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martes, 30 de octubre de 2018

LILITH

Amigos, esta es mi horrible historia, tan verdadera como que existe dios y el diablo, y que hoy he decidido contarla para que alguien más aprenda de esta aterradora experiencia… y esté prevenido.
Hace un año conocí a Lilith en una fiesta de Halloween, a la que fui disfrazado como Alice Cooper, cantante de hard y heavy metal rock, con la cara pintada, las arrugas y serpiente enroscada en mi cuerpo. Y lo que yo creí que era algo totalmente ridículo y risible, acerca de mi apariencia, resultó absolutamente atractivo para una mujer de cuerpo exuberante y belleza intimidante, disfrazada de… no sé qué, creo que de una guerrera de la antigüedad, pero muy sexy, y como me miraba fijamente me atreví a preguntarle:
“¿Quién eres?”
“Lilith… la primera y verdadera esposa de Adán!” dijo ella con voz grave y sensual, pero que a mí su explicación me sonó a nada.
“¿Y sabes quién soy yo?” repliqué inmediatamente con la intención y la esperanza de que la conversación continuara, porque su extraña belleza me había cautivado.
“Claro, eres Alice, te estuve esperando toda la noche…!” y Lilith acercó su rostro a mí, como invitándome a besarla, y yo solo atiné a darle un beso en la mejilla, y así sentí el intenso calor de su piel. Al retroceder pude ver que ella sonreía y adiviné que era a causa de mi timidez de no haberla besado en los labios. Así, casi extasiado, me quedé mudo por unos segundos, contemplando la belleza de su rostro, pensando que ahora ella seguiría su camino a reunirse con otros amigos de la fiesta… Pero, no. Ella seguía parada frente a mí, esperando que haga o diga algo. Pero yo no dije nada y me quedé paralizado. Entonces vi que Lilith, sonriendo, alzó su mano hacia mí y levantó mi barbilla, porque sin saberlo yo estaba con la boca abierta.
Lilith muy dueña de sus actos se colocó a mi lado, lo suficientemente cerca como para sentir su cuerpo, y comenzó a menearse al ritmo de la música de la fiesta: “Hey, Stoopid!” del rockero demoníaco al que yo emulaba con mi disfraz.
“Esta es la que más me gusta de ti!” me dijo Lilith y yo, malinterpretando, tuve la sensación de que me tomaba el pelo. Entonces reaccioné. Me di cuenta que si yo quería llegar algún sitio con esa mujer, la cama por ejemplo, tendría que despercudirme de mi estúpida timidez. Al fin de cuentas, era ella la que se había acercado a mí, pero yo no haría nada para que rebotara, sino todo lo contrario.
“¿Deseas tomar algo, Lilith?”
“Sí, tráeme una Mimosa, cariño!”
Así que me dirigí al bar a traer los cócteles, alegre de haber tomado la iniciativa. 
No sé cuánto cócteles, Mimosas ella y Tequila Sunrise yo, tomamos esa noche, pero recuerdo que estábamos bailando “Down by the River” de Neil Young, muy pegados, rozando nuestros cuerpos, embriagados en alcohol y el néctar del deseo. No estará demás decirles, para cerrar esta aventura de la noche de Halloween, que nos fuimos a la cama. Si hicimos sexo, no lo sé, porque no recuerdo nada. Solo desperté como al mediodía del sábado con Lilith desnuda a mi lado en un del cuarto de un motel de Hollywood, y con un dolor de cabeza producto del alcohol bebido. 
“¿Aló, mamá?” dije sentado en la cama del motel mientras Lilith dormía. “Sí, me tomé una copas de más y preferí quedarme en casa de unos amigos… disculpa que no te haya llamado, mom… voy a llegar tarde, no te preocupes de nada, ok?” y colgué.
“¿Con quién hablabas, Alice? Me preguntó suavemente y entresueños la adorable mujer que yacía en la cama, sin mostrar ningún reparo de su desnudez… ni de lo embelesado de mi mirada. Al contrario, Lilith comenzó a estirar sus brazos y piernas, y luego a contorsionarse sobre las sabanas. Si anoche no habíamos fornicado ya no me importaba, porque lo que veía ahora era más que una descarada invitación a hacerlo.
No sé a qué horas me dormí, solo recuerdo que bebíamos una mezcla de whisky americano, Jim Beam, con jugo de fresas y hacíamos sexo, luego más alcohol y más sexo, hasta perderme en la oscuridad de la nada.
De pronto desperté, y tuve la impresión de que despertaba nuevamente de otro sueño, porque todo lo que veía a mí alrededor ya lo había visto anteriormente, era como un Déjà Vu. Mi somnolienta mirada se paseó lentamente por la habitación, constatando que allí estaba Lilith, impúdicamente desnuda sobre la cama, en una pose inverosímil, mostrándome el Agujero Negro del centro de la Vía láctea, además el mismo cuadro en la pared, el mismo teléfono, la misma mesa de noche y lámpara. Todo era igual, a excepción de la ruma de botellas vacías, servilletas sucias y huesos carcomidos de las docenas de alitas de pollo que habíamos tirado dentro de un envase de cartón del KFK sobre la mesa, lo que me demostraba que no había soñado sino haber despertado antes en el mismo lugar. 
“Holy shit!” exclamé al percatarme que era el mediodía del domingo.
“Aló mamá…! -dije cuando oí su débil voz a otro lado de la línea-… discúlpame, se me hizo tarde otra vez y volví a quedarme con mis amigos… pero esta tarde regreso a casa, mamá, no te preocupes!” No era posible. Jamás antes me había ausentado de casa de esta manera, sin ni siquiera llamar anunciando que no iba a llegar. Pero la cautivante belleza y exótica personalidad de Lilith, además del sexo y alcohol, me hacía perder la noción del tiempo y de mis responsabilidades.
Un atisbo de lucidez llegó a mi mente, en esa habitación del motel, y me hizo pensar que lo mejor era alejarme de Lilith. Realmente no sabía nada de ella a excepción de su nombre, si este era verdadero, y tampoco puedo decir que estaba enamorado. Aunque no puedo negar que me gustaba de sobremanera y el solo hecho de recordar su cuerpo desnudo y lo que hicimos hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Pero sacudí mi cabeza para alejar la malsana idea.
Cuando entré al baño a darme una ducha, ya había tomado la firme resolución de irme tan pronto me vistiera, así Lilith estuviera dormida. El agua caliente de la ducha comenzó a despejar el malestar de la resaca que sentía y me relajé girando alrededor del chorro de agua… Lamentablemente no duró mucho la sensación de libertad que tenía, porque Lilith entró y se hizo dueña de la situación. Creo que es en vano dar los detalles de lo que sucedió allí, mientras el agua caía incesantemente. Solo diré que volví a sucumbir ante sus encantos y la habilidad amatoria que ella tenía.
Desperté en la oscuridad, vi la silueta de Lilith a mi lado, y sin pensarlo dos veces ni hacer ruido me vestí y salí de la habitación.
Afuera del motel, el frío de la noche terminó por despertarme, así que caminé al parqueadero, tomé mi auto y me marché rumbo a casa. La sensación de libertad había vuelto a mí otra vez.
“Mamá!... -exclamé al verla que despertaba, sentada en el sillón de la sala de la casa-… perdona por mi descuido de estos días!” le dije con sinceridad y ternura, abrazándola fuertemente.
“No te preocupes, Raulito. Lo importante es que estés en casa!” Me dijo al oído cuando la abrazaba, sin regañarme en absoluto.
Sí, tengo 22 años y aun soy lo que muchos dicen: “hijo de mamá”, cuando la mayoría de mis amigos de la facultad de medicina viven fuera de casa, solos, con amigos de la facultad o enamoradas. Pero creo que sería injusto que yo la dejara ahora, después de que ella eligió mantenerse sola, sin compromiso, luego de la muerte de mi padre en un accidente, para cuidar de mí con tanto esmero. Más aún si, a pesar de su juventud, 40 años, sufría del corazón de una manera irremediable y ya estaba en una lista de espera para un trasplante… que no llegaba. Yo era testigo de verla como su salud se iba deteriorando más y más, así como pasaba el tiempo, y temía que muriera antes de llegar a la meta del quirófano.
Esa noche me fui a la cama arrepentido de mi mal obrar y de haber puesto en riesgo la salud de mi madre, además del cargo de conciencia en el supuesto pero probable caso de que hubiera habido una emergencia y no haber estado allí para auxiliarla.
Sin embargo, mi subconsciente me despertó a las 3 de madrugada, sudando y anhelando tener a Lilith a mi lado. Por mis ojos o mi mente desfilaban escenas obscenas, pornográficas, del recuerdo de los breves días y noches compartidos con ella. Yo trataba de que esas ideas se fueran de mi mente. Me volteaba y re-volteaba en mi cama, tratando de distraerme y quedarme dormido, pero fue en vano, las imágenes no se iban. Miré el reloj de pared. “Las cuatro, mejor me levanto!” me dije a mí mismo y fui a darme una ducha.
En el camino a la universidad y durante las clases, el rostro y exuberante cuerpo de Lilith aparecían como destellos brevísimos, que no pude evitarlos.
A la salida, cuando iba acompañado de un grupo de amigos con dirección al parqueadero, pude ver desde lejos a Lilith recostada en mi auto, así que me despedí de mis amigos y fui hacia ella.
Esta vez ella vestía recatadamente, con una especie de túnica negra de mangas largas, sujetada en la cintura por un cinturón de apariencia metálica y debajo unos pantalones cortos de lycra que le cubrían los muslos, además de las medias negras y botas del mismo color. Pero lo más impresionante era la belleza y serenidad de su rostro. Ninguna malsana idea vino a mi mente esta vez, sino pronunciar para mis adentros, mientras me acercaba: “Dios mío, parece una virgencita!”
Y no pude resistirme. Al contrario, mi ego se regocijó con su compañía.
Al poco tiempo de iniciada esta relación ya no supe distinguir entre el deseo sexual que sentía por Lilith o el amor. Todo lo que sabía era que no podía vivir sin verla. De esa manera descuide mis estudios y, peor aún, mis ausencias de casa empeoraron la salud de mi madre… pero ya nada me importaba.
Perdí a la mayoría de mis amigos, porque Lilith se comportaba de manera muy arrogante con ellos, y cada vez fui alejándome de todo lo que representaba mi yo. Ahora solo asistía a los lugares preferidos de ella y con la gente de su entorno, quienes me miraban con desdén, como si fuera poco hombre para Lilith.  “Alice, te tienen envidia!” me decía cuando le reclamaba lo esnobistas que eran ellos… Y ella persistía en llamarme “Alice” a pesar de haberle remarcado mi nombre: “Raúl!!!”
Y así pasaron los meses y yo cada vez más sumiso a la voluntad de Lilith, aunque confieso que me sentía más feliz que nunca. Hasta que llegó el mes de aniversario de nuestro amor: Octubre.
“Alice, vamos a tener una reunión muy importante para los preparativos de Halloween… -me dijo Lilith entre sudores después de nuestro consabido e insaciable rito sexual-… y quiero que me acompañes porque el Maestro quiere conocerte!”
“Pero… creo que ya me lo presentaste una vez!”
“No. Este es el Maestro Mayor, el Maestro de maestros, y viene de Europa para los preparativos y la ceremonia principal! Él me tiene una especial consideración y, repito, quiere conocerte. No me defraudes!!!”
Y así, lo que ella dijo se hizo. Esa noche, unas semanas antes del 31 de Octubre asistí acompañando a Lilith a una casona a las afueras de Los Ángeles.
Estábamos en una espaciosa pero lúgubre sala que más parecía el de una Iglesia. Había mucha gente, sentados en unas bancas de madera, vestidos con una túnica negra que les cubría de pies a la cabeza, de esa manera no sabíamos quién era quién. Nosotros no éramos la excepción en nuestro vestir, aunque el color de nuestras túnicas nos diferenciaba del resto ya que eran de color rojo.
El sonido de un órgano llenaba la sala con una melodía que había oído en las películas de terror: “Dark Moon” de Paul Mottram. Así que yo pensé que todo esto era el montaje para una farsa y me preparé a disfrutarlo.
No puedo negar que la entrada del Gran Maestro fue espectacular. Primero, en total silencio la sala se llenó de una densa nube que apestaba a azufre. Luego se oyó la música estridente de un rock interpretada al revés que daba escalofríos. Entonces, de la penumbra apareció un inmenso… ¿Hombre? No. Este tenía facciones de hombre pero era del color rojo y tenía cuernos y cola. Y no se detuvo hasta llegar al pódium que le habían preparado.
De pronto me miró, y un escalofrío recorrió mi cuerpo y no deje de temblar.
Lilith tuvo que sostenerme de un brazo para no caer al suelo. “Animo, Alice, no me defraudes!”  
“Dios mío, es el mismísimo Diablo!!!” exclamé sin palabras. Y el Maestro de maestros gruño, como leyendo mis pensamientos, escandalizado de haber dicho “Dios” para mis adentros, y no dejé de temblar. Pero lo peor estaba por venir.
Lucifer habló con voz tétrica, aliento putrefacto y sin rodeos: “Lilith, tienes que traerme el corazón de la madre de tu pareja, sino no podrás renovar el contrato de la vida eterna!!!” Y dando media vuelta se marchó, en medio de gritos y llantos que los concurrentes lanzaban como alabanza al gran Maestro.
Yo ya no era consciente de lo que sucedía a mí alrededor. El pedido del demonio o la farsa de este me había aturdido totalmente.
Así, solo pude reaccionar cuando Lilith detuvo el auto, en un recodo del camino de regreso a Los Ángeles. Ella me miró en silencio, en la penumbra y soledad del camino.
“Alice, no me defraudes, seremos eternos y podrás poseerme cuando quieras y para siempre!”
“Lilith, mi madre es lo que más quiero, no puedes pedirme eso!”
“Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”
Lilith me beso tan pronto dejó de hablar para no darme la oportunidad de replicar su pedido, mientras que con sus manos manoseaba mi miembro viril para lograr mi excitación. Así, una vez que lo logró, cambió sus manos por sus labios y ardiente lengua, sin dar tregua a que el raciocinio llegara a mí, y al oírme gemir se posó sobre él para fornicar con violencia en el limitado espacio de auto. Debo confesar que el lado de mi instinto animal de mi ser se había apodera de mi conducta y en el momento culminante del éxtasis sexual sentí que mi alma ardía y vi fugazmente al demonio lanzando una carcajada por su triunfo.
Lilith me dejó en el parqueadero donde había dejado mi auto y se marchó en silencio.
Yo, como un verdadero zombi, es decir como un muerto sin alma ni pensamiento, tomé mi auto y conduje a casa sin ser consciente de cómo lo hacía. Solo me percaté del lugar en donde estaba cuando me detuve frente de mi casa. Allí me vino el alma al cuerpo y lloré, lloré por un largo rato. Avergonzado de lo bajo que había llegado. Hasta que oí que alguien tocaba débilmente las empañadas lunas de mi auto. Al abrir la puerta de mi auto vi a mi madre frente a mí… y no pude contener mis sentimientos.
Salí de auto tambaleándome y llorando abracé a mi viejita linda, llenándola de besos como nunca lo había hecho, diciéndole que la amaba más a que a mi vida y prometiendo, para mis adentros, que jamás volvería a ver a la demoníaca de Lilith. Mientras mi madre me consolaba diciéndome: “No debes tomar demasiado hijito!” creyendo que el desborde de mis emociones eran producto del alcohol. 
Al día siguiente mi madre quiso servirme el desayuno pero no pudo, así que fui yo quien la atendió y luego me marché a la escuela preocupado de lo débil de ella estaba.
En el camino y durante las clase no pensé en Lilith, ni su imagen vino a mí como en otras veces, y me sentí libre de su malévola influencia. Cuando salí y me dirigí al parqueadero tampoco estaba ella. Así que me fui a casa, feliz de haberme librado de Lilith.
De regreso encontré a una ambulancia de los paramédicos parqueado en la acera, frente la puerta de mi casa. Adentro, en la sala, estaba mi madre reclinada en el sofá, siendo atendida por dos de ellos.
“Ya hemos estabilizado sus signos vitales, pero tiene que llevarla al doctor en la brevedad!” Me dijo uno de los paramédicos. Y así lo hice, esa misma noche llevé a mi madre al hospital para que el doctor la vea.
“El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las máquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” me dijo su doctor con cruda sinceridad. Y agregó: “Tiene que quedarse. En el muy probable caso de un  próximo paro cardiaco, los paramédicos no llegarían a tiempo para auxiliarla!”
Pero yo repliqué firmemente: “Doctor, quiero a mi madre en casa, Ud. sabe que ya casi soy un médico y sé cómo cuidarla!”
Llevé a mamá de regreso a casa y allí la acosté lo más cómodamente posible. “Yo te cuidaré mamita linda, duerme tranquila!” le dije y le di un beso en la mejilla. Luego me fui a dormir.
Pero en la medianoche, en pleno sueño o despierto, no sé, escuché la voz del doctor del hospital que me decía repetidas veces: “El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las máquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” Y de pronto, de la nada, apareció el virginal rostro de Lilith ante mis ojos, diciéndome: “Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”. Lilith estaba arrodillada sobre mi cama, acariciándome mientras hablaba, y sin darme más oportunidad hizo lo mismo de la última vez, en el auto. Pero en esta oportunidad yo estaba decidido a no permitirlo, así que traté de alejarla empujando su rostro fuera de mi sexo, pero no pude desprenderla. Entonces la agarré de los cabellos y sin ningún miramiento la sacudí enérgicamente para que me soltara… y tampoco lo logré. Y en la desesperación grité, porque en mi alma sentía que la razón y mis valores sucumbían ante la sensación del instinto animal del placer… y no pensé más… solo gocé de la exquisita lujuria que me brindaba los ardientes labios de Lilith… toda la noche, suavemente y de manera interminable… pero sin llegar al éxtasis.
De pronto desperté y mi único pensamiento era ver a Lilith y de fornicar una eternidad. Salí de casa, desesperado, sin despedirme de mi madre, para buscar a Lilith.
Su teléfono no contestaba a mis llamadas y yo desesperaba cada vez más y más, porque ya había dejado decenas de mensajes pero ella no respondía. Así, rogué no sé a quién, poder encontrarla en su tienda, en la antesala de su casa, de suvenires satánicos que vendía de manera legal al público, en Santa Mónica.
Cuando llegué la encontré detrás de un escritorio, sentada en su sillón reclinable. Me acerqué y sin más me arrodillé ante ella y me hundí en su regazo, y entre sollozos le pedí perdón. Le dije que estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero que no me dejara. Ella acarició mi cabello y lentamente se limitó a subirse la falda y separar sus rodillas para que yo alcanzara sus ya húmedos y ardientes labios. No sé cuánto tiempo estuvimos embriagados en el sexo, porque lo que empezó en el sillón reclinable de su escritorio, continuó en la bañera, en el piso del corredor, en la cocina, para finalmente despertarme en su cama. Creo que esta vez mi conciencia moral había muerto definitivamente, porque no sentía ningún remordimiento, al contrario, estaba tranquilo, y se puede decir que hasta feliz, porque mi ansiedad había acabado. Ahora no solo sabía lo que tenía que hacer, sino que estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Luego salimos a un Coffee Shop cercano.
Lilith, mientras tomábamos un café en la calle, me dijo: “Alice, te he preparado una lista de lo que tienes que tener preparado… -y lo leyó antes de entregármelo-… Una caja conservadora de tamaño apropiado y mucho hielo. Una solución anticongelante y una solución salina… todo eso lo consigues en una farmacia. Lo del alcohol yodado, guantes, bisturí y otras cosas ya lo sabes, tú eres ya un doctor…” y yo guardé la lista en el bolsillo de mi chaqueta. Luego del café volvimos a la cama y esta vez fue ella la que se paseó por todo mi cuerpo. Ya en la tarde me despedí de Lilith con un acuerdo de reunirnos más tarde para la ceremonia de esa noche.
De regreso a casa compré todo lo necesario en el camino porque sabía que no habría más tiempo. Y así fue, ya que encontré a mi madre totalmente inerte sobre el sofá. No me distraje en nada y fui directamente a donde ella. Chequee su pulso y comprobé que los latidos de su corazón eran muy débiles y desacompasados, como el sonido del motor de una carcocha próxima a apagarse definitivamente. Juro que mis sentimientos habían desaparecido y ahora actuaba con la frialdad profesional de un médico. Acto seguido, a sabiendas que ya no había marcha atrás, descubrí el pecho de mi madre, limpié la zona de su corazón y alrededores con alcohol yodado y le inyecté una solución apropiada directo al corazón… ya no había vuelta atrás.
Antes de salir de casa e ir al encuentro de Lilith, revisé que todo esté en orden, y lo estaba, ahora ya no había más tiempo que perder. Entonces, tomé el teléfono, marqué 911 y llamé a los paramédicos, ellos comprenderían. Y salí raudo al encuentro del destino, cualquiera que fuera este.
“Alice, lo trajiste?” me dijo Lilith ansiosa.
Y yo, sonriendo, levante la caja conservadora.
“Wow, Alice, te adoro, nunca te vi tan seguro de ti mismo, me gustas!”
Y sin más dilación nos fuimos con rumbo al lugar en donde se llevaría a cabo la diabólica Ceremonia.
Por el camino, solo tuve un instante de debilidad cuando el cuento “El Ruiseñor y la Rosa” de Oscar Wilde y “Balada Catalana” de Vicente Balaget llegaron a mi mente, y una lágrima rodó por mi mejilla. Pero me repuse inmediatamente.
Ya era de noche y parecía que la carretera era solo para nosotros. Dentro del auto reinaba el silencio. Entonces en un recodo del camino me detuve y encendí la luz interior. Lilith estaba extrañada por haber detenido el auto y me miró directamente a los ojos. Yo no sé lo que vio en los míos, pero lanzó un descomunal grito.
De vuelta a la carretera conduje desenfrenadamente, casi como un loco, pero sabiendo perfectamente lo que hacía.
Freneé haciendo rechinar las llantas de mi auto, frente a la puerta de emergencia del hospital, y corriendo por el pasillo de este llegué al quirófano en donde estaba mi madre y grité:
“Doctor, ya puede operar a mi madre, aquí traigo un corazón!”

sábado, 22 de septiembre de 2018

MAMÁ, EN EL COLEGIO ME ESTAN DICIENDO BITCH!!!


MAMÁ, EN EL COLEGIO ME DICEN BITCH!!!
De Michaelangelo Barnez
“Mamá, en el colegio me están diciendo bitch, por culpa de mi hermano!” Gritó Julieth, la adolescente de 14 años, al entrar a la cocina de su casa apenas llegó del colegio.
“Mammm!!!” Gritó su hermano Brady, de 15 años, detrás de ella.
Ambos adolescentes estudiaban, no en uno de los más, sino, del más caro de los colegios de Lima.
Su padre, próspero ingeniero, era el más rico empresario de la minería en el Perú y poderoso en influencias políticas, debido a que contribuía con las campañas en las elecciones generales para Presidentes y Congresistas con cuantiosas aunque subrepticias donaciones de millones de dólares.
Su madre, abogada, era dueña de una muy poderosa Firma Consultora Integral desde donde ejercía los lobbies para lograr los contratos con el Estado para sus clientes. Con un excelente equipo de abogados jóvenes inescrupulosos, además de otros viejos zorros, ella se dedicaba a las relaciones públicas entre las empresas nacionales y extranjeras licitantes y el Estado, en cócteles y ágapes; de lo contrario la pasaba en casa, en la peluquería o de shopping con sus amigas, en Lima o Miami .
Ambos personajes eran muy exigentes con sus contadores, para ser reales cumplidores con sus obligaciones tributarias a la SUNAT. Sin embargo la verdadera riqueza de la sociedad familiar estaba en los Bancos de los paraísos fiscales, con empresas y transacciones de cuentas offshore.
“Mammm!!!” Volvió a gritar Brady detrás de su hermana para bloquear lo que ella decía. Pero ya era muy tarde, su madre ya había oído la palabra “bitch”, y con el cucharón de palo en la mano amenazó a su hijo “Cállate, déjame oír a tu hermana…!” y le entregó el cucharón de palo a quien de veras cocinaba en su casa.
“Mamá, Brady me gritó bitch en el recreo!!!...-le contó la adolescente de rostro virginal-… y ahora todos me gritan bitch en el colegio!”
A la mamá le crecieron los ojos y sus fosas nasales se dilataron y temblaron, montando en ira “Oye, cuantas veces te he dicho que no hables grosería y menos con tu hermana!”.
“Pero mamá, tú no sabes lo que hecho ésta bi…-Pero Brady, tan pronto vió que su madre alzó la mano amenazadoramente, se abstuvo de terminar la palabra, y continuó-… mamá, la Julieth se pasa todo el recreo enviando textos y hashtags a gente que ni conoce!”
“Mamá, todo el mundo lo hace en el salón!” Replicó Julieth.
“Mamá, tú sabes que la Julieth tiene su enamorado y él es mi mejor amigo, pero ella está coqueteando con un negro!”
“Mamá…!” exclamó Julieth con intenciones de llorar para evitar que su mamá se entere.
Sin embargo Brady estaba decidido a contar todo. “Mamá, la Julieth chatea con el negro Farfán…!”
Pero Julieth le interrumpió, “Mamá, eso no tiene nada de malo, él es un gran jugador!”
“Pero la Julieth le manda besos, mamá, al negro, sin pensar en las babas de ese bembón!!!” gritó Braddy muy molesto.
“Maaa, todas mis amigas del salón lo hacemos, es solo un juego!”
“Pero tú tienes tu enamorado, cojuda!” replicó Brady
“Ya ves, mamá, como me trata Brady!”
“Claro, bitch!!!” esta vez Brady no pudo aguantarse.
“Hijo!!!” Terció la madre, indignada del vocabulario de Brady.
“Sí, mamá. Cuando el negro le dijo que quería besar sus labios, la Julieth le respondió…!” pero Brady no pudo continuar porque recibió una tremenda cachetada en la boca, lanzada por Julieth.
Esta vez la mamá tomó en serio la pelea de sus hijos y agarrándolos con fuerza de sus brazos los llevó a ambos casi a rastras al living de la casa, avergonzada de que la cocinera escuche y se entere de más detalles del escándalo.
Una vez allí los conminó a sentarse y no moverse, porque estaba decidida a saber lo que pasaba.
Entonces Julieth se puso a llorar, pero su mamá no se dejó manipular por el llanto de la chiquilla y la ignoró.
“A ver, Brady, que más pasó?” preguntó su mamá muy seria.
“Pucha, ma, no vas a creer y te vas a molestar conmigo, ma!” Brady también estaba asustado por la severa actitud de su madre.
“Carajo, me vas a contar todo, de una vez, sino vas a tener un problema bien grande con tu padre!”
“Ok. ma, la Julieth dijo…!”
Pero Julieth volvió a interrumpir con sus lamentos “Ay, qué desgraciada soy, me quiero morir, me quiero morir…!!!”
Pero la mamá no le hizo caso y le plantó la mirada a Brady en espera de la respuesta.
“Entonces, qué dijo…!” y Brady vio que la cara de su mamá, roja de ira, creció hasta bloquearle toda su visión.
“Ma, la Julieth le respondió al negro: ‘A mí no me vengas con que quieres besarme… A mí, vienes y me lo das… Y si lo hace, te la chupo!’ ” y tan pronto lo dijo Brady, se cubrió con los brazos instintivamente.
“QUEEE!!!” gritó la madre, totalmente indignada y a la vez consternada por lo que acababa de oír, entonces miró a su hija, a su virginal hijita, imaginando morbosamente la peor escena que le podía pasar como madre por su mente; justo cuando Julieth reaccionando dijo: “Ma, pero no es lo que tú crees, lo que dije es solo un meme!!!”
Pero Brady echó más gasolina al fuego “Te das cuenta, ma, al negro, al negro!!!”
“Ma, yo me refería a su jeta, ma, a la jeta del negro, y solo era un juego, que jamás sucedería, ma!” suplicó en llantos Julieth.
La mamá abatida por el stress cayó sentada en el sofá, cerró los ojos por unos minutos, en que reinó un absoluto silencio; estaba indignada del juego que hacía su hija, y ella sin saberlo, pero luego se auto consoló pensando, “Felizmente solo ha sido un juego!”.
“Vayan a cambiarse el uniforme y báñense, luego bajen a almorzar… y no quiero que se hable más del asunto, ¿entendido?!” reaccionó la mamá y los hijos asumieron que ya todos regresaba a la normalidad, como si nada hubiera pasado “Esa es mamá!!!” pensaron ambos al unísono, con guiño de ojo y  el imaginario dedo pulgar arriba.
Y los adolescentes asintieron con la cabeza y se fueron a sus habitaciones, no obstante en el camino Julieth le enseñó la lengua a su hermano en señal de burla. A lo que Brady respondió enseñándole el dedo medio.
En la noche, mamá le contaría al papá lo sucedido, porque siendo sus hijos ya adolescentes podían cometer un terrible desliz y era mejor prevenir que lamentar; sí, ellos eran muy serios con respecto al cruce de razas o de clase social, no lo toleraban en absoluto, aunque nunca lo decían en público.
Pero antes hubo algo que a la mamá le molestó mucho, algo que sucedió después de almuerzo, cuando al pasar por la habitación de la abuela, “sin querer queriendo”, escuchó la conversación que Julieth sostenía con su abuela.
“Sí, preciosa, escuché todo desde aquí arriba…-Dijo la sesentona, pero hermosa y bien conservada abuela-… no te hagas problema, ya eres toda una mujer, libre y bella y vas a tener muchos hombres en tu vida, así que, que digas o hagas lo que quieras con quien quieras es parte de ti y solo te concierne a ti y nadie más!”
“Pero ahora ya perdí a mi enamorado, abuela!”
La abuela volteó los ojos y dijo “Cuántas veces tengo que decirte que no me llames abuela. Bueno, pero en fin, que pierdas un enamorado no es cosa del otro mundo. Te repito, vas a tener todos los hombres que quieras en tu vida!”
 Pero Julieth replicó “¿Y el amor, y la lealtad, y la pareja de enamorados de por vida?”
“Vamos, Julieth, no seas niña. Deja eso para las poesías!..-Y la abuela soltó una carcajada-… “Ja, ja, ja!!!...-luego, entornando sus diablillos ojos, añadió-… yo he tenido tres esposos y muchos maridos en mi vida y a ninguno le he permitido que me controlé. Siempre hice que yo creía que estaba bien y punto, el resto no cuenta!”
“Pero mamá dice que…!”
“Julieth, yo conozco a tu madre, no olvides que ella es mi hija y te contaré que…” pero la abuela se calló por unos segundos y prefirió darle otro giro a lo que iba a decir, y añadió-… Mira, a mi edad, de casi 55 años…-Mintió como toda mujer vanidosa-… estoy más joven y bella que nunca y no sabes cuantos pretendientes tengo en Facebook; fíjate, mi niña, hace unos meses inicié una relación con alguien de quien me sentía enamorada por años, pero él era casado, y ahora, justo anoche lo mandé a rodar por algo muy parecido a lo tuyo, mi hija, lo boté como si escupiera un chicle, me entiendes? Mira, si ya te dio el sabor que tenía, para qué estar mascando lo mismo y sin sabor!”  
Y la mamá, afuera, escuchando la conversación estuvo a punto de entrar, pero como la abuela calló y le dio otro giro a la conversación, prefirió irse a su dormitorio; de todos modos indignada por los atrevidos consejos que le daba la abuela a la nieta.
En la noche, ya en la cama y con las luces apagadas, ambos, mamá y papá hablaron.
“Me preocupan tus hijos, Manuel Alberto…-Dijo Paola María iniciando la conversación, y añadió-… ya son adolescentes y un incidente que ocurrió hoy en el colegio de los niños me pone en sobresalto!”
“Qué pasó!” se oyó la gruesa voz de Manuel Alberto.
“No quiero darte detalles vanos, Manuel Alberto, pero si ambos ya son adolescentes significa que el amor llegará a ellos… y el sexo también!”
“Y cuál es el problema, son jóvenes y eso llega tarde o temprano, no?!”
Y hubo unos segundos de silencio.
“O acaso me quiere decir que Brady es maricón... o Julieth machona?!”
“No, no, no es eso, al contrario. A Brady lo veo muy atento con la hija de la cocinera!”
“Con la hija de esa serrana grasienta!...-Exclamó Manuel Alberto indignado, incorporándose de la cama, y se quedó callado por uno segundos, luego añadió-… la cholita no está mal… y además prefiero que sea con la hija de la cocinera que con una puta, con alguien tiene que debutar mi hijo, no?”
“Y si la embaraza?”
“Yo voy hacer mi tarea de padre y le diré que siempre use su condón… con la cholita y con todas aquellas a quien se las tire!” Dijo Manuel Alberto con cierta arrogancia machista, volviéndose a recostar en la cama. “Pero tú…- añadió-… te encargas que la chola escuálida tome la píldora todos los días, así quedamos?!”
“Sí…- respondió Paola María, y añadió-… y con Julieth qué hacemos?”
“Puta madre, esa si es un problema!” Pensó Manuel Alberto. Luego dijo como escupiendo, mientra volteó a mirar a su mujer con el ceño fruncido, “Ese es tu problema, mujer. ¿Qué hizo tu madre para que no te metieras con ningún cholo de mierda o muerto de hambre de por allí? ¿Algo te habrá enseñado, no?!"
“Ok. Hablaré más seguido con Julieth acerca del asunto!” Sí, para Paola María era solo un asunto a tratar.
“Ahora vamos a dormir, mañana tengo que viajar a la sierra para convencer a esos piojosos que la mina les traerá muchos beneficios. Hasta mañana mi amor!” y Manuel Alberto se dio la vuelta en la cama, dándole la espalda a su esposa.
“Duerme tranquilo, mi amor, que yo me encargo de los niños, buenas noches y dulce sueños!”
Solo bastaron unos minutos para que se empezara a oír los ronquidos del empresario minero.
Y unos minutos más, una tenue luz iluminó la mesa de noche del lado de Paola María y se oyó muy bajito el sonido de la vibración que hacía su celular. Ella tomó su cel, lo miró y reconoció la llamada, entonces se levantó, miró a su marido que roncaba y al verlo muy quieto, asumió que dormía profundamente, entonces se dirigió al baño.
“¡Pedro, cuántas veces te he dicho que no llames cuando mi marido puede estar en casa?” dijo ásperamente pero muy bajito.
“Te estuve esperando, pues, toda la tarde y no llegaste, pues!” respondieron al otro lado de la línea.
“Es que tuve un problema y no pude ir, perdóname mi amor!” respondió Paola María melosamente.
“Si quieres, lo dejamos allí, pues. Para mí no es problema, pues!”
“No, no, no, fue mi culpa, no te molestes, mi amor. Mañana nos veremos!”
“Mañana no hay chamba en la construcción, pues, y voy tener todo el día libre, pues!”
“Y mi esposo se va de viaje, entonces tendremos todo el día para nosotros, mi amor!”
“Y te haré pagar por hacerme perder mi tiempo, pues, mi perra gringa!”
“Sí, mañana hazme lo que tú quieras, mi amor, me gustas cuando estás molesto!”
Y se oyó el clic de la llamada terminada al otro lado de la línea.
Paola María, regresó a su cama, su esposo dormía, entonces se recostó a su lado y lo abrazó por la espalda, imaginando a Pedro, el robusto obrero de construcción que mañana le removería todos los huesos hasta hacerle llegar al orgasmo.  
Temprano en el aeropuerto de Lima, Manuel Alberto recibió una llamada en su celular, al momento que caminaba rumbo a la Sala de Espera para el abordaje. “Aló, Pedro!” contestó amigablemente al reconocer la llamada.
“Aló, engeniero, ayer no se pudo sacar la fotos, pues, no fue la gringa, pues!”
“Ah sí, claro, tuvo problemas ¿Entonces?”
“Hoy sí, pues, hoy sí engeniero, ya arreglé todo y cuando vengas de tu viaje te las entrego, pues!”
“No, entrégalas al abogado, él te pagará, Ok?” y el próspero ingeniero fue a abordar su avión.

martes, 11 de septiembre de 2018

El ABUELO


El ABUELO

De Michaelangelo Barnez
En una ciudad de los suburbios del condado de Los Ángeles, vivía la familia Donovan, compuesta por papá John, mamá Johanna, los mellizos Paul y Paola y el abuelo Peter, padre de John.
La casa le pertenecía al abuelo Peter y a su difunta esposa, desde hacía más de 30 años; y contaba con dos recámaras, una con baño propio, living comedor, cocina y un patio bastante grande en donde John aprendió todos los juegos de pelota guiado por su padre; y les fue suficiente de grande hasta que John se casó.
Johanna, antes de mudarse a vivir con su marido, en casa de su suegro, mandó remodelar la casa, añadiendo un segundo piso con todo lo necesario como para ser totalmente independiente del primero, pero quiso hacer algo más y en este primer piso anuló la habitación que era de John, uniendola con el viejo living, así lo convirtió en una sala mucho más espaciosa, que comunicaba la entrada principal de la casa con el patio trasero. En el patio mandó hacer una piscina con un área de entretenimiento y BBQ para amigos e invitados. Una vez terminada la remodelación, resultaba difícil reconocerla de la original. Por eso, ahora Johanna se sentía la dueña y señora de la casa.   
A Peter no le importó la arrogancia de su nuera, le bastaba con saber que su hijo era feliz y que los niños que vinieran llevarían su apellido. Con que no le toquen su vieja habitación matrimonial, con baño propio, TV de 65’’ y su frigobar repleto de botanas, sodas y cerveza, en su original primer piso, estaba feliz.
No pasó mucho tiempo que la apacible casa de los Donovan sea visitada por la cigüeña con carga extra, la de dos bebés mellizos y pelirrojos; y que en solo dos años se convertiría en una alborotada por el huracán que armarían los niños.
Los padres tenían que ir a trabajar, así que el abuelo Peter se quedó a cargo de supervisar a la niñera y los bebés. Fue la oportunidad de Peter de malcriarlos, alternativamente con la rigurosidad de la madre, a tan temprana edad. Su hijo John ya era un caso perdido, porque había sucumbido no solo a la hermosura de su mujer, sino a los dictámenes de ella.
El abuelo Peter era el rompe reglas de la casa. “los mellizos no deben estar más de 30 minutos en le piscina” ordenaba la madre a la niñera. Pero Peter los convirtió en un par de nutrias bebés, ya que les enseñó a bucear y nadar, sí, en ese orden, cuando tenían solo cinco meses de nacidos. Así, para el fastidio de su madre, los pelirrojos Paul y Paola broncearon su piel y sus rostros se llenaron de pecas.
“Papá, Paul y Paola no deben estar mucho tiempo en la piscina” le  reclamaba John, presionado por su esposa.
“Oh, se me olvidó!” le contestaba Peter y hacía un gesto con las manos.
Y el “Oh, se me olvido” fue la frase favorita del abuelo Peter cuando los padres de los mellizos le reclamaban algo como, cuando elegía no llevarlos al colegio para llevarlos al parque; o al mall a caminar por horas por todas las tiendas de juguetes; o comer helados de yogur antes de la hora de cenar; o no llevarlos a la peluquería las repetidas veces que se comprometió en hacerlo; o cuando Johanna descubría que los mellizos, los sábados y domingos muy temprano, no estaban es sus camas, sino en el primer piso, en el dormitorio del abuelo, desayunando en la cama junto con él, mirando la tele.
“No puede ser, no puede ser que tu padre no nos haga caso, en absoluto… -reclamaba Johanna a John-… cuando le damos ordenes claras y precisas… no, no puede ser!”
“Pero los niños están bien y adoran a su abuelo...-decía John a favor de Peter, y añadía-… eso es muy positivo para el fortalecimiento espiritual de nuestros hijos”
“¿Cómo puedes decir eso?...-reaccionó iracunda Johanna, y continuó-... En la escuela son un problema y no hay semana que no nos envíen notas de queja de lo que ellos hacen. Que al gato de la directora le ataron una campana en la cola; que le pegaron a un niño mayor que ellos; que dejaron libre a los hamsters del salón; que todos los días desaparecen las tortugas y las encuentran en el jardín de la escuela; que en el último paseo de la escuela al museo, los mellizos, tus hijos, se metieron a la pileta llena de agua y todos los niños los imitaron. ¿Sabes cómo se quejaron los padres? y yo soy la que tuvo tragarse la vergüenza!” Chilló Johanna, sin parar, ni pausa para tomar aire.
“Pero eso no lo hace mi padre!” Se le ocurrió reclamar a John.
“Cómo...-dijo con la cara roja de la ira-... acaso no lo ves?... -Preguntó retóricamente Johanna y añadió-… Esa es la influencia de tu padre en los niños, y te lo advertí desde cuando eran bebés ¿Acaso no recuerdas cómo los defendía cuando yo los reprendía por comer los espaguetis jugando con las manos?”
Y John no pudo contener la risa al recordar la manera de cómo comían los mellizos al lado de su abuelo untados de salsa tomate toda la cara, y añadió: “Pero eran muy pequeños para usar los cubiertos, y mi papá, ya sabes, es un payaso que hacía todo eso con tal que los mellizos comieran!”
“No, no, no. No se trata de eso. El punto es que tu padre es un viejo loco o… -Y Johanna hizo una pausa para énfasis a sus palabras, entonces añadió-… O sufre de alzhéimer, porque no hace caso y siempre responde “Oh, se me olvido!”, te das cuenta de la gravedad, John?”
No. John no veía ningún problema, porque así fue criado por su padre y creció feliz, y realmente no concebía cual era el problema que tenía su esposa con el abuelo de los mellizos.
“No haces caso de lo que te digo, John, pero yo estoy viendo más allá de todo esto y creo que tu papá dejó de ser un mal ejemplo, para ser un peligro para todos en esta casa, especialmente para los mellizos".
John se limitó al gesto de asentir como muestra de estar de acuerdo con ella, pero nada más.
En realidad creía que era más un problema de nuera-suegro que otra cosa, en donde Johanna era la quejosa bitchy, que ladraba día y noche, de la cama a la cocina, del coche a la cochera, del living de la casa a la oficina del trabajo… Por eso la bloqueaba mentalmente y solo oía un molesto zumbido cuando ella hablaba.
Fue un día, justo cuando Hollywood estrenó una película cuyo tema era acerca de un abuelo que sufriendo de demencia senil, vivía con la familia, en vez de estar en una clínica especial, que Johanna vió el anuncio en la tele. Johanna tuvo el inmediato deseo de ir verla, junto con su marido por supuesto, para ver si entendía, ahora con imágenes, de una vez por todas. Como era de esperar, la película fue un bodrio que caricaturizaba la vejez, pero que a Johanna le encantó, porque el personaje, el “viejo loco”, quemó la casa; entonces fue justo lo que ella necesitaba para convencer a John, para que interne a su padre en una clínica especial.
De regreso a casa, cuando iban por el freeway, Johanna trajo el tema que le obsesionaba. “Allí lo van a tratar y cuidar muy bien. Estará mejor que en casa. Tienen la atención de enfermeras las 24 horas, además de gente que estará a su completo servicio y recreación, lo bañan, lo alimentan, lo pasean, lo cuidan, qué más se puede pedir. Anímate John, habla con tu padre de una vez por todas y convéncelo, hazle ver que estará mejor que en casa, más seguro para cualquier emergencia médica ahora que pasa los 70s…” y Johanna siguió hablando todo el trayecto, desde el parqueadero del cine a la casa, sin descanso ni intenciones de callarse, ininterrumpidamente, hasta convencer a su marido.
Pero hacía ratos que John la había bloqueado, porque ya sabía que solo estaba repitiendo lo mismo de lo mismo. Sin embargo, aun así, debido a tanta presión, meditaba en la remota posibilidad real de llevar a su padre a una "Casa Hacienda" de reposo u hospicio, para personas de la tercera edad. “Mi padre jamás aceptará esa alternativa” pensaba John, a la vez que movía la cabeza de manera negativa, sabiendo cómo era su padre. John recordaba que había visto morir a su abuelo en casa, atendido por su padre y en sus brazos. Había visto como lo atendió día y noche en sus dos últimos años, y fue testigo de muchas actitudes que lo marcaron en su vida a pesar que era tan solo un adolescente; recordaba de cómo Peter había renunciado a su trabajo para atender al abuelo en casa, en vez de enviarlo al lujoso hospicio que le ofrecía su seguro social. John, escuchó cuando su papá le dijo a su abuelo, casi como un juramento, “Usaremos el dinero del seguro y yo te cuidaré, papá… como me cuidaste a mi cuando nací y mamá murió…”
A John se le escaparon algunas lágrimas al recordar lo que hizo su padre hacía 15 años, y las limpió sin que Johanna se diera cuenta, mientras ella seguía hablando.
De pronto John, poniendo atención a la realidad, vio a lo lejos, desde lo alto del segundo nivel de la vía expresa o freeway por donde iban, un resplandor y su reflejo en las nubes del cielo oscuro. Su reacción inmediata fue prender la radio del auto.
Johanna se había callado por unos segundos, al notar el resplandor, entonces gritó: “Incendio, incendio…!”
Y la radio daba la noticia de que varias casas del vecindario se estaban incendiando, pero que los bomberos ya estaban en el lugar tratando de combatir las llamas y evitando que esta se propagase más.
“Es en nuestro vecindario!” exclamó John, saliendo del freeway para tomar la ruta de las calles que faltaban para llegar.
“Viejo maldito, viejo maldito…-exclamó Johanna, histérica al ver a lo lejos la casa en llamas-… Te lo dije John, te lo dije!!! Gritaba entre llantos y manotazos.
Pero no pudieron avanzar más con el auto, porque los camiones bomberos y sus mangueras, los carros patrulleros y los paramédicos bloquearon las calles.   
Entonces fue Johanna la primera en salir del auto y correr hacia las casas en llamas. Mientras que John demoró unos segundos más, por estacionar su auto sin bloquear el paso para el tránsito de los bomberos y otros, luego salió corriendo tras su esposa. Y la encontró con su hija melliza en sus brazos, ambos llorando.
Cuando John se acercaba, la pequeña Paola en brazos de su madre gritaba señalando la casa en llamas “el abuelo, el abuelo!!!”
Y Johanna cubrió el rostro de su hija en su seno mientras decía: “No mires hija, tu abuelo estaba loco, no sabía lo que hacía…-y miró a John con rabia-… y tu hermano, dónde está, dónde está!!!” pero Johanna no se movía del lugar en donde estaba parada.
John las dejó y avanzó en busca del mellizo, esquivando unos carros bomberos y la maraña de mangueras tiradas en el pavimento, tratando de acercarse más, mientras rogaba murmurando: “Dios mío, mi hijo, mi paulcito, mi paulcito!!!…”
Entonces un bombero le impidió el paso, gritando con autoridad: “No puede acercarse, señor!!!”
“Mi hijo, mi hijo, está allí, esa es mi casa…!!!” Gritó John, forcejeando con el bombero que le impedía el paso.
“¿No es aquel?” le dijo el bombero a John, sin soltarlo, haciendo un gesto con la cabeza.
John volteó y oye… “Papá, papá… -Gritó el pequeño Paul, en brazos de otro bombero, señalando la casa en llamas-… el abuelo, el abuelo!!!"
John tomó en sus brazos a su pequeño hijo, mientras el bombero le explicaba, cuando Johanna y la melliza ya estaban a su lado, abrazándose todos.
“Señor, el abuelo salvó primero a la niña…-Dijo el bombero-… y luego entró a rescatar al niño que estaba en el segundo piso…-Entonces hizo una pausa, y continuó-… pero le reclamaron por el gatito y el abuelo regresó a la casa en llamas a salvar a la mascota del niño. Yo no pude detenerlo, señor, el abuelo era un hombre ágil y fuerte, y yo tenía al niño en mis brazos… lo vi entrar y fue entonces que la casa explotó y las llamas cubrieron la salida... no pudo salir. Su padre es todo un héroe, señor!!!”
John abrazaba fuertemente a sus mellizos, mientras lloraba triste… pero orgulloso.
En la última escena de la tragedia, abrazando a su familia, a contraluz de la casa incendiada. Gritó al viento:
“Así fue mi padre, así soy yo, así serán mis hijos!!!”