la puerta abierta estaba parado un niño con una amplia sonrisa en los labios, llevando en sus brazos a un perrito “Chiguagua”. El niño subió y se sentó en el asiento libre, poniendo a su lado, en el otro asiento, a su querida e inquieta mascota, en medio del aplauso de los pasajeros.
“¡Estamos completos!” Anunció el chofer del ómnibus color azul cielo cerrando la puerta y, aumentando la velocidad, se perdió en la larga carretera camino a Los Ángeles.  

martes, 19 de octubre de 2021

TIFFANY 2010


Hola, soy Irenne, de solo 20 años de edad y sin embargo, el ser más desgraciado del planeta. ¿Por qué? Ok, les contaré.
Soy bella, muy bella y vanidosa, tanto que hace dos años gané un concurso de belleza, el Tiffany 2010. Sin embargo la fama y la fortuna no me han traído la felicidad, porque hasta hace unas semanas no había encontrado el verdadero amor. ¿Entonces, debería estar feliz hoy? No es así, y ese es mi problema.
Conocí a Richy, un hombre bello, fuerte y muy amable hace quince días en un Centro Comercial de los muchos que hay aquí en Los Ángeles. Él se acercó a mí cuando estaba en una tienda de ropa para damas, en la sección de lencería para ser más precisa, y de manera muy natural entablamos una conversación que al final se transformó en amistad, aunque en mi corazón ya nacía esa extraña sensación del deseo y la ternura por estar junto a él. Así, al final solo quedé momentáneamente tranquila al concertar un nuevo encuentro para el día siguiente.
Los días pasaron y no hubo ninguno de estos en que dejáramos de vernos luego del trabajo, e inclusive los fines de semanas. Así, devenimos en enamorados y yo sentía que el corazón me iba ha estallar cada vez que nos besábamos e incluso perdía el conocimiento por segundos, pero felizmente él me sujetaba fuertemente con sus brazos.
Cada día íbamos a un lugar nuevo de esta gran ciudad Angelina. Al teatro, al cine, de paseo en una góndola por una Venecia artificial, a los juegos de básquetbol, béisbol o fútbol, si no a cenar a un bonito restaurante. Los besos y caricias que nos dábamos eran muy discretos y nunca faltaron, aunque él era muy delicado y nunca fue más allá de la segunda base cuando estábamos solos.
Pero hoy, esta noche, creo que ya llegó el momento y deseo perder mi virginidad. Virginidad que he conservado hasta hoy, no por motivos morales ni religiosos, sino porque estaba esperando al hombre indicado, a quien amaría con todo mi corazón. Quizás he construido todo un mito acerca del amor y el modelo del ser amado, pero sé que Richy es mi hombre y a él se lo entregaré. Además, sé que me ama, sé que me corresponde hasta hoy… aunque desconoce algo muy importante de mi vida, y no sé cuál será su reacción cuando llegue a saberlo, a pesar de que me ha jurado su amor incondicional.
Ahora, en medio de estos atormentados pensamientos, miro y admiro mi escultural cuerpo, totalmente desnuda frente al espejo, luego del baño, lista para vestirme e ir al encuentro culminante con mi amado. Sin embargo, no puedo dejar de sufrir por aquella horrible cosa que veo colgar en mi pubis, que ni el premio a mi belleza puede calmar, y solo puedo exclamar con rabia y tristeza:
“¡Dios, porque me diste eso, si soy una mujer!” 

viernes, 28 de mayo de 2021

LA REALIDAD

 

LA REALIDAD

POR MICHAELANGELO BARNEZ

Anoche tuve un hermoso sueño. Soñé que estaba con mi esposa paseando por la playa, justo cuando el sol iba a tocar el horizonte, lo que hacía    que todo adquiriera un color dorado, ambos mirábamos el atardecer sin decirnos palabras, y cuando nos miramos juntamos nuestros labios y un profundo sentimiento de amor nos invadió, del cual jamás nos saciamos a pesar de haber pasado más de 50 años del primer beso que nos dimos al ser enamorados.

Pero como todos los sueños son efímeros, desperté. No quise abrir los ojos por unos minutos, con la intensión de prolongar el dulce ensueño que me había provocado el tener la sensación casi real de haberla visto, abrazado, besado y compartido con ella unos minutos en la playa, cuando en realidad ella ya se había marchado a la eternidad, hacía ya unos años.

Jamás pude superar mi soledad, por más que lo intenté abriendo mi corazón para otras relaciones. Pero eso solo fue una disposición de mi ánimo, experiencias de las cuales nunca devino en amor. Más jóvenes y bonitas no lograron hacer el mágico efecto, si no ratificaron que solo la quería a ella. Pero, en realidad, no estaba absolutamente solo, e inclusive podía afirmar que ella no me había abandonado, ya que todos los días la pensaba y sentía dentro de mí. Hubo momentos que pensé que había perdido la razón, porque durante mis quehaceres de la casa, la sentía a mi lado y la oía susurrarme palabra de amor o de calma a mi nostalgia con el “Ya llegará en momento…”

Así que después de unos minutos de embelesamiento con mis anhelos, me levanté diciéndole: “disculpa, cariño, tengo cosas que hacer” y proseguí con mi rutina matinal del aseo y desayuno.

Como jubilado tengo mucho tiempo para disfrutar de mis placeres como leer, ver películas, escribir historias y cocinar, muy concentrado en cada una de esas actividades, hasta que de súbito la siento a mi lado. No la veo de manera real “en carne y hueso”, ni como un fantasma o nube etérea. Si no que ya aprendí, gracias a su guía, a sentirla con el corazón.

Pero hoy, con despertarme tarde, levantarme más tarde, el aseo y el desayuno ligero en el dormitorio, se me había ido toda la mañana. Y como recordaba que para celebrar el Día del Padre vendrían mis hijos a celebrarlo con un almuerzo, me vestí de Sport elegante.

Al salir de mi dormitorio oí la algarabía que hacían mis nietos en el primer piso, lo que significaba que mis hijos y sus esposas ya estaban en casa. Entonces me dispuse a bajar, y al hacerlo por las escaleras pude ir viendo que ya estaban alrededor de la mesa, dispuestos a empezar el banquete.

“Huy, ya me estaban esperando” me dije y seguí bajando.

Allí, en la mesa, vi a mis nietos, sus padres y… y… a mi adorable esposa, presidiendo el brindis.

"Quiero que brindemos por mi querido esposo y adorable padre de Uds. en su Día. Él, a pesar de ya no estar fisicamente, siempre estará presente entre nosotros…"

Y ella se quebró, no pudo decir una palabra más, pero sus hijos y nietos la consolaron, mientras yo era un mudo e invisible testigo desde el otro lado de la realidad.

miércoles, 3 de febrero de 2021

¿QUÉ ME ESTÁ SUCEDIENDO?

 

 

¿QUÉ ME ESTÁ SUCEDIENDO?

By Michaelangelo Barnez. Enero 2021.

Diciembre del 2020 fue fabuloso, realmente fabuloso e increíble. Uds. Se preguntarán por qué si para la mayoría fue una desgracia en los negocios y en la salud. Bien, les contaré el por qué.

Hace unos meses, en plena cuarentena, una linda chica solicitó mi amistad virtual en FB, la que acepté, como usualmente hago, ya que siempre reservo un espacio para los nuevos amigos; pensando que sería una amistad más con quien compartir mis trabajos literarios.

 Pero la relación fue más allá, “poquito a poquito, suave, suavecito, nos fuimos pegando”, como cantaban Fonsi y Daddy Yankee, y sin darme cuenta, llegamos a convertirnos en asiduos amigos del chat de Messenger. Hasta que se transformó en un adictivo habito porque ella me estaba gustando más de lo normal.

Todo empezó con sus melosos halagos a mis cuentos, lo que motivó que le obsequiara una de mis novelas en formato PDF. Entonces me confesó que ella también escribía y que tenía problemas para hacer una novela, que era el gol que se había propuesto para el 2020, al término del 2019, y ya había pasado la mitad del año y nada, a pesar de estar confinada en casa. Y yo, que no suelo acepta los chats, caí redondito, empujado por la vanidad y, además, para que mentirles, impresionado por la hermosura de aquella “chica”, y la llamo así, “chica” cuando suelo decir Mujer, debido a la fragilidad de figura y los 22 añitos, que ella misma confesó, lo ameritaba.

Así pasamos horas y semanas hablando de la técnica de cómo hacer una novela, salpicados de comentarios y anécdotas de la vida y problemas de los escritores clásicos y afamados, terminando cada sesión con las infaltables tareas que le dejaba diariamente, porque esa era la condición del próximo chat, lo que ella cumplía con exactitud y destreza. Pero esta informal relación de profesos-alumno, derivó en algo más, ya que nuestras conversaciones fueron fluyendo de una manera muy natural a una con intimidad, entremezclado con pasajes de nuestras vidas, anhelos, ambiciones y problemas, etc. Hasta que llegó lo inevitable de una relación en donde una de las ellas ya tenía un propósito. Puedo decir con honestidad que cuando la conocí yo no tenía ninguna intensión afectiva o sexual con ella, quizás sí en mi subconsciencia de lobo solitario, lo más probable, pero luego de meses de chats literarios estos se transformaron en platónicamente románticos, para pasar luego a los escabrosos temas sexuales. No puedo negar que, para un hombre como yo, viudo y de 70 años, las insinuaciones de la joven me excitaban y revolvía la poca testosterona que me quedaba aun y… me sentí bien, muy bien, dejando que mi libido abandonara la silla de ruedas para volver correr sus consabidos caminos. Aunque yo, viendo bien el panorama, no me hacía ilusiones, ni las alimentaba. Por eso, una noche cuando el chat se puso extremadamente caliente, di un giro, lo más éticamente profesional posible, a nuestra conversación para enfriar la atmosfera alcanzada, y desvié el tema fuera de lo personal encargándole el trabajo de escribir un cuento en el género erótico. “Uf”, me dije para mis adentros al cerrar el chat y fui a darme una ducha de agua fría, bien fría.

Al día siguiente muy temprano recibí su cuento, y no puedo negar que me gustó mucho, en términos literarios. Su trabajo demostraba que había asimilado las lecciones dadas, incluso descubrí que copiaba mi estilo, simple, informal y especialmente narrado en primera persona, con un final inesperado, como siempre deben de ser los cuentos.

Pero había un gran detalle, ineludible detalle que iba más allá de la técnica de escribir y de la ficción literaria. Y este era que la trama del cuento realmente era el recuento, escrito con mucha destreza, de lo que habíamos estado haciendo estos últimos meses de retiro obligado, aderezados con pensamientos y ensueños eróticos, contado muy románticamente, en insinuaciones e ilusiones, de lo que yo podía reconocer como lo vivido y compartido durante estos meses de cuarentena. Y que terminaba brillantemente con la inesperada muerte del escritor en la ficción, pero que, en la realidad, era yo.

Como es lógico, yo lo tomé como lo que realmente era: un cuento y nada más.

En la noche, a la hora habitual, nos conectamos en el chat de Messenger. Y le di mi impresión de su cuento, y no escatimé en los halagos que realmente merecía. Traté de mantenerme neutral y no darme por aludido en el tema y desenlace del cuento.

Pero ella me preguntó si yo reconocía algo más allá de las palabras escritas en cuento.

Y, moviendo la cabeza negativamente, le dije fríamente: “¡No!”.

Entonces ella rompió en llantos, un incontenible y sentido llanto.

“Profesor!”, dijo calmándose, y añadió “este en realidad no es un cuento, sino una declaración de amor, el amor que siento por Ud. desde ante de que aceptara mi solicitud de amistad”.

“Pero lo nuestro no puede ser, existe una barrera infranqueable entre tú y yo, y es nuestra edad. Te llevo 50 años de diferencia, ¿comprendes? Realmente me siento halagado, feliz de compartir esos sentimientos que creí que jamás volvería a sentir y que tú has provocado en mí” le dije con la mayor ternura, mirándola a los ojos.

Mientras que en un pequeño recuadro de la pantalla virtual del chat podía ver mi rostro arrugado y ojeroso, semicalvo.

“¿Qué crees que pensarán tus padres, familiares y amigos, de solo vernos caminar juntos por las calles o sentados en un restaurante compartiendo lo que sea?”

Ella ya había enjugado sus lágrimas, y su juvenil rostro se iluminó cuando me dijo: “No me importa, para el amor no existen edades. Amémonos mientras podamos sin importarnos nada, porque nadie sabe quién se ira primero, porque nada está escrito. Hazme feliz aceptando mi amor, sin condiciones”.

Y tan pronto terminó la cuarentena empezaron nuestros encuentros sexuales, en donde la vitalidad que imponía la diferencia de edades se compensaba con mi destreza adquirida en años. Así pasaron meses de exquisito gozo, en la cama y de largas caminatas, los que no estaban en mis planes a estas alturas de mi vida.

Así llegamos a diciembre, cuando sucedió lo impensable.

Una tarde, al ir a un supermercado de herramientas y ferretería, en el Jockey Plaza de Lima, conocí a una bella y voluptuosa mujer, de unos 50 años, de manera casual y enmascarados, cumpliendo el protocolo pro salud, en la línea de espera para pagar lo comprado. Con quien congenié de inmediato luego de una charla y café de por medio, donde pudimos ver los detalles de nuestros rostros y enterarme de que era divorciada y con muchas ganas de vivir la vida loca. El extremado coqueteo de la bella y sensual mujer dio resultado, y olvidándome del peligro del acercamiento físico por la pandemia, como no éramos unos chiquillos, me atreví a decirle: “si te pido un beso ven dámelo, yo sé que estás pensándolo, desde que te vi estoy intentándolo”. Y ella como un resorte me ofreció sus labios. Y nos besamos ardientemente por solo un instante por estar en un lugar público y con restricciones. Pero el beso francés que nos dimos fue un mensaje mutuo de que queríamos más y mirándola a los ojos cantaba para mis adentros “esta beba está buscando de mi bambam, quiero ver cuánto amor a ti te cabe…” mientras ella sostenía mi mirada, como sabiendo lo que pensaba. Y así me vino a la mente otro verso más “esta belleza es un rompecabezas, pero pa' montarlo aquí tengo la pieza”. Y nos fuimos a la cama… en su mismísima casa.

Cuando desperté no pude evitar el pensar, “¿Qué me está sucediendo, acaso soy un pinche puto?”, porque lo que no me había ocurrido desde mi adolescencia, lo estaba ahora, de viejo y viudo.

Entonces moví a un lado el voluptuoso cuerpo de la mujer que me había saciado a plenitud, cuando súbitamente me vino un fugaz pensamiento que no pude reprimir, comparando la satisfacción que había experimentado con esta experimentada mujer y la de mi joven aventura; movimiento que hizo que la despertara.

“Deseo ir al baño” le dije como excusa por haberla despertado y me levanté.

“Es la segunda puerta del corredor” me dijo con ternura, y salí.

Cuando llegué allí, empujé la puerta… pero ese no era el baño, sino el dormitorio de… mi alumna, con quien, desnudo, me encontré cara a cara con ella, ambos con los ojos desorbitados por la sorpresa.

Entonces escuché a mis espaldas la voz de la mujer que me había dado un tremendo placer, diciéndome: “¡Y ahora lárgate de la casa!”, Y comprendí de inmediato la trampa tendida por ella para separarnos, ya que resultó ser la madre de mi joven alumna, quién había sido advertida de los amoríos de su joven hija con un vejete.

Y así, regresé a mi insípida vida.


domingo, 13 de diciembre de 2020

¿SERÁ POSIBLE?

John era un hombre muy metódico y disciplinado, aunque de pensar lento. Padre amoroso de dos hijas y esposo fiel, responsable al detalle del quehacer doméstico familiar, debido al horario de obrero textil que tenía en el turno nocturno y su disponibilidad de tiempo durante el día. ¿Pero, cómo lo hacía? Así. Salía de la fábrica a las 6.00 am. A las 7.00 llegaba a casa y preparaba el desayuno, les servía a sus hijas y luego las llevaba a la escuela privada que su salarió entero no podría cubrir. De regreso a casa, 8:30, su esposa, María, ya se había marchado al empleo que tenía en una empresa constructora importante, así que desayunaba solo. Dormía de 10 am a 4 pm, y se levantaba para ir a recoger a sus niñas del colegio. Al regreso las ayudaba con las tareas escolares mientras preparaba la cena. A las 7pm cenaban, por lo general, los tres solos… A las 9 pm las niñas iban a la cama y él al trabajo.
Su esposa era todo lo contrario a John. María era una mujer muy inteligente, moderna, liberal y feminista, quien había asumido como mayor responsabilidad en su vida su profesión de ingeniero, además del objetivo de lograr el mayor sitial en la dividida e injusta sociedad, cuyas reglas la discriminaban por el solo hecho de ser mujer. Amaba a sus hijas, pero no tenía tiempo para darles “el cariño que quisiera, hijas mías… -les decía en algún momento de los fines de semana-… porque debo trabajar mucho para poder pagar todo lo que tienen”, ya que era la única oportunidad en que las veía.
“¿Señorita Nora, podría ver a mis hijas? Mi esposa va a demorar un poco y yo tengo que ir a trabajar”, dijo John. Él tenía que recurrir por ayuda de la joven vecina del condominio en donde vivían, cuando su esposa no llegaba.
 Una noche de esas, en camino al trabajo, tuvo que desviarse de su ruta habitual y dar un extenso rodeo debido a un accidente de tránsito, y al pasar por un discreto motel vio la camioneta de María estacionado en el parqueadero de este. Un escalofrío recorrió su cuerpo ante la instantánea idea que le vino a la mente. Realmente él no supo cómo llegó manejando a las puertas de la fábrica en donde laboraba, pero se bajó como un autómata, entró al recibidor, ponchó su tarjeta de ingreso y, abrumado por sus pensamientos, fue caminando a la máquina textil que ya usaba más de 10 años, y sin responder los saludos de sus compañeros se puso a trabajar.
Esa noche perdió dos dedos, debido a que, por su distracción, la cortadora de tela que usaba se los cercenó. Así que su jornada de trabajo terminó en el hospital.
A los dos días, cuando le dieron de alta, estuvo sentado por horas en el sofá de la sala de su casa, solo, sin hacer nada, pensando en lo injusto que era la vida. Sus dedos perdidos y el dolor que le causaba ya no le importaban. Era su alma la que sufría, porque María se había marchado del hogar llevándose a sus hijas.
John siempre guardó ese temor oculto en el fondo de su alma. Desde el día que acabaron la secundaria y se juraron amor eterno, él sabía que María era mucha mujer para él.
“Somos muy pobres para educarnos en una profesión. Nuestros padres no podrán con los gastos, ni siquiera en una universidad estatal!”, dijo María en ese entonces, al ganar su ingreso libre a una universidad debido a sus altos calificativos obtenidos, cuando solo tenía sus dulces 17 años, segura de querer seguir una carrera universitaria.
“Yo no creo que pueda ingresar, si a las justas he terminado la secundaria… -acotó John, y añadió-… y tampoco tengo intenciones de ser profesional”.
“En cambio yo quiero ser Ingeniero, quiero estudiar Ingeniería Civil!”, dijo María como una plegaria, mirando al cielo.
“Mi padre se va a jubilar este verano y piensa dejarme su puesto en la empresa textil donde labora… Creo que ya tengo mi futuro definido!”, dijo John mirando y admirando la belleza de María. 
María era más que un rostro bonito, porque la naturaleza le había dado, además de un cuerpo exuberante, una mente vivaz y aguda, que quienes la trataban podían comprobar. Cuando paseaban por las calles y parques, los hombres mayores la miraban con deseos libidinosos, sin prestar atención al brillo de inteligencia que mostraban sus ojos… y John, a su lado, no existía.   
“John, te quiero, te quiero con todo mi corazón. ¿Por qué no nos casamos?” le pidió María acurrucándose en sus brazos.
“Tus padres, ni los míos lo permitirían. No tenemos un lugar propio, y ni en tu casa, ni en el mío hay lugar”.
La conversación de los jóvenes amantes recién graduados continuó en la cama. María le entregó su virginidad y John se sintió haber llegado a cielo por un instante. Luego de un breve silencio, John habló… solemnemente.
“María, voy a aceptar trabajar en la fábrica y tú vas a ir a la universidad… ¡Te lo prometo!”
De los ojos de John salían gruesas lágrimas, provocados por los recuerdos de juventud, las que rodaban por sus mejillas siguiendo los surcos que la vida había marcado en su rostro. Sin embargo, guardaba silencio. Se miró las manos. Una estaba pulcramente vendada, mientras que la otra mostraba los duros callos ganados en sus batallas de 8 horas de trabajo diario, y sus uñas sucias de la grasa que usaba en la máquina, la misma que le castigó por su distracción. 
A los pocos días lo llamaron a reincorporarse al trabajo. La empresa lo quería de regreso en la fábrica para tenerlo sentado las ocho horas en el área de descanso del taller, con tal de no extender el permiso médico. Así que John, como no podía conducir su auto, tomó el tren, solo serían cuatro estaciones de paradas y llegaría a su trabajo. Esa noche, en su confusión, provocado por las pastillas contra el dolor y el embrollo que sentía en el alma, se bajó en la tercera estación como un sonámbulo, dejando olvidada su caja de lonchera. Al percatarse de su error ya no pudo regresar al mismo vagón, porque las puertas se habían cerrado y el tren ya se había puesto en marcha. Por lo que tuvo que esperar al siguiente. En plena espera llegó a escuchar un estruendo lejano, pero no le dio importancia. Entonces subió al vagón que ya tenía en frente de él, cuyas puertas ya se abrían. No bien se puso en marcha el tren, este tuvo que detenerse por una emergencia… Una bomba había explotado y destruido la estación cuatro, hacía solo unos minutos, anunció los portavoces.
John de todos modos llegó al trabajo y fue al área reservada para su sentada jornada de ocio de 8 horas, en donde vio por la TV los detalles de las noticias. Pero luego el sueño lo venció.
John fue despertado bruscamente cuando unos hombres uniformados y fuertemente armados le cayeron encima, sin miramientos a su condición de convalecencia, y lo ataron de pies y manos. Y así, encapuchado, lo llevaron a la estación de policía. A John lo acusaban de haber dejado una bomba en el vagón en que viajaba y haberse bajado en la estación anterior en compañía de una mujer… y la policía tenía los videos de las cámaras de seguridad del lugar para demostrarlo. Esto, además del perfil sicológico por el que atravesaba, lo hacía el principal sospechoso del atentado. 
John no durmió durante 24 horas, entretenido en interrogatorios, cachetadas, traslados, más interrogatorios y cachetadas, y vasos de café, hasta que fue liberado libre de culpa. Él nunca admitió los cargos, pero sus captores dudaron de su cordura por las respuestas que daba acerca de la persona que lo acompañaba en los videos. Felizmente, para él, los culpables ya habían sido identificados y arrestados.
De vuelta al sofá de su sala, solo, sentado, meditaba en silencio mirando la foto del video que uno de los oficiales que lo interrogó le permitió quedarse, a manera de disculpa por el equivocado arresto, los golpes y lo insólito del caso.
“¿Será posible?” se preguntó John, compungido y confundido, mirando fijamente a la figura que aparecía a su lado en la foto.
Y no pudo contener su llanto. “Mamá… sé que siempre me acompañas… y esa noche me salvaste la vida al sacarme del vagón. Mañana, te llevaré flores al cementerio, mamá linda!”.

domingo, 6 de diciembre de 2020

ALBERTO GÁLVEZ OLAECHEA Y "LA GUERRA SANTA-JIHAD"

Presentación de la novela: "La Guerra Santa-Jihad" de Michaelangelo Barnez por Alberto Gálvez Olaechea.



 “… “Señor Presidente, un comando terrorista tiene una ojiva nuclear en un edificio federal en Los Ángeles y amenaza con hacerla explotar si es que no cumplimos con sus exigencias de…” le comunica el agente del FBI. Esta era la dura esperada probabilidad haciéndose realidad en el seno del país más poderoso del mundo, Los Estados Unidos de América, y lamentablemente el más odiado también.”… LA GUERRA SANTA. Apasionante y controversial historia inspirada en los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad y el accionar de sus principales protagonistas. El desarrollo de América como líder del Mundo le ha generado enemigos irreconciliables que no pararan hasta verla sucumbir derrotada y destruida; así, llega el momento tan temido en que un comando terrorista amenazan con hacer explotar una bomba nuclear en el corazón de América. La historia se desarrolla más allá de la simple ficción literaria de una pelea entre buenos y malos. En LA GUERRA SANTA el autor plantea y brinda al lector las posibilidades reales del conflicto, permitiéndole seguir la trama con avidez, interactuando con sus sentimientos y creencias, como si se desarrollara en la realidad, con sus terribles consecuencias; con los mismos personajes que provienen de la palpitante realidad, las que vemos y oímos en los noticieros a diario, con sus nombres reales como protagonistas. La novela es un urgente llamado a la conciencia, apelando al profundo sentimiento de buena voluntad existente en todo ser humano, y no un mensaje de pesimismo apocalíptico e intimidación. El lenguaje y el tema siembran encargos claros en el espíritu de la gente lúcida y honesta de todas las naciones para reemplazar, ahora, toda una cultura de agresión y de violencia por otra de paz y convivencia. La primera edición se agotó totalmente, y ahora, al alcance del mundo entero, está la segunda edición a través de amazon.com. Léala, LA GUERRA SANTA le fascinará. Búscala en:

martes, 24 de noviembre de 2020

EDUARDO GONZÁLEZ-VIANA Y "LA GUERRA SANTA-JIHAD"

 Presentación de la novela "La Guerra Santa-Jihad" de Michaelangelo Barnez por Eduardo González-Viana


“… “Señor Presidente, un comando terrorista tiene una ojiva nuclear en un edificio federal en Los Ángeles y amenaza con hacerla explotar si es que no cumplimos con sus exigencias de…” le comunica el agente del FBI. Esta era la dura esperada probabilidad haciéndose realidad en el seno del país más poderoso del mundo, Los Estados Unidos de América, y lamentablemente el más odiado también.”… LA GUERRA SANTA. Apasionante y controversial historia inspirada en los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad y el accionar de sus principales protagonistas. El desarrollo de América como líder del Mundo le ha generado enemigos irreconciliables que no pararan hasta verla sucumbir derrotada y destruida; así, llega el momento tan temido en que un comando terrorista amenazan con hacer explotar una bomba nuclear en el corazón de América. La historia se desarrolla más allá de la simple ficción literaria de una pelea entre buenos y malos. En LA GUERRA SANTA el autor plantea y brinda al lector las posibilidades reales del conflicto, permitiéndole seguir la trama con avidez, interactuando con sus sentimientos y creencias, como si se desarrollara en la realidad, con sus terribles consecuencias; con los mismos personajes que provienen de la palpitante realidad, las que vemos y oímos en los noticieros a diario, con sus nombres reales como protagonistas. La novela es un urgente llamado a la conciencia, apelando al profundo sentimiento de buena voluntad existente en todo ser humano, y no un mensaje de pesimismo apocalíptico e intimidación. El lenguaje y el tema siembran encargos claros en el espíritu de la gente lúcida y honesta de todas las naciones para reemplazar, ahora, toda una cultura de agresión y de violencia por otra de paz y convivencia. La primera edición se agotó totalmente, y ahora, al alcance del mundo entero, está la segunda edición a través de amazon.com. Léala, LA GUERRA SANTA le fascinará. Búscala en:

DOS POEMAS DE AMOR

 Dos poemas de amor... De Michaelangelo Barnez







sábado, 18 de abril de 2020

A THOUNDSAND KISSES DEEP




A THOUDSAND KISSES DEEP
O MIL PROFUNDOS BESOS
by Michaelangelo Barnez
Miraba el plano de calles de Google que tenía en la pantalla de mi PC,
Mientras que con mi dedo índice seguía las líneas de las vías que recorrería.
Iba a ser una larga caminata nocturna, agazapado entre las sombras,
En pleno toque de queda, debido a la cuarentena provocada por la pandemia.
“Está prohibido salir!” me advirtió la razón,
“Puedes contagiarte!” machacó.
“O detenerte, arrestarte y multarte!” volvió a aconsejarme.
“Pero tienes que hacerlo!” me dijo el lado oscuro de mi mente.
La misma que por lo general me metía en problemas.
“Sí, tengo que hacerlo, tengo que ver a mi amada!” y dejé de lado a la razón.
Esperé la medianoche, vestido de negro, para salir.
Tan pronto pisé la acera de la calle, al salir de mi dorado capullo,
El frio de la noche golpeó mi rostro. Hacía ya un mes que no me aventuraba.
Miré a ambos lados, no vi a nadie.
Prendí mi Ipod y “A Thounsand Kisses Deep” sonó.
Sí, Leonard Cohen me acompañaría en toda mi ilegal, pero ineludible aventura.
Me cubrí con mi capucha y el sonido se magnificó. Entonces, manos en el bolsillo, caminé.
Recorrería la Av. Melgarejo, en la Molina, luego la Av. Separadora Industrial,
Para tomar la Vía de Evitamiento-norte.
Hasta allí, pensé que no tendría problemas y así fue.
Pero al llegar a la Fábrica de pinturas Fast, hoy QROMA, la cosa cambiaría, estaba en el Agustino.
A esa hora de la noche la gente buena dormía. Los fumones delincuentes, no.
Y si me detenían, policías o delincuentes, sería lo mismo.
Pero era el lado oscuro de mi mente quien controlaba todas mis decisiones y movimientos.
Yo estaba ensimismado en mis pensamientos, acompañado por la grave voz de Cohen.
“A Thounsand Kisses Deep” sonaba y yo imaginaba dándoselos a mi amada.
Caminé cabizbajo, como un autómata, a lo largo de las oscuras y desiertas calles,
Parando solo cuando “algo” me lo exigía, acurrucado en las sombras.
Casi sin prestar atención a los vehículos de seguridad que raramente pasaban.
Y luego volvía a caminar.
“A Thounsand Kisses Deep!” resonaba en mis oídos,
Y en mi mente, mis labios recorrían el cuerpo de mi amada.
Así, mareado por el dulce licor del libido provocado, avanzaba por las calles.
Pasé semáforos y oscuros tugurios, deteniéndome no sé si por el peligro,
O por no llegar al éxtasis antes de tiempo.
Pasé entre gente peligrosa y maloliente, parados en esquinas y tugurios del Agustino
Y si no me asaltaron fue porque seguro me veían peor que ellos, creo.
O quizás yo era invisible.
De pronto me detuve, se aclaró mi conciencia, y me vi ante una gran reja de hierro.
Con una gruesa cadena y candado asegurada. Entonces rodeé la manzana buscando otra entrada.
Y la encontré, por una pared derruida. Así, excitado por el inminente encuentro con mi amada,
Entré y entre árboles y arbusto, no muy lejos, la vi. Ella me esperaba y yo no podía faltar.
“A Thounsand Kisses Deep!” Resonó en mi mente, y se los di al borde del éxtasis.
Ella me miró, sonrió y respondió a mis besos. Mi corazón latía desbocado.
Entonces, en medio del placer infinito, mi conciencia se apagó.
Al día siguiente, los guardianes del lugar encontraron el cadáver de un sonriente hombre sobre la
lápida de su esposa.

viernes, 27 de marzo de 2020

¡PERRA!

 
¡PERRA!
Por Michaelangelo Barnez
“¡Perra!” le gritó el fornido hombre 
Lanzándole una tremenda cachetada
A la mujer que estaba frente a él, arrodillada,
dándole placer.
Ella, como cualquier mujer, tenía sus fantasías sexuales que coincidían con los de su amante.
Y hoy, en su primer aniversario, quiso hacerlos realidad.
Ella aturdida por el golpe, con el oído sangrando y desde el suelo, 
aún pudo oír sus improperios:
“¡Quién te enseñó eso, puta de mierda!”
“¡Dime carajo, con cuantos has venido a este hotel!”
Y le dio una andanada de patadas
que a la primera la desmayó,
Para despertar luego, adolorida, en un hospital.
Allí recién al ver el vídeo en la tele se enteró.
“Padrino, estoy detenido en la comisaría” Lloró el cobarde.
“¿Y qué pasó, hermanito?”
“¡Nada padrino, solo le pegué a una puta, y como esta estaba menstruando se embarró ella misma todo el cuerpo y la cara!”
“¡No te preocupes, hermanito, te voy a poner un abogado, un fiscal y un juez, y todo se arreglará. En dos horas estarás libre!”
“¡Gracias padrino, Ud. es un gran juez!”
“¿Y en qué hospital está esa puta?”
“¡Es mi esposa, padrino!”
“¡Oh, mejor, en casa la convences con besos y flores!”
¡NO MALTRATO!
¡NO VIOLENCIA!
¡NO FEMINICIDIO!
¡YO GRITARÉ POR TI MUJER!
Nota: Agradezco a la Ing. Rosario Isabel Diaz Ramirez, poeta responsable del evento: "GRITO DE MUJER 2020" SEDE DE LIMA,PERÚ, por la invitación.