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miércoles, 26 de diciembre de 2018

PEDRO NADIE

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Hola, mi nombre es Pedro y me acuñaron el alias de “Nadie” por dos motivos. Primero, porque a los siete años de edad me arrojaron a la calle al morir mi madre y el proxeneta que fungía como mi padre necesitaba el cuarto en que vivíamos para seguir con sus negocios. Y segundo, porque justamente ese año la canción “Pedro Nadie” de un tal Piero estaba de moda. Sí, a esa tierna edad era un hijo de nadie… Pedro Nadie.
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“Crecí en la calle” es un decir, una expresión que no significa nada para quienes no saben lo que realmente es ser un niño absolutamente desamparado, que por años deambuló y durmió en la intemperie hasta que… ¿alguien apareció y lo recogió? No, no en mi caso, sino hasta que me hice adulto. 
Mis únicos “amigos” fueron otros niños de mi misma condición, con quienes formábamos nuestra pandilla para poder sobrevivir, es decir robar a diario el pan de cada día. Como podrán imaginarse, no podíamos hacerlo contra gente más fuerte que nosotros, así que me eduqué y me desarrollé dentro del código de conducta callejera, y lo primero que asimilé fue que sólo debíamos atacar a los más débiles. Atacar y robarles a las viejitas y viejitos, mujeres embarazadas o con niños en los brazos, ciegos o lisiados mendigos, u ocasionalmente otros niños ricos; Así, supe que "la gente" eran mis victimas y enemigos. Fue la manera como aprendí a cuidar de mí.
No está demás decirles que esto no fue una divertida aventura, ni lo crean, sino una terrible tragedia que me marcó para siempre, porque apenas llegué al grupo, en la noche, los mayores me violaron, y lo repitieron cuantas veces quisieron hasta que aprendí el uso de la navaja, corté a unos y me hice respetar.
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La piel se me curtió no sólo del frío y el calor de la intemperie de mi vida callejera, sino además de las palizas que soporté en mis peleas con mis propios amigos, otras en contra de bandas enemigas, o cuando caía atrapado por mis victimas o la policía. Desde esa temprana edad aprendí que si alguien se acercaba a mí y levantaba la mano era para atacarme o manosearme; como aquel cura del catequismo que quiso hacerlo a cambio de un plato de comida caliente, una cama y un techo para no dormir en la intemperie, sin imaginarse que mi instinto ya estaba formado y a la primera manoseada que hizo, le “tajé” la cara con mi inseparable y fiel amiga, mi navaja.
Más tarde, cuando mis necesidades crecieron, es decir empecé a drogarme, comenzamos a robar a gente mayor y mas fuerte que nosotros, porque necesitábamos más dinero. Fue cuando comencé a destacarme en el grupo por mi crueldad. Yo atacaba sin miramientos a quien sea, sin importarme las desventajas por su tamaño o corpulencia. Con la única ventaja que me daba el acuchillarlos primero, y luego, cuando gritaban al ver su propia sangre, mi banda los asaltaba. 
Así fue como me convertí en el líder de la pandilla de niños de la calle, claro que primero tuve que “bajarme” al jefe en una pelea totalmente limpia, rodeado por todo el grupo y a la luz de la luna. Imagen relacionada
Pelea que no duró mucho, porque después que recibí varios cortes de navaja en mis brazos, el hijo de puta con quien peleaba cayó en la trampa que le tendí al simular que era el más débil y estar  herido, y este se la creyó y confió en el código callejero, cuando me dejé caer al suelo. El creyó que era el momento para rematarme y terminar conmigo de una vez, y muy cerca a mi, al levantar su brazo para asestarme la puñalada final, yo le acerté un certero tajo en los cojones… ¿Murió? No sé, ni nos importaba, porque con el grupo nos fuimos a la playa a celebrar con una bolsa llena de pegamento que inhalábamos para sentirnos felices y vencer el frío, y ni más supimos de él. Ah, no está demás tampoco puntualizar que fue él quien había liderado al grupo que me violaron cuando llegué a la pandilla.
Así, a los 12 años de edad yo ya tenía mi propia banda, la que nadie me la regaló, sino que gané después de cinco años, por mi propia destreza con la cuchilla y mi crueldad.
Fue a esa edad en que, de pronto, algo empezó a cambiar en mí, algo que yo no podía explicar, y lamentablemente no tenía a nadie a quién preguntar. Mi voz cambiaba, mi pubis se cubrió de vellos y empecé a soñar. Fue justo cuando llegó una niña y su pequeño hermano al grupo, a los que en la noche quisieron violar. El ultraje era algo natural para todos nosotros, era nuestro código de bienvenida, sea niño o niña, no había diferencia, todos habíamos pasado por eso como un bautizo… Pero no para mí.
“Nadie la toca carajo!!!… -rugí, y saqué a relucir mi navaja, que brilló a ojos de todos-… y al primero que se le acerque lo descojono!!!”
“Ta' bien Pedro Nadie… Ta bien cumpa… si la quieres pa ti solito, ta bien!” dijo el que fungía de segundo en la banda a pesar de ser mayor que yo. 
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“No carajo… Desde ésta noche no mas bautizos en mi banda!”
Esa noche me fui a dormir apartado del grupo y oculto entre las sombras lloré. Y en la frialdad de mi lecho de cartones y trapos me acordé de mi madre y de la última profesora que tuve en la escuela. Recordé que vivíamos en una pocilga de mierda de un cuarto de hotel miserable, pero así y todo era mi casa, mi hogar, en donde mi madre me cuidaba, quería, y al regresar del colegio me daba de comer, y luego de hacer las tareas, al acostarme, me decía al abrigarme: “Pedrito, hijito mío, sueña con los angelitos”… Entonces lloré, lloré como nunca lo había hecho todos estos años, y entre lagrimas recordé a mis amigos de la escuela y a mis juegos con ellos… Y los extrañé a todos.
Afortunadamente había aprendido a leer en la escuela, y desde que viví en la calle y dormía en los basurales leía cuanto papel periódico o cuentos para niños caían en mis manos. Por eso, al día siguiente de prohibir las violaciones empecé a enseñar a leer y escribir a mis amigos. Claro está que después de los asaltos. ¿Que creían o esperaban de un niño delincuente como yo? ¿Acaso espero comida y techo gratis? No, aprendí que todo cuesta en la vida y que tengo que ganármelo de la única manera que la sociedad me instruyó. Y al que se acerque con la mano levantada, para golpearme o acariciarme, recibirá un tajo en la cara… o más.
“Si vas a hablarme, le advertía a cualquiera que se me aproximaba, hazlo de lejos, cabrón!!!… si no, te parto la madre!!!”
Hasta que un día llegó alguien, de una ONG, que se acercaron sin exigirnos nada... y nos rescataron.
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jueves, 22 de noviembre de 2018

DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS… THANKSGIVINGS… Un cuento.



Este cuento ha estado rodando desde algún tiempo, contado de muy diversas maneras. Y como el día de “Acción de gracias” o “Thanksgivings”, está a la vuelta de la esquina, creo que merece la pena contarlo una vez más. Al César: Versión traducida, corregida y aumentada por Michaelangelo Barnez, de la oral, en Inglés y anónima.
John, un hombre joven, recibió un loro llamado “El Jefe” como regalo. Este loro tenía muy mala actitud, y peor aun era su vocabulario.
Imagen relacionadaCada frase que salía del pico del pajarraco era ruda, odiosa y llena de groserías. John intentó e intentó, hasta el cansancio, en cambiar la actitud del pájaro con el ejemplo, diciéndole sólo palabras corteses de manera consistente, a la vez que tocaba sólo música suave.
Además, pensaba y era capaz de hacer cualquier cosa con tal de limpiar el vocabulario del bendito pájaro. Finalmente, un día John se exasperó y le gritó al loro. El loro, sin intimidarse, abrió el pico y le gritó también.
John, lleno de rabia, sacudió al loro, pero éste, verde-y-rojo pajarraco, de la ira, aleteando y picando, se puso más enfadado, grosero y rudo aun.
John, en la impotencia y ciego por la desesperación, agarró al pájaro y lo puso en el congelador.
Durante unos minutos, desde adentro, el loro gritó groserías, insultó y dio de aletazos y puntapiés.
Pero, de repente todo calló. Ni un pío más se oyó durante un minuto.
John, temiendo haberle hecho daño al loro, abrió rápidamente la puerta del congelador.
El loro estaba allí, tímido y acongojado, y salió hacia los brazos extendidos de John, y se le acurrucó mientras le decía con voz muy triste:
“Señor, creo que puedo haberlo ofendido con mis groserías y acciones. Yo estoy profundamente arrepentido de mis faltas y pienso hacer todo lo posible para corregir mi imperdonable mala conducta.”
A John le llamó poderosamente la atención el radical cambio de actitud del loro.
Él estaba a punto de preguntarle, qué había hecho posible tan dramático cambio en su conducta, pero el loro, antes que le diga algo, añadió, mirando y señalando hacia dentro de la nevera:
“¿John, puedo preguntarte qué hizo el pavo?”
Feliz día de Acción de Gracias… Happy Thanksgiving…

martes, 30 de octubre de 2018

LILITH

Amigos, esta es mi horrible historia, tan verdadera como que existe dios y el diablo, y que hoy he decidido contarla para que alguien más aprenda de esta aterradora experiencia… y esté prevenido.
Hace un año conocí a Lilith en una fiesta de Halloween, a la que fui disfrazado como Alice Cooper, cantante de hard y heavy metal rock, con la cara pintada, las arrugas y serpiente enroscada en mi cuerpo. Y lo que yo creí que era algo totalmente ridículo y risible, acerca de mi apariencia, resultó absolutamente atractivo para una mujer de cuerpo exuberante y belleza intimidante, disfrazada de… no sé qué, creo que de una guerrera de la antigüedad, pero muy sexy, y como me miraba fijamente me atreví a preguntarle:
“¿Quién eres?”
“Lilith… la primera y verdadera esposa de Adán!” dijo ella con voz grave y sensual, pero que a mí su explicación me sonó a nada.
“¿Y sabes quién soy yo?” repliqué inmediatamente con la intención y la esperanza de que la conversación continuara, porque su extraña belleza me había cautivado.
“Claro, eres Alice, te estuve esperando toda la noche…!” y Lilith acercó su rostro a mí, como invitándome a besarla, y yo solo atiné a darle un beso en la mejilla, y así sentí el intenso calor de su piel. Al retroceder pude ver que ella sonreía y adiviné que era a causa de mi timidez de no haberla besado en los labios. Así, casi extasiado, me quedé mudo por unos segundos, contemplando la belleza de su rostro, pensando que ahora ella seguiría su camino a reunirse con otros amigos de la fiesta… Pero, no. Ella seguía parada frente a mí, esperando que haga o diga algo. Pero yo no dije nada y me quedé paralizado. Entonces vi que Lilith, sonriendo, alzó su mano hacia mí y levantó mi barbilla, porque sin saberlo yo estaba con la boca abierta.
Lilith muy dueña de sus actos se colocó a mi lado, lo suficientemente cerca como para sentir su cuerpo, y comenzó a menearse al ritmo de la música de la fiesta: “Hey, Stoopid!” del rockero demoníaco al que yo emulaba con mi disfraz.
“Esta es la que más me gusta de ti!” me dijo Lilith y yo, malinterpretando, tuve la sensación de que me tomaba el pelo. Entonces reaccioné. Me di cuenta que si yo quería llegar algún sitio con esa mujer, la cama por ejemplo, tendría que despercudirme de mi estúpida timidez. Al fin de cuentas, era ella la que se había acercado a mí, pero yo no haría nada para que rebotara, sino todo lo contrario.
“¿Deseas tomar algo, Lilith?”
“Sí, tráeme una Mimosa, cariño!”
Así que me dirigí al bar a traer los cócteles, alegre de haber tomado la iniciativa. 
No sé cuánto cócteles, Mimosas ella y Tequila Sunrise yo, tomamos esa noche, pero recuerdo que estábamos bailando “Down by the River” de Neil Young, muy pegados, rozando nuestros cuerpos, embriagados en alcohol y el néctar del deseo. No estará demás decirles, para cerrar esta aventura de la noche de Halloween, que nos fuimos a la cama. Si hicimos sexo, no lo sé, porque no recuerdo nada. Solo desperté como al mediodía del sábado con Lilith desnuda a mi lado en un del cuarto de un motel de Hollywood, y con un dolor de cabeza producto del alcohol bebido. 
“¿Aló, mamá?” dije sentado en la cama del motel mientras Lilith dormía. “Sí, me tomé una copas de más y preferí quedarme en casa de unos amigos… disculpa que no te haya llamado, mom… voy a llegar tarde, no te preocupes de nada, ok?” y colgué.
“¿Con quién hablabas, Alice? Me preguntó suavemente y entresueños la adorable mujer que yacía en la cama, sin mostrar ningún reparo de su desnudez… ni de lo embelesado de mi mirada. Al contrario, Lilith comenzó a estirar sus brazos y piernas, y luego a contorsionarse sobre las sabanas. Si anoche no habíamos fornicado ya no me importaba, porque lo que veía ahora era más que una descarada invitación a hacerlo.
No sé a qué horas me dormí, solo recuerdo que bebíamos una mezcla de whisky americano, Jim Beam, con jugo de fresas y hacíamos sexo, luego más alcohol y más sexo, hasta perderme en la oscuridad de la nada.
De pronto desperté, y tuve la impresión de que despertaba nuevamente de otro sueño, porque todo lo que veía a mí alrededor ya lo había visto anteriormente, era como un Déjà Vu. Mi somnolienta mirada se paseó lentamente por la habitación, constatando que allí estaba Lilith, impúdicamente desnuda sobre la cama, en una pose inverosímil, mostrándome el Agujero Negro del centro de la Vía láctea, además el mismo cuadro en la pared, el mismo teléfono, la misma mesa de noche y lámpara. Todo era igual, a excepción de la ruma de botellas vacías, servilletas sucias y huesos carcomidos de las docenas de alitas de pollo que habíamos tirado dentro de un envase de cartón del KFK sobre la mesa, lo que me demostraba que no había soñado sino haber despertado antes en el mismo lugar. 
“Holy shit!” exclamé al percatarme que era el mediodía del domingo.
“Aló mamá…! -dije cuando oí su débil voz a otro lado de la línea-… discúlpame, se me hizo tarde otra vez y volví a quedarme con mis amigos… pero esta tarde regreso a casa, mamá, no te preocupes!” No era posible. Jamás antes me había ausentado de casa de esta manera, sin ni siquiera llamar anunciando que no iba a llegar. Pero la cautivante belleza y exótica personalidad de Lilith, además del sexo y alcohol, me hacía perder la noción del tiempo y de mis responsabilidades.
Un atisbo de lucidez llegó a mi mente, en esa habitación del motel, y me hizo pensar que lo mejor era alejarme de Lilith. Realmente no sabía nada de ella a excepción de su nombre, si este era verdadero, y tampoco puedo decir que estaba enamorado. Aunque no puedo negar que me gustaba de sobremanera y el solo hecho de recordar su cuerpo desnudo y lo que hicimos hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Pero sacudí mi cabeza para alejar la malsana idea.
Cuando entré al baño a darme una ducha, ya había tomado la firme resolución de irme tan pronto me vistiera, así Lilith estuviera dormida. El agua caliente de la ducha comenzó a despejar el malestar de la resaca que sentía y me relajé girando alrededor del chorro de agua… Lamentablemente no duró mucho la sensación de libertad que tenía, porque Lilith entró y se hizo dueña de la situación. Creo que es en vano dar los detalles de lo que sucedió allí, mientras el agua caía incesantemente. Solo diré que volví a sucumbir ante sus encantos y la habilidad amatoria que ella tenía.
Desperté en la oscuridad, vi la silueta de Lilith a mi lado, y sin pensarlo dos veces ni hacer ruido me vestí y salí de la habitación.
Afuera del motel, el frío de la noche terminó por despertarme, así que caminé al parqueadero, tomé mi auto y me marché rumbo a casa. La sensación de libertad había vuelto a mí otra vez.
“Mamá!... -exclamé al verla que despertaba, sentada en el sillón de la sala de la casa-… perdona por mi descuido de estos días!” le dije con sinceridad y ternura, abrazándola fuertemente.
“No te preocupes, Raulito. Lo importante es que estés en casa!” Me dijo al oído cuando la abrazaba, sin regañarme en absoluto.
Sí, tengo 22 años y aun soy lo que muchos dicen: “hijo de mamá”, cuando la mayoría de mis amigos de la facultad de medicina viven fuera de casa, solos, con amigos de la facultad o enamoradas. Pero creo que sería injusto que yo la dejara ahora, después de que ella eligió mantenerse sola, sin compromiso, luego de la muerte de mi padre en un accidente, para cuidar de mí con tanto esmero. Más aún si, a pesar de su juventud, 40 años, sufría del corazón de una manera irremediable y ya estaba en una lista de espera para un trasplante… que no llegaba. Yo era testigo de verla como su salud se iba deteriorando más y más, así como pasaba el tiempo, y temía que muriera antes de llegar a la meta del quirófano.
Esa noche me fui a la cama arrepentido de mi mal obrar y de haber puesto en riesgo la salud de mi madre, además del cargo de conciencia en el supuesto pero probable caso de que hubiera habido una emergencia y no haber estado allí para auxiliarla.
Sin embargo, mi subconsciente me despertó a las 3 de madrugada, sudando y anhelando tener a Lilith a mi lado. Por mis ojos o mi mente desfilaban escenas obscenas, pornográficas, del recuerdo de los breves días y noches compartidos con ella. Yo trataba de que esas ideas se fueran de mi mente. Me volteaba y re-volteaba en mi cama, tratando de distraerme y quedarme dormido, pero fue en vano, las imágenes no se iban. Miré el reloj de pared. “Las cuatro, mejor me levanto!” me dije a mí mismo y fui a darme una ducha.
En el camino a la universidad y durante las clases, el rostro y exuberante cuerpo de Lilith aparecían como destellos brevísimos, que no pude evitarlos.
A la salida, cuando iba acompañado de un grupo de amigos con dirección al parqueadero, pude ver desde lejos a Lilith recostada en mi auto, así que me despedí de mis amigos y fui hacia ella.
Esta vez ella vestía recatadamente, con una especie de túnica negra de mangas largas, sujetada en la cintura por un cinturón de apariencia metálica y debajo unos pantalones cortos de lycra que le cubrían los muslos, además de las medias negras y botas del mismo color. Pero lo más impresionante era la belleza y serenidad de su rostro. Ninguna malsana idea vino a mi mente esta vez, sino pronunciar para mis adentros, mientras me acercaba: “Dios mío, parece una virgencita!”
Y no pude resistirme. Al contrario, mi ego se regocijó con su compañía.
Al poco tiempo de iniciada esta relación ya no supe distinguir entre el deseo sexual que sentía por Lilith o el amor. Todo lo que sabía era que no podía vivir sin verla. De esa manera descuide mis estudios y, peor aún, mis ausencias de casa empeoraron la salud de mi madre… pero ya nada me importaba.
Perdí a la mayoría de mis amigos, porque Lilith se comportaba de manera muy arrogante con ellos, y cada vez fui alejándome de todo lo que representaba mi yo. Ahora solo asistía a los lugares preferidos de ella y con la gente de su entorno, quienes me miraban con desdén, como si fuera poco hombre para Lilith.  “Alice, te tienen envidia!” me decía cuando le reclamaba lo esnobistas que eran ellos… Y ella persistía en llamarme “Alice” a pesar de haberle remarcado mi nombre: “Raúl!!!”
Y así pasaron los meses y yo cada vez más sumiso a la voluntad de Lilith, aunque confieso que me sentía más feliz que nunca. Hasta que llegó el mes de aniversario de nuestro amor: Octubre.
“Alice, vamos a tener una reunión muy importante para los preparativos de Halloween… -me dijo Lilith entre sudores después de nuestro consabido e insaciable rito sexual-… y quiero que me acompañes porque el Maestro quiere conocerte!”
“Pero… creo que ya me lo presentaste una vez!”
“No. Este es el Maestro Mayor, el Maestro de maestros, y viene de Europa para los preparativos y la ceremonia principal! Él me tiene una especial consideración y, repito, quiere conocerte. No me defraudes!!!”
Y así, lo que ella dijo se hizo. Esa noche, unas semanas antes del 31 de Octubre asistí acompañando a Lilith a una casona a las afueras de Los Ángeles.
Estábamos en una espaciosa pero lúgubre sala que más parecía el de una Iglesia. Había mucha gente, sentados en unas bancas de madera, vestidos con una túnica negra que les cubría de pies a la cabeza, de esa manera no sabíamos quién era quién. Nosotros no éramos la excepción en nuestro vestir, aunque el color de nuestras túnicas nos diferenciaba del resto ya que eran de color rojo.
El sonido de un órgano llenaba la sala con una melodía que había oído en las películas de terror: “Dark Moon” de Paul Mottram. Así que yo pensé que todo esto era el montaje para una farsa y me preparé a disfrutarlo.
No puedo negar que la entrada del Gran Maestro fue espectacular. Primero, en total silencio la sala se llenó de una densa nube que apestaba a azufre. Luego se oyó la música estridente de un rock interpretada al revés que daba escalofríos. Entonces, de la penumbra apareció un inmenso… ¿Hombre? No. Este tenía facciones de hombre pero era del color rojo y tenía cuernos y cola. Y no se detuvo hasta llegar al pódium que le habían preparado.
De pronto me miró, y un escalofrío recorrió mi cuerpo y no deje de temblar.
Lilith tuvo que sostenerme de un brazo para no caer al suelo. “Animo, Alice, no me defraudes!”  
“Dios mío, es el mismísimo Diablo!!!” exclamé sin palabras. Y el Maestro de maestros gruño, como leyendo mis pensamientos, escandalizado de haber dicho “Dios” para mis adentros, y no dejé de temblar. Pero lo peor estaba por venir.
Lucifer habló con voz tétrica, aliento putrefacto y sin rodeos: “Lilith, tienes que traerme el corazón de la madre de tu pareja, sino no podrás renovar el contrato de la vida eterna!!!” Y dando media vuelta se marchó, en medio de gritos y llantos que los concurrentes lanzaban como alabanza al gran Maestro.
Yo ya no era consciente de lo que sucedía a mí alrededor. El pedido del demonio o la farsa de este me había aturdido totalmente.
Así, solo pude reaccionar cuando Lilith detuvo el auto, en un recodo del camino de regreso a Los Ángeles. Ella me miró en silencio, en la penumbra y soledad del camino.
“Alice, no me defraudes, seremos eternos y podrás poseerme cuando quieras y para siempre!”
“Lilith, mi madre es lo que más quiero, no puedes pedirme eso!”
“Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”
Lilith me beso tan pronto dejó de hablar para no darme la oportunidad de replicar su pedido, mientras que con sus manos manoseaba mi miembro viril para lograr mi excitación. Así, una vez que lo logró, cambió sus manos por sus labios y ardiente lengua, sin dar tregua a que el raciocinio llegara a mí, y al oírme gemir se posó sobre él para fornicar con violencia en el limitado espacio de auto. Debo confesar que el lado de mi instinto animal de mi ser se había apodera de mi conducta y en el momento culminante del éxtasis sexual sentí que mi alma ardía y vi fugazmente al demonio lanzando una carcajada por su triunfo.
Lilith me dejó en el parqueadero donde había dejado mi auto y se marchó en silencio.
Yo, como un verdadero zombi, es decir como un muerto sin alma ni pensamiento, tomé mi auto y conduje a casa sin ser consciente de cómo lo hacía. Solo me percaté del lugar en donde estaba cuando me detuve frente de mi casa. Allí me vino el alma al cuerpo y lloré, lloré por un largo rato. Avergonzado de lo bajo que había llegado. Hasta que oí que alguien tocaba débilmente las empañadas lunas de mi auto. Al abrir la puerta de mi auto vi a mi madre frente a mí… y no pude contener mis sentimientos.
Salí de auto tambaleándome y llorando abracé a mi viejita linda, llenándola de besos como nunca lo había hecho, diciéndole que la amaba más a que a mi vida y prometiendo, para mis adentros, que jamás volvería a ver a la demoníaca de Lilith. Mientras mi madre me consolaba diciéndome: “No debes tomar demasiado hijito!” creyendo que el desborde de mis emociones eran producto del alcohol. 
Al día siguiente mi madre quiso servirme el desayuno pero no pudo, así que fui yo quien la atendió y luego me marché a la escuela preocupado de lo débil de ella estaba.
En el camino y durante las clase no pensé en Lilith, ni su imagen vino a mí como en otras veces, y me sentí libre de su malévola influencia. Cuando salí y me dirigí al parqueadero tampoco estaba ella. Así que me fui a casa, feliz de haberme librado de Lilith.
De regreso encontré a una ambulancia de los paramédicos parqueado en la acera, frente la puerta de mi casa. Adentro, en la sala, estaba mi madre reclinada en el sofá, siendo atendida por dos de ellos.
“Ya hemos estabilizado sus signos vitales, pero tiene que llevarla al doctor en la brevedad!” Me dijo uno de los paramédicos. Y así lo hice, esa misma noche llevé a mi madre al hospital para que el doctor la vea.
“El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las máquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” me dijo su doctor con cruda sinceridad. Y agregó: “Tiene que quedarse. En el muy probable caso de un  próximo paro cardiaco, los paramédicos no llegarían a tiempo para auxiliarla!”
Pero yo repliqué firmemente: “Doctor, quiero a mi madre en casa, Ud. sabe que ya casi soy un médico y sé cómo cuidarla!”
Llevé a mamá de regreso a casa y allí la acosté lo más cómodamente posible. “Yo te cuidaré mamita linda, duerme tranquila!” le dije y le di un beso en la mejilla. Luego me fui a dormir.
Pero en la medianoche, en pleno sueño o despierto, no sé, escuché la voz del doctor del hospital que me decía repetidas veces: “El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las máquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” Y de pronto, de la nada, apareció el virginal rostro de Lilith ante mis ojos, diciéndome: “Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”. Lilith estaba arrodillada sobre mi cama, acariciándome mientras hablaba, y sin darme más oportunidad hizo lo mismo de la última vez, en el auto. Pero en esta oportunidad yo estaba decidido a no permitirlo, así que traté de alejarla empujando su rostro fuera de mi sexo, pero no pude desprenderla. Entonces la agarré de los cabellos y sin ningún miramiento la sacudí enérgicamente para que me soltara… y tampoco lo logré. Y en la desesperación grité, porque en mi alma sentía que la razón y mis valores sucumbían ante la sensación del instinto animal del placer… y no pensé más… solo gocé de la exquisita lujuria que me brindaba los ardientes labios de Lilith… toda la noche, suavemente y de manera interminable… pero sin llegar al éxtasis.
De pronto desperté y mi único pensamiento era ver a Lilith y de fornicar una eternidad. Salí de casa, desesperado, sin despedirme de mi madre, para buscar a Lilith.
Su teléfono no contestaba a mis llamadas y yo desesperaba cada vez más y más, porque ya había dejado decenas de mensajes pero ella no respondía. Así, rogué no sé a quién, poder encontrarla en su tienda, en la antesala de su casa, de suvenires satánicos que vendía de manera legal al público, en Santa Mónica.
Cuando llegué la encontré detrás de un escritorio, sentada en su sillón reclinable. Me acerqué y sin más me arrodillé ante ella y me hundí en su regazo, y entre sollozos le pedí perdón. Le dije que estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero que no me dejara. Ella acarició mi cabello y lentamente se limitó a subirse la falda y separar sus rodillas para que yo alcanzara sus ya húmedos y ardientes labios. No sé cuánto tiempo estuvimos embriagados en el sexo, porque lo que empezó en el sillón reclinable de su escritorio, continuó en la bañera, en el piso del corredor, en la cocina, para finalmente despertarme en su cama. Creo que esta vez mi conciencia moral había muerto definitivamente, porque no sentía ningún remordimiento, al contrario, estaba tranquilo, y se puede decir que hasta feliz, porque mi ansiedad había acabado. Ahora no solo sabía lo que tenía que hacer, sino que estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Luego salimos a un Coffee Shop cercano.
Lilith, mientras tomábamos un café en la calle, me dijo: “Alice, te he preparado una lista de lo que tienes que tener preparado… -y lo leyó antes de entregármelo-… Una caja conservadora de tamaño apropiado y mucho hielo. Una solución anticongelante y una solución salina… todo eso lo consigues en una farmacia. Lo del alcohol yodado, guantes, bisturí y otras cosas ya lo sabes, tú eres ya un doctor…” y yo guardé la lista en el bolsillo de mi chaqueta. Luego del café volvimos a la cama y esta vez fue ella la que se paseó por todo mi cuerpo. Ya en la tarde me despedí de Lilith con un acuerdo de reunirnos más tarde para la ceremonia de esa noche.
De regreso a casa compré todo lo necesario en el camino porque sabía que no habría más tiempo. Y así fue, ya que encontré a mi madre totalmente inerte sobre el sofá. No me distraje en nada y fui directamente a donde ella. Chequee su pulso y comprobé que los latidos de su corazón eran muy débiles y desacompasados, como el sonido del motor de una carcocha próxima a apagarse definitivamente. Juro que mis sentimientos habían desaparecido y ahora actuaba con la frialdad profesional de un médico. Acto seguido, a sabiendas que ya no había marcha atrás, descubrí el pecho de mi madre, limpié la zona de su corazón y alrededores con alcohol yodado y le inyecté una solución apropiada directo al corazón… ya no había vuelta atrás.
Antes de salir de casa e ir al encuentro de Lilith, revisé que todo esté en orden, y lo estaba, ahora ya no había más tiempo que perder. Entonces, tomé el teléfono, marqué 911 y llamé a los paramédicos, ellos comprenderían. Y salí raudo al encuentro del destino, cualquiera que fuera este.
“Alice, lo trajiste?” me dijo Lilith ansiosa.
Y yo, sonriendo, levante la caja conservadora.
“Wow, Alice, te adoro, nunca te vi tan seguro de ti mismo, me gustas!”
Y sin más dilación nos fuimos con rumbo al lugar en donde se llevaría a cabo la diabólica Ceremonia.
Por el camino, solo tuve un instante de debilidad cuando el cuento “El Ruiseñor y la Rosa” de Oscar Wilde y “Balada Catalana” de Vicente Balaget llegaron a mi mente, y una lágrima rodó por mi mejilla. Pero me repuse inmediatamente.
Ya era de noche y parecía que la carretera era solo para nosotros. Dentro del auto reinaba el silencio. Entonces en un recodo del camino me detuve y encendí la luz interior. Lilith estaba extrañada por haber detenido el auto y me miró directamente a los ojos. Yo no sé lo que vio en los míos, pero lanzó un descomunal grito.
De vuelta a la carretera conduje desenfrenadamente, casi como un loco, pero sabiendo perfectamente lo que hacía.
Freneé haciendo rechinar las llantas de mi auto, frente a la puerta de emergencia del hospital, y corriendo por el pasillo de este llegué al quirófano en donde estaba mi madre y grité:
“Doctor, ya puede operar a mi madre, aquí traigo un corazón!”

sábado, 22 de septiembre de 2018

MAMÁ, EN EL COLEGIO ME ESTAN DICIENDO BITCH!!!


MAMÁ, EN EL COLEGIO ME DICEN BITCH!!!
De Michaelangelo Barnez
“Mamá, en el colegio me están diciendo bitch, por culpa de mi hermano!” Gritó Julieth, la adolescente de 14 años, al entrar a la cocina de su casa apenas llegó del colegio.
“Mammm!!!” Gritó su hermano Brady, de 15 años, detrás de ella.
Ambos adolescentes estudiaban, no en uno de los más, sino, del más caro de los colegios de Lima.
Su padre, próspero ingeniero, era el más rico empresario de la minería en el Perú y poderoso en influencias políticas, debido a que contribuía con las campañas en las elecciones generales para Presidentes y Congresistas con cuantiosas aunque subrepticias donaciones de millones de dólares.
Su madre, abogada, era dueña de una muy poderosa Firma Consultora Integral desde donde ejercía los lobbies para lograr los contratos con el Estado para sus clientes. Con un excelente equipo de abogados jóvenes inescrupulosos, además de otros viejos zorros, ella se dedicaba a las relaciones públicas entre las empresas nacionales y extranjeras licitantes y el Estado, en cócteles y ágapes; de lo contrario la pasaba en casa, en la peluquería o de shopping con sus amigas, en Lima o Miami .
Ambos personajes eran muy exigentes con sus contadores, para ser reales cumplidores con sus obligaciones tributarias a la SUNAT. Sin embargo la verdadera riqueza de la sociedad familiar estaba en los Bancos de los paraísos fiscales, con empresas y transacciones de cuentas offshore.
“Mammm!!!” Volvió a gritar Brady detrás de su hermana para bloquear lo que ella decía. Pero ya era muy tarde, su madre ya había oído la palabra “bitch”, y con el cucharón de palo en la mano amenazó a su hijo “Cállate, déjame oír a tu hermana…!” y le entregó el cucharón de palo a quien de veras cocinaba en su casa.
“Mamá, Brady me gritó bitch en el recreo!!!...-le contó la adolescente de rostro virginal-… y ahora todos me gritan bitch en el colegio!”
A la mamá le crecieron los ojos y sus fosas nasales se dilataron y temblaron, montando en ira “Oye, cuantas veces te he dicho que no hables grosería y menos con tu hermana!”.
“Pero mamá, tú no sabes lo que hecho ésta bi…-Pero Brady, tan pronto vió que su madre alzó la mano amenazadoramente, se abstuvo de terminar la palabra, y continuó-… mamá, la Julieth se pasa todo el recreo enviando textos y hashtags a gente que ni conoce!”
“Mamá, todo el mundo lo hace en el salón!” Replicó Julieth.
“Mamá, tú sabes que la Julieth tiene su enamorado y él es mi mejor amigo, pero ella está coqueteando con un negro!”
“Mamá…!” exclamó Julieth con intenciones de llorar para evitar que su mamá se entere.
Sin embargo Brady estaba decidido a contar todo. “Mamá, la Julieth chatea con el negro Farfán…!”
Pero Julieth le interrumpió, “Mamá, eso no tiene nada de malo, él es un gran jugador!”
“Pero la Julieth le manda besos, mamá, al negro, sin pensar en las babas de ese bembón!!!” gritó Braddy muy molesto.
“Maaa, todas mis amigas del salón lo hacemos, es solo un juego!”
“Pero tú tienes tu enamorado, cojuda!” replicó Brady
“Ya ves, mamá, como me trata Brady!”
“Claro, bitch!!!” esta vez Brady no pudo aguantarse.
“Hijo!!!” Terció la madre, indignada del vocabulario de Brady.
“Sí, mamá. Cuando el negro le dijo que quería besar sus labios, la Julieth le respondió…!” pero Brady no pudo continuar porque recibió una tremenda cachetada en la boca, lanzada por Julieth.
Esta vez la mamá tomó en serio la pelea de sus hijos y agarrándolos con fuerza de sus brazos los llevó a ambos casi a rastras al living de la casa, avergonzada de que la cocinera escuche y se entere de más detalles del escándalo.
Una vez allí los conminó a sentarse y no moverse, porque estaba decidida a saber lo que pasaba.
Entonces Julieth se puso a llorar, pero su mamá no se dejó manipular por el llanto de la chiquilla y la ignoró.
“A ver, Brady, que más pasó?” preguntó su mamá muy seria.
“Pucha, ma, no vas a creer y te vas a molestar conmigo, ma!” Brady también estaba asustado por la severa actitud de su madre.
“Carajo, me vas a contar todo, de una vez, sino vas a tener un problema bien grande con tu padre!”
“Ok. ma, la Julieth dijo…!”
Pero Julieth volvió a interrumpir con sus lamentos “Ay, qué desgraciada soy, me quiero morir, me quiero morir…!!!”
Pero la mamá no le hizo caso y le plantó la mirada a Brady en espera de la respuesta.
“Entonces, qué dijo…!” y Brady vio que la cara de su mamá, roja de ira, creció hasta bloquearle toda su visión.
“Ma, la Julieth le respondió al negro: ‘A mí no me vengas con que quieres besarme… A mí, vienes y me lo das… Y si lo hace, te la chupo!’ ” y tan pronto lo dijo Brady, se cubrió con los brazos instintivamente.
“QUEEE!!!” gritó la madre, totalmente indignada y a la vez consternada por lo que acababa de oír, entonces miró a su hija, a su virginal hijita, imaginando morbosamente la peor escena que le podía pasar como madre por su mente; justo cuando Julieth reaccionando dijo: “Ma, pero no es lo que tú crees, lo que dije es solo un meme!!!”
Pero Brady echó más gasolina al fuego “Te das cuenta, ma, al negro, al negro!!!”
“Ma, yo me refería a su jeta, ma, a la jeta del negro, y solo era un juego, que jamás sucedería, ma!” suplicó en llantos Julieth.
La mamá abatida por el stress cayó sentada en el sofá, cerró los ojos por unos minutos, en que reinó un absoluto silencio; estaba indignada del juego que hacía su hija, y ella sin saberlo, pero luego se auto consoló pensando, “Felizmente solo ha sido un juego!”.
“Vayan a cambiarse el uniforme y báñense, luego bajen a almorzar… y no quiero que se hable más del asunto, ¿entendido?!” reaccionó la mamá y los hijos asumieron que ya todos regresaba a la normalidad, como si nada hubiera pasado “Esa es mamá!!!” pensaron ambos al unísono, con guiño de ojo y  el imaginario dedo pulgar arriba.
Y los adolescentes asintieron con la cabeza y se fueron a sus habitaciones, no obstante en el camino Julieth le enseñó la lengua a su hermano en señal de burla. A lo que Brady respondió enseñándole el dedo medio.
En la noche, mamá le contaría al papá lo sucedido, porque siendo sus hijos ya adolescentes podían cometer un terrible desliz y era mejor prevenir que lamentar; sí, ellos eran muy serios con respecto al cruce de razas o de clase social, no lo toleraban en absoluto, aunque nunca lo decían en público.
Pero antes hubo algo que a la mamá le molestó mucho, algo que sucedió después de almuerzo, cuando al pasar por la habitación de la abuela, “sin querer queriendo”, escuchó la conversación que Julieth sostenía con su abuela.
“Sí, preciosa, escuché todo desde aquí arriba…-Dijo la sesentona, pero hermosa y bien conservada abuela-… no te hagas problema, ya eres toda una mujer, libre y bella y vas a tener muchos hombres en tu vida, así que, que digas o hagas lo que quieras con quien quieras es parte de ti y solo te concierne a ti y nadie más!”
“Pero ahora ya perdí a mi enamorado, abuela!”
La abuela volteó los ojos y dijo “Cuántas veces tengo que decirte que no me llames abuela. Bueno, pero en fin, que pierdas un enamorado no es cosa del otro mundo. Te repito, vas a tener todos los hombres que quieras en tu vida!”
 Pero Julieth replicó “¿Y el amor, y la lealtad, y la pareja de enamorados de por vida?”
“Vamos, Julieth, no seas niña. Deja eso para las poesías!..-Y la abuela soltó una carcajada-… “Ja, ja, ja!!!...-luego, entornando sus diablillos ojos, añadió-… yo he tenido tres esposos y muchos maridos en mi vida y a ninguno le he permitido que me controlé. Siempre hice que yo creía que estaba bien y punto, el resto no cuenta!”
“Pero mamá dice que…!”
“Julieth, yo conozco a tu madre, no olvides que ella es mi hija y te contaré que…” pero la abuela se calló por unos segundos y prefirió darle otro giro a lo que iba a decir, y añadió-… Mira, a mi edad, de casi 55 años…-Mintió como toda mujer vanidosa-… estoy más joven y bella que nunca y no sabes cuantos pretendientes tengo en Facebook; fíjate, mi niña, hace unos meses inicié una relación con alguien de quien me sentía enamorada por años, pero él era casado, y ahora, justo anoche lo mandé a rodar por algo muy parecido a lo tuyo, mi hija, lo boté como si escupiera un chicle, me entiendes? Mira, si ya te dio el sabor que tenía, para qué estar mascando lo mismo y sin sabor!”  
Y la mamá, afuera, escuchando la conversación estuvo a punto de entrar, pero como la abuela calló y le dio otro giro a la conversación, prefirió irse a su dormitorio; de todos modos indignada por los atrevidos consejos que le daba la abuela a la nieta.
En la noche, ya en la cama y con las luces apagadas, ambos, mamá y papá hablaron.
“Me preocupan tus hijos, Manuel Alberto…-Dijo Paola María iniciando la conversación, y añadió-… ya son adolescentes y un incidente que ocurrió hoy en el colegio de los niños me pone en sobresalto!”
“Qué pasó!” se oyó la gruesa voz de Manuel Alberto.
“No quiero darte detalles vanos, Manuel Alberto, pero si ambos ya son adolescentes significa que el amor llegará a ellos… y el sexo también!”
“Y cuál es el problema, son jóvenes y eso llega tarde o temprano, no?!”
Y hubo unos segundos de silencio.
“O acaso me quiere decir que Brady es maricón... o Julieth machona?!”
“No, no, no es eso, al contrario. A Brady lo veo muy atento con la hija de la cocinera!”
“Con la hija de esa serrana grasienta!...-Exclamó Manuel Alberto indignado, incorporándose de la cama, y se quedó callado por uno segundos, luego añadió-… la cholita no está mal… y además prefiero que sea con la hija de la cocinera que con una puta, con alguien tiene que debutar mi hijo, no?”
“Y si la embaraza?”
“Yo voy hacer mi tarea de padre y le diré que siempre use su condón… con la cholita y con todas aquellas a quien se las tire!” Dijo Manuel Alberto con cierta arrogancia machista, volviéndose a recostar en la cama. “Pero tú…- añadió-… te encargas que la chola escuálida tome la píldora todos los días, así quedamos?!”
“Sí…- respondió Paola María, y añadió-… y con Julieth qué hacemos?”
“Puta madre, esa si es un problema!” Pensó Manuel Alberto. Luego dijo como escupiendo, mientra volteó a mirar a su mujer con el ceño fruncido, “Ese es tu problema, mujer. ¿Qué hizo tu madre para que no te metieras con ningún cholo de mierda o muerto de hambre de por allí? ¿Algo te habrá enseñado, no?!"
“Ok. Hablaré más seguido con Julieth acerca del asunto!” Sí, para Paola María era solo un asunto a tratar.
“Ahora vamos a dormir, mañana tengo que viajar a la sierra para convencer a esos piojosos que la mina les traerá muchos beneficios. Hasta mañana mi amor!” y Manuel Alberto se dio la vuelta en la cama, dándole la espalda a su esposa.
“Duerme tranquilo, mi amor, que yo me encargo de los niños, buenas noches y dulce sueños!”
Solo bastaron unos minutos para que se empezara a oír los ronquidos del empresario minero.
Y unos minutos más, una tenue luz iluminó la mesa de noche del lado de Paola María y se oyó muy bajito el sonido de la vibración que hacía su celular. Ella tomó su cel, lo miró y reconoció la llamada, entonces se levantó, miró a su marido que roncaba y al verlo muy quieto, asumió que dormía profundamente, entonces se dirigió al baño.
“¡Pedro, cuántas veces te he dicho que no llames cuando mi marido puede estar en casa?” dijo ásperamente pero muy bajito.
“Te estuve esperando, pues, toda la tarde y no llegaste, pues!” respondieron al otro lado de la línea.
“Es que tuve un problema y no pude ir, perdóname mi amor!” respondió Paola María melosamente.
“Si quieres, lo dejamos allí, pues. Para mí no es problema, pues!”
“No, no, no, fue mi culpa, no te molestes, mi amor. Mañana nos veremos!”
“Mañana no hay chamba en la construcción, pues, y voy tener todo el día libre, pues!”
“Y mi esposo se va de viaje, entonces tendremos todo el día para nosotros, mi amor!”
“Y te haré pagar por hacerme perder mi tiempo, pues, mi perra gringa!”
“Sí, mañana hazme lo que tú quieras, mi amor, me gustas cuando estás molesto!”
Y se oyó el clic de la llamada terminada al otro lado de la línea.
Paola María, regresó a su cama, su esposo dormía, entonces se recostó a su lado y lo abrazó por la espalda, imaginando a Pedro, el robusto obrero de construcción que mañana le removería todos los huesos hasta hacerle llegar al orgasmo.  
Temprano en el aeropuerto de Lima, Manuel Alberto recibió una llamada en su celular, al momento que caminaba rumbo a la Sala de Espera para el abordaje. “Aló, Pedro!” contestó amigablemente al reconocer la llamada.
“Aló, engeniero, ayer no se pudo sacar la fotos, pues, no fue la gringa, pues!”
“Ah sí, claro, tuvo problemas ¿Entonces?”
“Hoy sí, pues, hoy sí engeniero, ya arreglé todo y cuando vengas de tu viaje te las entrego, pues!”
“No, entrégalas al abogado, él te pagará, Ok?” y el próspero ingeniero fue a abordar su avión.